La red ha estado en jaque los últimos años, pero no nos hemos dado mucha cuenta. Se ha debatido tanto en EEUU como en la UE sobre la neutralidad de la red, apostando finalmente “en su favor”. Perdonad las comillas anteriores, que quieren ser irónicas.

La cuestión es que internet, que siguen siendo cables y potentes máquinas conectadas entre sí, quería ser colonizado económicamente por los dueños de los cables y de las máquinas, y determinar qué cosas podían viajar por sus cables a una velocidad y cuáles a otra, priorizando de este modo unos contenidos y aplicaciones sobre otros. Lo que se ha llamado “internet de dos velocidades”: una para quienes pagasen, otra para los que no. Esto hubiera supuesto una millonada de euros y dólares, y una auténtica manipulación de la gente.

Ahora bien, ¿está todo dicho con estos primeros pasos? ¿Podemos decir tranquila y alegremente que la red es neutral?

1.    La decisión actual ha sido crucial. Su contraria hubiera generado una gran movilización. Pero no se puede reducir la “neutralidad de la red” a esta cuestión y dar carpetazo al enorme problema de “manipulación”.

2.    Las personas no somos ni neutras, ni neutrales. ¡Ni debemos serlo! Tenemos nuestras opciones que nos diferencian y nos sitúan. Éste es el auténtico posicionamiento en la red, del que cada cual debe ser responsable y con el que es imprescindible hacer autocrítica para no adormecerse y someterse burdamente. Ahora bien, la no-neutralidad de las personas no implica necesariamente separación, diferencias, clasificación, reducción de la persona a un perfil determinado, a etiquetas y roles. Resulta imprescindible una buena educación sobre vida digital. ¡Es el momento!

3.    Con la legislación actual sobre “neutralidad de la red” no está dicho todo.Todavía falta por estudiar a fondo y tomar decisiones claras sobre los bastos monopolios que se producen en la red de hecho. Grandes compañías que se han adueñado, por ser las primeras, del continente digital y que absorben sucesivamente iniciativas más pequeñas. Sólo hace falta ver cuáles han sido las compras recientes de Google, Facebook, Twitter, o las alianzas que están llevando a cabo para mantener su posición. Y, por otro lado, la caducidad de los dispositivos para almacenar y navegar al “ritmo de los tiempos” es una imposición declarada: caducidad obligada.

4.    No podemos hablar de “neutralidad” desde el momento en el que parece que estamos “obligados” a participar de determinados ámbitos o redes, cuyas reglas no pueden ser establecidas por los usuarios. Sólo queda conocerlas, y hacerlo a fondo, con el objetivo de “posicionarse” en ellas. Esto significa una ruptura clara de la horizontalidad, de la democratización de las redes. Cierto es que existe mucho código abierto, que se puede participar en otros foros y realidades. Por ejemplo, existe una red social muy similar a Twitter llamada Quitter, que en principio parecía crecer pero que se ha quedado en prácticamente nada.

5.    Sigue siendo clave qué se prioriza en Google, el buscador más usado en el mundo con diferencia. El famoso triángulo de Google, estudiado con detalle, saca partido económico de las búsquedas y pone nuestra mirada sobre determinados contenidos propiciando que las estrategias de marketing más poderosas se coloquen de forma sistemática en las primeras posiciones.

6.    El algoritmo de Facebook, que cambia una y otra vez a capricho de la empresa y sus beneficios, deja en un segundo plano aquellas iniciativas que se quieran abrir paso sin invertir económicamente en la difusión. Las páginas de Facebook, que en principio se regían por unos criterios, actualmente quedan prácticamente silenciadas o reducidas a un grupo de personas mínimo.

7.    Otro aspecto a estudiar es qué cultura genera, porque el foco principal de cultura en el futuro estará en el universo digital. Por ejemplo, hacia dónde se dirige a los jóvenes y qué tipo de actividad se “premia”. A mí me preocupa esto decididamente porque es el presente y el futuro. La puerta de entrada de los chavales a la red tiene unas características claras que se están imponiendo, que los llevan de un sitio a otro. Dentro de esta cultura de la lectura superficial, del culto a la propia imagen, de la presencia consumista y distraída en la red, hay millones de jóvenes (y adultos). Mucha gente, mucha vida, muchos recursos.

No todo es negativo. Intento responder a la alegría desenfadada de quienes se acomodan en la red por triunfos pequeños como éste. Queda mucho por bregar y por crear, facilitando opciones y alternativas, puntos que sean de verdadero encuentro y desarrollo. Sin duda alguna, estas iniciativas tienen cabida, donde la colaboración, la cooperación, la participación es el núcleo esencial. No son pocos los que se mueven en la red de otro modo, con otros criterios, con una visión del mundo diferente.

La neutralidad absoluta de la red tendría otros problemas, por ejemplo a la hora de discriminar contenidos. No todo es igual. No abogo tampoco por ello. Pero sí por un pensamiento crítico, por una cultura del encuentro más que del consumo, por la superación de los atrincheramientos, por unas redes en las que seamos capaces de profundizar en lo humano y dialogar, movilizarnos, unirnos y transformar juntos el mundo. Y esto también está al alcance. No por “neutral” cuando por auténticamente social y cultural. ¡Nos jugamos el futuro!

@josefer_juan