NO. Hay cruces que NO son cristianas

Por José María Segura, SJ

NO. Hay cruces que NO son cristianas.

SÍ. Hay imágenes de Dios que son perversas.

Con perdón y con permiso. Pero como dice Javier Vitoria, al hacer teología a veces hay que “dejar pelos en la gatera”.

El título condensa el contenido de este post: Hay imágenes de “Dios” que NO concuerdan con el Dios Amor que predicó Jesús con “obras y palabras”.

Hay adjetivos que NO son predicables del Dios Padre/Madre que heredamos de la tradición judía, que NO casan con el Dios compasivo que camina con su pueblo, que NO se pueden afirmar del Dios Entregado que por Amor “padece o quiere padecer en su humanidad” (San Ignacio). Y es que a veces se nos cuela el “dios de los amigos de Job”. Un dios que castiga, que impone cargas, que si nos descuidamos ¡hasta nos maldice!… además, estas cargas las vestimos de cruz cristiana. Quizás, por esa religiosidad dolorista que permea nuestra cultura occidental…

Frente a estos “dioses”, conviene recordar el axioma de Hans Urs von Balthasar: “Si Dios es Amor, solo el Amor es digno de fe y nada debe ser creído más que el Amor”. Un dios que me exige que sufra una relación –que pudo en su día haber sido bendecida por el sacramento del matrimonio– en la que mi pareja me humilla, me abusa o me maltrata física o psicológicamente, NO es de Dios. No del Dios que en y por Jesús libera a la mujer encorvada, detiene el flujo de la hemorroísa, devuelve la vista a Bartimeo, llama a Mateo o sana a diez leprosos. Parafraseando a Lucía Ramón en su libro “Queremos el Pan y las Rosas“, quien acaba con la sacramentalidad del matrimonio es quien lo convierte en un infierno por la violencia que mata el amor, y con ello su ser signo de la Alianza de Dios con su Pueblo.

Una enfermedad, sobrevenida o congénita, un accidente de tráfico, una relación que se degenera hasta hacerse asfixiante, mobbing en el trabajo, bullying en el colegio… Pueden llegar a ser situaciones que pongan a prueba nuestra resiliencia interna, nuestra Verdad más íntima, nuestras imágenes de Dios, nuestro modo de rezar y de creer… Es siempre tentador caer en la invitación de “los amigos de Job” y racionalizar lo que nos pasa: “será que algo malo hemos hecho y ‘dios’ nos castiga” y así, sin querer, nos deslizamos hacia la culpabilidad y un sentimiento de “indignidad” que nos genera más dolor y más sufrimiento y nos aparta de un ‘dios’ a quien ni podemos adorar, ni querer, ni hablar. Todo lo más, le podríamos temer, pero eso no es propio de los hijos e hijas, como nos recuerda San Pablo.

Foto: David Deolarte http://www.proceso.com.mx/432679/cruces-rosas-exigen-frenar-los-feminicidios-en-edomex
Foto: David Deolarte http://www.proceso.com.mx/432679/cruces-rosas-exigen-frenar-los-feminicidios-en-edomex

No existen recetas fáciles ni respuestas inmediatas para el sufrimiento y el dolor en un mundo creado por un Dios bueno que es Padre y Madre de sus criaturas. Quizás (con teólogos como González Faus, von Balthasar, Jon Sobrino, Elizabeth Johnson, Gesché…) podemos esbozar una respuesta: Dios, papá/mamá Dios, NO quiere el dolor y el sufrimiento de sus niños/as ni de su creación. Por Amor, Dios ha creado; por Amor, Dios nos ha hecho libres para que podamos decidir crecer y amar libremente, para que “lleguemos a ser en plenitud lo que ya somos” (Ireneo de Lyon): “Hijos e hijas en el Hijo” (San Pablo).

Dios NO quiere nuestro sufrimiento, como no quiso el de Jesús. No puede evitarlo, como no pudo evitarlo en Getsemaní pese a las peticiones de Jesús, porque por Amor ha aceptado que seamos criaturas libres que podamos apartarnos de Él. Por Amor, Dios sufre nuestro alejamiento y comparte nuestro dolor. Y por Amor resucitará todo lo que hayamos querido y amado y enjugará todas las lágrimas en la Pascua Eterna donde ya no haya llanto ni dolor, en el nuevo Sabbat de la creación donde “nadie estará triste y nadie tendrá que llorar”.

Algunas cruces SÍ pueden (¡hay que discernir!) ser cruces cristianas. Las asumidas por y desde el Amor, las libremente abrazadas, las acogidas en el Misterio del Dios que por Amor se despojó de Sí mismo en una cruz. ¿Y las situaciones sobrevenidas? Hay que discernirlas. Tratar de vivir la enfermedad sumergidos/as en el Misterio del Amor de Dios, pidiendo que nos acompañe y nos mantenga firmes en la fe y la esperanza (¡qué difícil!) pero por Amor de Dios sin culpabilizarnos.

