“No os acomodéis al mundo presente”: cristianos y discernimiento político

Barcelona Barcelones 23 04 2016 Sociedad Diada de Sant Jordi Ambiente en La Rambla FOTO DANNY CAMINAL

Ante la crisis de la convivencia legal y democrática en Cataluña y con el conjunto de España, diversos cristianos han ido manifestándose públicamente ante la situación. Algunos de ellos han empleado su rol eclesiástico para tratar de guiar la conciencia político-moral de las comunidades cristianas en Cataluña y para intervenir con su palabra en la vida pública. Hay ciertamente “diversidad de espíritus”. Lo que no nos aparece con la misma evidencia es que haya habido suficiente discernimiento.

Los cristianos en la Ciudad terrena

Desde la tradición de la Iglesia, los cristianos y sus comunidades, forman parte como otros ciudadanos de las respectivas comunidades políticas. Se sirven de ellas para el necesario desarrollo de sus vidas, y están sujetos como el resto a los derechos y obligaciones de la vida civil. Pero a su vez, sin estar eximidos del Derecho y de su status político, están llamados a transformar y transcender este mundo en búsqueda de una mayor justicia y de un mayor bien. Por ello, siendo como cualquiera, no les vale adaptarse sin más a las dinámicas y los sesgos habituales que se reproducen en el campo social y político. Aspiran a ser “luz” en medio de las injusticias, en medio de tantas oscuridades. Recordaba el apóstol Pablo, que la justicia va de la mano de la verdad, y la injusticia de la mentira. Es más, se confrontaba con quienes en virtud de los abusos o de sus “injusticias retienen prisionera la verdad” (Rm, 1, 18).

“Postverdad” y política

Vivimos tiempos de “postverdad”. No importa lo que se es, lo que realmente se hace, o aquello a lo que se tiene derecho o las obligaciones a las que se está sujeto para “jugar” en el campo político. Todo se puede distorsionar y manipular para llegar conseguir el propio objetivo. Lo relevante es autorreferencial y visto únicamente desde sí mismo. Por ello, todo vale para afirmar o conquistar la propia voluntad, y para esto, se puede jugar con las pasiones o jugar con las vidas. Lo que importa no es la verdad sino la opinión o la apariencia. Para ello, usar cualquier medio, lícito e ilícito, en la construcción de un relato creíble que persuada públicamente generando una nueva ficción. Porque en la vida política, social y jurídica se juega como si únicamente se fundara en ficciones. De eso se trataría, de ficciones que buscan producir efectos reales, aunque sean una mascarada en su origen y un fraude en su sostenibilidad.

Maquiavelo y nosotros

Seguimos viviendo en tiempos modernos. Dicen que Maquiavelo es quien reconoce la auténtica política propia de la era moderna. Creo que es cierto en cuanto a la cara más oscura de la modernidad política en la que continuamos. Se preguntaba Maquiavelo si el gobernante debe cumplir sus promesas y mantener sus pactos. Con ello quiere hablarnos de la esencia del campo político y del papel de la ley y del pueblo en la vida política. Esta es su respuesta:

Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas. (…) Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar. (…) Los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado. Y en las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse. Un príncipe de estos tiempos, a quien no es oportuno nombrar, jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.”

El discernimiento político como necesidad para “tender puentes”

En medio de tanto ruido, del arte de la simulación y de la disimulación, necesitamos despertar y agudizar el sentido crítico, el arte de la sospecha. Pero el ejercicio crítico no es para instalarnos en el escepticismo o en la confrontación. Necesitamos reconocer los “espíritus” que nos mueven, entender a dónde nos llevan, cómo determinan y configuran nuestras relaciones. No hay vida buena en comunidad sin justicia y sin verdad. Ello nos sitúa en la ardua tarea del discernimiento político. Tarea a la que invitaba el apóstol Pablo a los cristianos: «No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (Rm 12, 2).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here