No quiero vivir la vida de otro sino la mía

No quiero vivir la vida de otro sino la mía propia. Pero instituciones, propagandas y sistemas de calidad se empeñan en que vivas como aquél que quieren que seas. A veces vivimos vidas que son determinadas o esperadas por otros, no son nuestras. Enmarcan nuestro lienzo en sus expectativas y no decidimos qué pintamos en la vida. ¿Seguimos como galgos liebres de plástico en una vida que no es camino sino circuito? Nuestro amigo Alejandro Sanz dice que si perdemos lo esencial nos convertimos en un zombie a la intemperie.

No pocas veces valoramos nuestra vida por cómo les gusta a quienes tienen poder o a quienes querernos parecernos y no a quienes nos necesitan. A mi amigo Jordi, que ha dejado su trabajo de alto directivo en una multinacional por dedicarse a un proyecto de Arte y Solidaridad (https://www.solidarts.org) le preguntó un antiguo conocido de la empresa, -¿Pero te va bien la vida?-. Jordi le contestó con sinceridad, -Sí-. Pero al ver la cara de extrañeza del otro, le preguntó, –¿Quieres decir si gano dinero?-. El viejo conocido asintió (quizás con algo de vergüenza). –No, no gano mucho-. Quizás el viejo conocido aprendió en ese momento que es distinto ganar mucho dinero a que te vaya bien la vida. Y quizás yéndose para casa se hizo la siguiente pregunta: –Gano mucho dinero, pero… ¿me va bien la vida?-.

Los desafíos de esta crisis y del mundo que viene van a requerir una comunidad de gente libérrima. Quiero quitarme la etiqueta que cuelga de mi nuca y no quiero saber qué precio ponía. No quiero vivir la vida de otro sino la mía propia; que no se abre a mis pies diurna y sin bruma: es aventura. Que sea la mía no quiere decir que sepa por dónde tiene que ir siempre. Precisamente porque es la mía está llena de decisiones y libertades, de alternativas y caminos abiertos hacia allí donde parecía que era imposible ir. Que esa vida sea mía no significa que la posea sino que sé que es un regalo. Todo bien es diferente si no es dado como regalo. Cualquier cosa que hagas es mejor si la regalas. Quizás alguien duda sobre quién nos regala la vida de cada uno pero lo que tengo claro es que no puedo quedármela sino que vivir es dar vida, pasión, elecciones y tiempo a distintas personas. No es lo mismo vivir que regalar vida. Vivir siempre es regalar a alguien y por eso creo que también la propia vida será un regalo de alguien.

Con frecuencia hacemos lo que no queremos y lo que no recordamos haber elegido. Las presiones son muchísimas. Hay gente estrujándose para escribir regulaciones que determinen lo que debes hacer, qué de lo que haces tiene calidad y qué no, qué puntúa y qué no, qué se reconoce como tarea objetivada y qué no… La creatividad y libertad están amenazadas. Nada más peligroso para la Cultura del Poder que un hombre que decida no ser más que él mismo, vivir su vida, regalar su vida, entregarla.

Nos creemos expertos en “Yo”, tenemos seguro que conocemos muy bien nuestros sentimientos, presumimos que conocemos bien a la gente, confiamos en que somos libres. Pero conocemos mucho menos de lo que nos creemos. Ignacio de Loyola nos advirtió de que el corazón a veces nos engaña, que algunos sentimientos se ocultan, que el yo nos deslumbra y que necesitamos sentarnos y examinarlo todo con suspicacia y compasión a la vez. Es posible que en parte esté viviendo la vida de otro que no sé quién es. Voy a su trabajo, voy a sus lugares, compro en sus supermercados, conduzco su coche… No sé quién es él pero no soy yo.

Los caminos que te planifica el Poder son claros y se pueden seguir con la vista hasta el horizonte. Los caminos de la libertad son aventura y tienes que caminar con la brújula del corazón en la mano. Quiero vivir con el corazón en la mano igual que un zahorí sostiene una horquilla de madera: percibir sus movimientos, cómo se e-mociona al sentir el agua viva subterránea al camino, antes incluso de que su manantial abra la tierra.

El verano es la estación de zahoríes. La sequía los saca a la calle para examinar los acuíferos más profundos. El verano tiene mucho de aventura. Tomar carretera y dejar que la libertad sea la que conduzca. Para luchar por la Justicia necesitamos un acto primordial: personas libres que vengan con su propia vida, que es la única que pueden regalar. Cuando uno vive una vida que no quiere –la vida de otro que no es él- no puede dar nada porque poco tiene suyo. Con el corazón en la mano, ¿te va bien la vida? ¿Es la tuya?

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