Y las cargas impuestas, esas ‘falsas cruces’ tenemos que combatirlas. Porque lo que niega la dignidad de los/as niños/as de Dios NO es querido por Dios y tenemos el divino derecho que nos otorga Sophia Dios (Elisabeth Schüssler Fiorenza) para resistirlo y combatirlo.

NO. Hay cruces que NO son cristianas.

SÍ. Hay imágenes de Dios que son perversas.


Imagen de AFP tomada de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150831_mexico_feminicidios_ecatepec_violencia_mujeres_jp

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7 Comentarios

  1. Hay que estar en el lugar de un cónyuge maltratado, sea hombre o mujer, para entender este artículo. El pasar desde un comienzo matrimonial amoroso y comprometido para toda la vida a un vivir prácticamente en el infierno con temor, dolor e incluso arriesgando la vida junto a los hijos, víctimas inocentes de ese maltrato, me hace pensar que puede confundirse amor con perdón. Amar es difícil en una situación así. El amor se extingue, se apaga, se muere…Eso es seguro.
    Lo que puede quedar es el perdón, el rezar por él o ella, pero estoy completamente de acuerdo que la sacramentalidad del matrimonio se acaba, pues ha terminado su esencia, su base que es el amor.
    Excelente artículo que da para mucha reflexión.
    Gracias.

  2. Un post muy interesante. Me llama la atención la frase ” Un dios que me exige que sufra una relación –que pudo en su día haber sido bendecida por el sacramento del matrimonio– en la que mi pareja me humilla, me abusa o me maltrata física o psicológicamente, NO es de Dios”. En este tema, siempre me sorprende que el enfoque sea puramente “correctivo” y no “preventivo”. Generalmente, el abuso y el maltrato aparecen antes del matrimonio, pero se hace muy poco o nada para prevenir matrimonios infelices. Y los pastores de la Iglesia deberían ser los primeros en favorecer esa prevención, ya que conocen – o deberían conocer – a su rebaño.

    Tal vez habría que tomarse el sacramento del matrimonio más en serio, y no contentarse con unos cursillos prematrimoniales de mero trámite, para después clamar por la disolución de lo que nunca debió vincularse.

  3. Gracias por sus comentarios. Sin duda daría para una conversación tranquila y larga y matizada que internet no permite. Gracias por tomarse el tiempo de leer y reaccionar.

    Chema.

  4. Curioso que solo tenga el enfoque femenino, cuando en la violencia domestica es transversal, sí hacia el varón también se ejerce (aunque se oculte y discrimine).
    [quien acaba con la sacramentalidad del matrimonio es quien lo convierte en un infierno por la violencia que mata el amor, y con ello su ser signo de la Alianza de Dios con su Pueblo] ¡Cómo no voy ha estar de acuerdo! Si yo mismo he sido “invitado” al divorcio por esas mismas razones; y ahora, desde mi perspectiva espiritual sobrevenida, he escrito eso mismo.

    Respecto a [Dios NO quiere nuestro sufrimiento, como no quiso el de Jesús. No puede evitarlo, como no pudo evitarlo en Getsemaní pese a las peticiones de Jesús]
    No lo tengo ya tan claro:
    Citando a Tomás Moro en “La agonía de Jesús”:
    [Estas son algunas de las razones por las que Cristo nos dejó este ejemplo de oración tan aprovechable para nosotros: que El se hallaba tan lejos de necesitar tal petición como la tierra dista del cielo. En cuanto Dios, no era inferior al Padre; no sólo su poder, sino también su voluntad, se identificaba con la del Padre. En cuanto hombre, su poder era infinitamente menor, pero todo el poder, en el cielo y en la tierra, le fue finalmente entregado por el Padre. Aunque su voluntad humana era distinta a la del Padre, estaba en tal grado de conformidad con ella que jamás hubo desacuerdo alguno. Acepta, por tanto, sufrir amadísima muerte en obediencia a la voluntad del Padre, y al mismo tiempo, se muestra hombre verdadero, pues la sensibilidad toda de su cuerpo reacciona ante la muerte con horror. Su oración expresa muy vívidamente tanto el miedo como la obediencia: “Padre”, decía, “si quieres aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Y que sus facultades mentales nunca rehuyeron suplicio tan horroroso, sino que permanecieron obedientes al Padre hasta la muerte y muerte de cruz, es algo que muestran sus obras (las que siguieron en su pasión) con mayor claridad todavía que sus palabras.]

    Y a pesar de todo esto, sucedió lo que nos cuentan Mateo y Marcos:
    Según nos refiere Marcos en 15, 34 y Mateo 27, 45-56 Y a eso de las tres gritó Jesús con fuerte voz: – Eloí, eloí, ¿lemá sabaktaní? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

    Una súplica: ¡Basta ya de solo poner el rasero en lo “femenino”! Víctimas y victimarios son muchos y de distintos géneros, no cuela ya más tanta manipulación feminista.

