Te levantas, coges tu móvil y no te funciona el Whatsapp. Inmediatamente piensas “se ha caído. Voy a entrar en Twitter que seguro que se comenta qué pasa”. Y tampoco puedes. “¿San Google?”. Nada. Bienvenida a un apagón de internet, en los tiempos de la generación conectada. 

Normalmente promovidos por gobiernos que temen el potencial del activismo digital, los apagones o bloqueos digitales están empezando a ser una tónica habitual en decenas de países. Por esta razón el pasado junio Access Now, con el apoyo de casi 70 organizaciones, lanzó la campaña global #KeepItOn para lograr el fin de estas desconexiones que vulneran derechos y dañan la economía de los países que las promueven.

Imagen de campaña #KeepItOn

Imagen de campaña #KeepItOn

La campaña ha registrado hasta la fecha 51 apagones en 18 países durante 2016, 36 casos más que en 2015. El tipo de bloqueo, la duración y los argumentos esgrimidos para justificar el apagón son de diversa índole. Desde un toque de queda digital impuesto en Gabón tras las protestas violentas por los resultados electorales que daban la victoria a Ali Bongo, a los bloqueos periódicos que se sufren en Irak para obstaculizar la movilización ciudadana o para evitar trampas en época de exámenes.

El poder que tiene una ciudadanía activa en Social Media para cambiar realidades y gobiernos da pánico a esos líderes totalitarios que hacen todo lo posible para aferrarse a su sillón; y eso implica en algunos casos ir más allá de los apagones digitales.

Sudán, en lugar de la censura, ha optado por modificar su legislación para legitimar las acusaciones y detenciones de periodistas y activistas digitales. Además ha creado una unidad digital dentro del Servicio Nacional de Inteligencia y Seguridad que hackea webs, monitoriza todo lo que se habla en social media para identificar nuevas personas a las que detener, y filtra desinformaciones para confundir a la población. Una auténtica joya.

La persecución que ha sufrido la emprendedora digital Roya Mahboob en Afganistán, amenazas de muerte incluidas, la ha llevado a exiliarse en Nueva York. ¿La razón? Dedicarse a la alfabetización digital y financiera de niñas afganas. Luchar para que las mujeres afganas del futuro usen los medios digitales para informarse, organizarse y luchar por sus derechos. Que sean conscientes de que su realidad no tiene que ser la impuesta por sus hermanos, padres, marido o cualquier hombre menos ellas. Que ellas tienen libertad y una voz que se tiene que oír.

En la era digital que vivimos, el acceso a internet debe convertirse en un derecho garantizado en todo el mundo. Es urgente que los gobiernos se comprometan a proteger ese acceso dentro, pero también fuera de sus fronteras. Como mundo no nos podemos permitir persecuciones y detenciones arbitrarias de activistas digitales o apagar internet para esconder violaciones de derechos humanos. Porque además, la generación conectada nunca se apagará. Hemos venido para quedarnos.