El nacimiento de Jesús, que celebramos el 25 de diciembre, está  narrado en el capítulo 2 del evangelio de Lucas. Ocurre que el día  24 de diciembre de 2016 ha fallecido el conocido biblista jesuita Joseph A. Fitzmeyer, uno de los más importantes comentaristas del evangelio de Lucas. Por este motivo, ofrecemos a continuación la transcripción unas páginas de la obra de Fitzmeyer, El evangelio según Lucas. Traducción y comentario, volumen II, páginas 204-207. Es nuestro sencillo homenaje de gratitud a tan gran biblista, que puede también ayudar a nuestros lectores.

Reacciones ante la manifestación (Lc 2, 15-20)

El mensaje celeste, al proclamar el nacimiento de un niño que es el Salvador, el Mesías, el Señor, provoca una serie de reacciones en cadena: primero en los pastores, luego en los que oyeron lo que decían los pastores y finalmente en la propia madre del niño, en María. Esto es lo que recoge Lucas en los vv. 15-20.

Reacción de los pastores

pastoresLo primero que se les ocurre es comprobar la veracidad del mensaje. Por eso van a toda prisa a ver qué ha pasado. Y lo ven; encuentran al niño en el pesebre y en compañía de sus padres. No hay que pensar que esos pastores pudieran haber sido algunos de los «testigos oculares» consultados por Lucas, años más tarde, para recabar información sobre los acontecimientos de Belén. La función de estos personajes es exclusivamente paradigmática, es decir, son la personificación de una actitud de espontánea credulidad ante el mensaje que se les acaba de transmitir. Ejemplos como éste de una fe sencilla y abierta abundan en la narración evangélica según Lucas. Y poniendo punto final a todo el episodio, que no deja de reseñar otras reacciones ante lo sucedido, los pastores se pierden en la oscuridad de la noche. Pero el silencio de la vuelta queda roto por sus alabanzas; lo que han visto y oído corresponde a lo que les habían dicho. Todo era verdad.

Reacción de la gente

La experiencia de los pastores es necesariamente comunicativa. Y al irse divulgando lo sucedido va cundiendo una sensación de sorpresa y de maravilla entre los que se enteran de un hecho tan extraordinario. Compárese esta reacción con la reseñada en Lc 1,66, a propósito de la manifestación de Juan el Bautista, niño: “Y todos los que lo oyeron se quedaban pensando: —¿Qué irá a ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él”.

Reacción de María

La actitud de la madre se repliega hacia su interior; guarda sus experiencias y las medita en su espíritu. La intención de Lucas es presentarnos a María en su esfuerzo por comprender el significado de lo que ella misma ha vivido y de lo que le han contado los pastores. El hecho de que esa misma indicación de Lucas vuelva a aparecer —como «estribillo»— en Lc 2,51 es un indicio claro de que María no había comprendido las profundas implicaciones del acontecimiento. Como ya indicábamos en el episodio de la visitación, la característica fundamental de la personalidad de María, según Lucas, es su gran fe; no es sólo «la que ha creído» (Lc 1,45), sino «la que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica» (Lc 8,21) y la que ora con toda la comunidad en espera de la venida del Espíritu (Hch 1,14). El encuentro con los pastores le reveló que su hijo es el «Salvador». Pero ¿comprendió realmente el significado profundo de ese título? No es bueno excederse, a la hora de interpretar la presentación lucana de María, porque, de hecho, un poco más adelante (Lc 2,50), volverá a hablar de su falta de comprensión.

"Mary", de Henry Ossawa Tanner, ca. 1908,

“Mary”, de Henry Ossawa Tanner, ca. 1908.

Hay que insistir una vez más. No se pueden leer las narraciones de la infancia como si se tratara del estrato I de la tradición evangélica , es decir, como si el texto fuera una transcripción de los pensamientos que en aquella situación concreta cruzaban la mente de María. Para entender bien esta frase habrá que colocarla sobre el fondo de la indicación de Mc 3,21, donde se dice que «sus parientes» —en griego: hoi par’ autô ( = «los suyos», «su familia»)— fueron a llevarse a Jesús porque creían que estaba loco, y a continuación, en Mc 3,31, se habla de «su madre» y de «sus hermanos», o sea, los miembros de su familia. Por tanto, habrá que reconocer que, a pesar de todas sus cavilaciones, María necesitó su tiempo para llegar a comprender la personalidad trascendente de su hijo. Lucas no emplea los términos de Marcos; por eso el lector de su evangelio deberá cuidarse de sacar consecuencias apresuradas.

Es totalmente improcedente querer buscar en esta reflexión de Lucas el más mínimo atisbo de unas posibles «memorias» de María, conservadas en el seno de su familia y difundidas luego en la comunidad cristiana, que hubieran proporcionado a Lucas una cierta base para sus narraciones. La existencia de esas «memorias» carece de todo fundamento, aunque ha habido comentaristas que han sugerido esa posibilidad. Por ejemplo, E. Osty, en sus notas al Evangelio según Lucas -—en La Sainte Bible (= Biblia de Jerusalén) 39—, al comentar Lc 2,19, se pregunta: «¿No será esto un modo elegante de decir que Lucas cita una confidencia de María?» También A. Plummer (A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel According to St. Luke, p. 60) cierra su explicación del participio symballousa (= «meditando») con una pregunta semejante: «¿Quién podría habérselo comunicado a Lucas?» Pero el hecho es que todas esas conjeturas no explican, en realidad, el texto.

La reacción de María ante lo sucedido es algo que queda en su intimidad. No como los pastores, que se van alabando a Dios y difundiendo la noticia, ni como la gente, que se maravilla de lo que cuentan los pastores. Su actitud ante los acontecimientos, su meditación interior, corresponde a su personalidad de «creyente», de «esclava del Señor».

¡¡Feliz Navidad!!