No es fácil ser feminista

No es fácil ser feminista. Primero porque, aunque naces feminista (porque todas y todos nacemos feministas), te educas en un sistema que deja a la mujer en un segundo plano, que la invisibiliza y le ofrece menos oportunidades, que la convierte en un objeto que se puede consumir cuando al hombre le plazca. El sistema de los pequeños detalles que sumados siguen normalizando la discriminación de la mujer. De los rosas y azules que marcan la infancia a ese decantador de vino que se regala en las bodas y que nunca podrás recibir porque eres mujer. Ahora incluso hay bodas en las que los sorbetes que se ofrecen entre platos van segmentados por sexo.

Segundo, porque el feminismo lucha contra unos privilegios en poder de la mitad de la población mundial, la cual lleva disfrutándolos y dándolos por sentado mucho tiempo, y que, en una inmensa mayoría, no va a dejarlos marchar tan fácilmente.

Y en medio de toda esta lucha feminista histórica, irrumpió la revolución digital. De pronto las ciudadanas de todo el mundo teníamos un poder maravilloso para ocupar el Social Media; un nuevo espacio público que ganaba cada vez más peso, en el que se podía acceder a las cúpulas del mundo político, social, económico y cultural, y donde hoy por hoy se gesta el pensamiento colectivo. Las batallas de ahora se libran y ganan a golpe de blog, de tuit, de post en Facebook o Instagram.

Algo debemos estar haciendo muy bien las feministas en redes y blogs cuando, de pronto, surgen multitud de hombres sorprendidos e incluso ofendidos por ser acusados de machistas. Nos dicen que no entendemos qué es el machismo, que esto o lo otro no es machista. Y claro, nosotras sabemos que es al revés. Que el problema es que aquí son ellos los que no saben lo que es el machismo, y mucho menos aún el feminismo. Y ante eso hay dos posiciones posibles: intentar acercarte al feminismo para entender qué es y por qué lucha, o enrocarte en tu ignorancia para proteger tus privilegios.

Recientemente el movimiento feminista se ha activado en las redes para responder a los Risto Mejide, Pérez-Reverte o Dani Rovira. De toda esta historia hemos extraído reflexiones brillantes como la de Barbijaputa, y un Arturo nervioso que se desmorona por momentos porque ve en riesgo sus privilegios. Después de tener que explicarnos su “broma” impregnada de machismo casposo repulsivo, salió en defensa de la respuesta masiva que recibió Dani Rovira en las redes. Tras ese hermanamiento varonil, ese de palmada fuerte en la espalda, a Arturo no le gustó nada que Dani Rovira se disculpara en sus redes, retiró su apoyo porque No lo necesita”, y cerró su conversación con un maduro “Pues vale, ¿eh? A cuidarse”.

Ser feminista no es fácil y, sobre todo, es agotador. Hacer frente a ese machismo perpetuo, cargado de tópicos y atiborrado de ignorancia, se hace cansino. Es desesperante sufrir una persecución y un linchamiento amenazante de verdad, del que da miedo, que queda muy lejos del que se queja Arturo, como bien le contestó Isabel Calderón.

Con la revolución del Social Media estamos promoviendo una labor de pedagogía feminista esencial y no cubierta, ahondando en lo que es y lo que persigue el movimiento. Nos permite además detectar actitudes y comportamientos machistas y enfrentarlos desde las herramientas que ofrece el mundo digital. Y todo ello lo hacemos, y lo seguiremos haciendo, desde nuestra libertad de expresión. Cada una con su arte, cada una con su feminismo.

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