Necesitamos un nuevo relato

Un nuevo relato. Eso es lo que necesitamos. El relato del sistema liberal descrito por Adam Smith era claro. Todo el mundo lo entendía:

Los ricos, siguiendo sus vanos e insaciables deseos, contratan a miles de personas compartiendo con ellos el fruto del trabajo. De esta manera, sin quererlo y sin saberlo, son guiados por una mano invisible para hacer una distribución igualitaria de las necesidades de la vida

El motor del desarrollo era, claramente, los vanos e insaciables deseos de los ricos. O sea, su avaricia. La sociedad permitía la avaricia de los ricos porque, bien controlada, fomentaba el bien común. Se suponía que los ricos no podían hacerse más ricos si no era a base de contratar cada vez a más gente, de esta manera “compartían” con miles de personas el fruto del trabajo.

Pero, además, Adam Smith defendía que para ser feliz no hacía falta tener mucha renta, por lo que concluía que las personas que han sido contratadas por los ricos tienen todo lo que necesitan para ser felices. De hecho, decía que tenían muchas más posibilidades de ser felices las personas contratadas que las personas que les contratan. Él no creía en la riqueza como fuente de felicidad, solo defendía un nivel mínimo necesario. Tanto era así que decía que en este sistema la felicidad de los ricos estaba siendo “sacrificada” ya que la riqueza les impedía ser felices. Por eso, Smith se atreve a decir que la distribución de las necesidades de la vida es “igualitaria” porque está hablando de lo que se necesita para vivir una vida plena y feliz. No está hablando de dinero.

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Naturalmente, durante estos dos siglos la cosa falló en que la avaricia se fue de madre hasta el punto de que las personas contratadas no llegaban a ese mínimo necesario y había millones de personas que nunca llegaron siquiera a ser contratadas.

 Pero hoy ya el fallo es sistémico. Se hace muy fácil desmantelar el relato antiguo:

 Fin del relato antiguo

 “Dado que el crecimiento ya no es posible porque hemos llegado claramente a un techo ambiental, los ricos ya no pueden seguir sus vanos e insaciables deseos sin retirar riqueza de aquellos que están por debajo de ellos. El sistema liberal se hace por tanto imposible de mantener. Se hace imprescindible abandonar la avaricia y abandonar el crecimiento“.

 Desmantelado el relato antiguo, necesitamos explicar la situación actual, que creo que debe estar centrada fundamentalmente en tres aspectos.

 (1) Políticas de reparto del trabajo

 “Dado que la Tierra no nos permite incrementar indefinidamente la producción pero nuestro ingenio sí que nos permite hacer esa producción cada vez más rápida y eficiente, es evidente que el número de horas de trabajo necesario será cada vez menor. Para que los cientos de millones de personas que hoy están fuera del sistema puedan tener trabajo se deben poner en marcha políticas que incentiven el reparto del trabajo tanto a nivel nacional como mundial”.

 (2) Políticas fiscales efectivas

 “Dado que el capital seguirá acumulándose de manera indefinida y sin límite, ya que será cada vez más tecnológico y menos físico, se hacen imprescindibles políticas fiscales eficaces que consigan que los rendimientos netos del capital sean cada vez menores para evitar que el capital absorba una parte cada vez mayor de la Renta Total”

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(3) Acuerdos globales 

“Dado que la competencia feroz entre países por atraer el capital lleva a impuestos al capital cada vez menores, se hace imprescindible llegar a Acuerdos Fiscales Internacionales que sean respetados por todos los países del mundo”

 Solo de esta manera conseguiremos que todas las personas puedan vivir una vida digna y feliz. No hace falta seguir sacrificando la felicidad de los ricos para conseguirlo. Incluyámoslos a ellos también.

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