  5. «Un dios que me exige que sufra una relación en la que mi pareja me humilla, me abusa o me maltrata física o psicológicamente, NO es de Dios» (dejemos a un lado la gramática del artículo…). Más adelante se dice: «Hay cruces que NO son cristianas.» Y con todo ello se quiere decir que la cruz del matrimonio, cuando hay malos tratos, NO es cristiana.

    Aquí la cuestión es qué queda del signo sacramental cuando «el amor es extinguido por una de las partes que anula y niega la dignidad de criatura de Dios de la otra persona». Pues queda justo el amor de la persona que reconoce la dignidad de criatura de Dios de la otra persona. ¿Vamos a dejar de amar porque no seamos correspondidos en nuestro amor? ¿Sería esto una cruz no cristiana? ¿El amor sólo es signo sacramental cuando brilla el sol y la primavera nos inunda con la fragancia de sus flores (perdón por la cursilada)? ¿Qué es de los misioneros que manifiestan el amor de Dios en medio del desierto, en ambientes hostiles, incluso hasta el martirio? ¿Acaso estas cruces tampoco son cristianas?

    Nadie niega que «hace falta mucha fe, mucho amor y mucho coraje para seguir creyendo y amando después de una relación de maltrato», eso es indiscutible. Pero no confiemos sólo en nuestras fuerzas. Sabemos que Él está con nosotros.

    Ante todo, no se interprete que considero que una mujer deba aguantar insultos y vejaciones por parte de su marido, en absoluto, póngase a resguardo, ore por él y pida ayuda a algún especialista. En muchas relaciones de maltrato los dos cónyuges arrastran heridas y problemas que deben ser tratados.

  6. No se dice que la mujer deba dejar de amar. No se dice que no rece por él. Se dice lo que se dice.
    De hecho no se le dice a nadie lo que debe hacer.
    El matrimonio está llamado a ser signo del amor de Dios.
    Y Dios bendice ese amor.
    Si el amor es extinguido por una de las partes que anula y niega la dignidad de criatura de Dios de la otra persona…
    ¿Qué queda del signo sacramental?
    ¿Lo convertiremos en una obligación exigible SOLO a la parte maltratada de la “ecuación” como usted dice?
    Hace falta mucha fe, mucho amor y mucho coraje para seguir creyendo y amando después de una relación de maltrato.
    No se dice que la mujer se tome “el ojo por ojo” ni se sugiere, ni está de fondo.

    Recemos. Recemnos unos por otros. Cuente con mis oraciones. Cuento con las suyas.

  7. Supongo que eso nadie lo discutirá. Lo que pasa es que en este artículo se dice más de lo que a primera vista parece. Por ejemplo, se dice: «Dios NO quiere nuestro sufrimiento, como no quiso el de Jesús. No puede evitarlo, como no pudo evitarlo en Getsemaní pese a las peticiones de Jesús, porque por Amor ha aceptado que seamos criaturas libres que podamos apartarnos de Él. Por Amor, Dios sufre nuestro alejamiento y comparte nuestro dolor». En el Evangelio se dice: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Con más motivo el amor conyugal debe ser expresión de un amor como el de Jesús, expresión del amor de Dios. El matrimonio es signo del amor de Dios a los hombres. Esto no parece discutible, ¿no?

    Pero si Dios «por Amor ha aceptado que seamos criaturas libres que podamos apartarnos de Él»; si «SUFRE nuestro alejamiento»; si a pesar de nuestra infidelidad sigue amándonos hasta entregar su vida; si así es el amor de Dios, ¿acaso no debería ser nuestro amor semejante al suyo? ¿No hemos dicho que el matrimonio es signo del amor de Dios? ¿Acaso hay que recordar aquí el himno a la caridad?

    Nadie discute que la mujer maltratada, por ejemplo, deba alejarse de su marido maltratador para no recibir más golpes. Lo que se discute es que esta mujer deba también dejar de amar a su marido, al que ella misma se comprometió a amar para siempre, y se eche en los brazos de otro hombre. ¿Acaso no podría esa mujer retirarse del alcance de los golpes de su marido, alejarse de él para no recibir daño, pero sin dejar de amarlo, sino más bien orando por él? ¿No podría tratar de ayudar a su marido de algún modo? Claro que para llevar a cabo esto debería poder apoyarse en su fe y así poder contar con su ayuda para soportar la soledad. Esto es justo lo que se quiere suprimir de la ecuación. Pero entonces, si esta fe está ausente, no tiene mucho sentido enredarse en si se puede o no volver a entablar otra relación, porque en cualquier caso esta mujer hará lo que le venga en gana sin problemas.

    Quizá el artículo considera mejor que, puesto que el marido la maltrata, ya no merece su amor. ¡Qué fácil es amar al que nos ama! Lo difícil es amar al enemigo, al que nos presenta problemas. El que nos hace daño suele despertar en nosotros sed de venganza. Y es que en el fondo se nos cuela con mucha facilidad alguna imagen del Dios veterotestamentario: «ojo por ojo y diente por diente».

    Donde haya… ponga…

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