¿Qué no están contando sobre los refugiados?

En este último año acompañando a personas refugiadas hay algo que me ha impactado profundamente por su dramatismo e invisibilidad: la separación de tantísimas familias en movimiento en su búsqueda de un lugar en el mundo donde establecerse.

Muhammad, el mayor de cuatro hermanos, profesor universitario, fue el primero en abandonar el país. Permaneció en Argelia dos años, trabajó mucho para traer allí a un hermano y meses después a su hermana. No pudo sacar a más miembros de la familia porque Argelia comenzó a pedir visado. Envió entonces a su hermano por mar a Italia través de Libia y a sus padres y su otro hermano pequeño a Grecia a través de Turquía. Su hermana permaneció con él hasta que su marido pudo solicitar la reagrupación familiar y reclamarla desde Suecia. Solo cuando toda su familia estuvo allí a salvo, él abandonó Argelia y entró a España por Melilla con la esperanza de reunirse con ellos. No pudo ser. Suecia le devolvió a España en base al Convenio de Dublín para que nuestro país tramitase su solicitud de asilo. Hoy reside en Sevilla.

Tarek llegó a España con su mujer y sus niños y fueron trasladados a un centro de acogida. A la semana abandonaron el centro y un mes después volvió a aparecer solicitando el reingreso. Le fue denegado por haberse ido del mismo. Pero es que Tarek se ha sacrificado por su familia. Viajaron en autobús hasta Alemania, donde está su hijo  mayor y el resto de sus familiares. Sabe que no van a poder conseguir asilo allí porque han entrado por España pero tiene la esperanza de que si solo solicita asilo su mujer con los niños pequeños no la devuelvan a España. Cuando les dejó a salvo con su familia, regresó él solo a nuestro país. Lloró amargamente al despedirse de ellos, prometiéndoles que algún día, no sabe cuándo, volverán a reunirse.

La familia Haidar tuvo que entrar a Melilla pagando a traficantes (si no, no hay forma de salir de Marruecos).  Dividieron a la familia para pasar en distintos momentos de diferentes formas, es lo habitual. Les dijeron que entregarían a la pequeña, de seis años, en el CETI, pero las cosas no salieron como estaba previsto. Los pasadores dejaron a la niña sola en otro sitio de Melilla, donde la policía la vio antes de que su madre pudiese llegar a recogerla. Fue trasladada a un centro de menores y se solicitaron pruebas de ADN para comprobar su filiación, ¡a pesar de que los padres tenían su pasaporte y su libro de familia! Dos meses después, la familia seguía separada…. Los padres se trasladaban diariamente, andando, dos veces a visitar a su hija en el horario permitido. Nadie les informa de la situación y los trámites que se van realizando. Refieren que no pueden más por la separación, que su hija llora todos los días, ellos también. Tienen miedo, piensan constantemente que cualquier cosa que digan les van a quitar a su hija…

Photo Credit: Alberto Pérez Puyal via Compfight cc
Photo Credit: Alberto Pérez Puyal via Compfight cc

La fotografía no era más grande que la palma de su mano y mostraba una familia afgana de siete miembros. El padre, angustiado, sacó la fotografía de su billetera con dedos temblorosos y la puso en manos de Danielle, junto con la tarjeta de identificación de su esposa. Sólo él y uno de sus hijos, de ocho años, habían llegado a Serbia. El resto de la familia  se perdieron en la frontera entre Irán y Turquía.”Estaba caminando con mi familia y los guardias comenzaron a disparar desde ambos lados. Nos quedamos atrapados. Agarré la mano de mi hijo y corrí, y los demás corrieron hacia otro lugar para escapar. No sé dónde está mi familia “, dijo el hombre. ¿Trató de buscarles? “¡No pude! Si me movía, los guardias disparaban. Y luego tuvimos que seguir corriendo: el pasador tenía un palo y un cuchillo, me pegaba para asegurarse de que no paraba“. Él pregunta con impotencia: “¿Hay alguien que pueda ayudarme a encontrar  a mi familia?” Entonces su hijo, conteniendo las lágrimas, nombra y  cuenta con los dedos a cada uno de sus hermanos y hermanas perdidos: “Ali, Mohammed, Farzona, Mortaza… cuatro y, con mi madre, cinco“.

Detrás de los números, de las fotos en los medios de comunicación, hay personas con nombres y apellidos que huyen para salvar sus vidas.

Ante la respuesta de rechazo que Europa está dando a las personas refugiadas, es necesario contrarrestar esta narrativa con los testimonios de las víctimas de las guerras, del terrorismo, de la violencia. Conocer su relato sirve para luchar contra el miedo, la xenofobia y para pedir a España y a Europa mayor implicación para abordar los problemas en los países de origen y tránsito y una política española y europea de acogida de refugiados.

Hoy 20 de junio, Día Mundial de las Personas Refugiadas, sirvan estas pequeñas líneas de homenaje a tantas familias separadas en su intento de encontrar un lugar en el mundo. La vida es demasiado injusta demasiadas veces. Y como le dijo el zorro al Principito, solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.


Photo Credit: <a href=”https://www.flickr.com/photos/135765510@N02/21288145506/”>lordtyler</a> via <a href=”http://compfight.com”>Compfight</a> <a href=”https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/”>cc</a>

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