¿El multitasking nos hace mejores o peores personas?

multitasking

Mi compañero de blog Saunier Ortiz publicaba recientemente un post sobre el multitasking (multitarea) que recomiendo vivamente. Allí define el término como «la realización de diferentes tareas o procesos que involucran tareas específicas en un cierto periodo de tiempo, durante el cual unas se superponen a otras antes de haberse concluido las que están en marcha». Para muchos, el multitasking se ha convertido en todo un estilo de operar en la vida: es la manera en la que trabajan, realizando diversas tareas al mismo tiempo; o la forma en la que se entretienen: comiendo mientras sacan fotos a los platos, leyendo mientras comparten citas en redes y conversando mientras miran mensajes en Whatsapp.

El multitasking tiene mucho que ver con un mundo digital en el que la posibilidad de compaginar diferentes pantallas abiertas al mismo tiempo ha moldeado a toda una generación de internautas hasta convertirlos en alérgicos a la concentración prolongada en un mismo tema. Sería hipócrita por mi parte cargar en exceso las tintas contra un rasgo que también yo en cierta medida comparto y, además, me parece que, en comparación con el apelmazamiento vital que impuso la cultura televisiva, el dinamismo del multitasking digital tiene sus ventajas. Pero voy a señalar dos inconvenientes del multitasking que merecen en mi opinión una reflexión: el primero lo he confirmado leyendo el post de Saunier y tiene que ver con la eficacia; el segundo tiene que ver con los modales y lo ilustraré con mi experiencia de profesor universitario.

Si algo me queda claro del post de Saunier es que quien pretenda presentar la capacidad de multitasking como un signo de eficacia, creatividad o productividad es un impostor. Los resultados científicos son concluyentes: el ser humano no es capaz de operar exitosamente en diferentes tareas al mismo tiempo, porque sencillamente nuestro cerebro no está diseñado para funcionar así. En lo concerniente a las funciones cognitivas superiores «al menos el 98% de la población no somos capaces de concentrarnos sobre dos o más tareas que requieren atención sin incurrir en errores en aquélla(s) menos entrenada(s)». El multitasking propicia equivocaciones y nos hace perder profundidad y productividad.

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El segundo tema que quisiera mencionar es más cultural y, para mí, más preocupante. Poco a poco, el multitasking ha alterado algunas normas sociales que tienen que ver con la atención y el respeto entre las personas. Interrupciones en la atención que nos prestamos los unos a los otros o niveles bajos de implicación al interactuar ―«pasar» de quien está en ese momento contigo― que hace años hubiesen sido considerados, como poco, una falta de cortesía resultan ahora aceptables. Lo experimentamos todos los días: personas que consultan su móvil mientras cenan con nosotros, o para las que acudir a una reunión ya acordada de antemano no significa renunciar a realizar otras tareas al mismo tiempo.

Este fenómeno alcanza cotas asombrosas en las aulas universitarias, donde hace quince años nadie osaría a abrir un periódico en las narices del docente mientras este impartía clase, y hoy cualquier profesor se arriesga a tener que lidiar con algunos de sus alumnos repartiendo su atención entre los contenidos de la clase y otras actividades diferentes que los alumnos simultanean en sus pantallas. No es una impertinencia: se trata de una práctica aceptada en el gremio académico ―ocurre también en conferencias y seminarios, entre profesores e investigadores―Uno puede tomárselo como un estimulante reto para conseguir que sus alumnos se impliquen por completo en lo que se les propone, pero esa no es la cuestión ahora: ¿No se estará produciendo, en todos los ámbitos de la vida, un cambio en las relaciones entre las personas, por el que ya no consideramos un deber ―e incluso un rasgo de buena educación― prestar atención completa a los demás?

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Saunier alude al peligro del multitasking para el éxito del aprendizaje en las aulas, y estoy de acuerdo: hacer muchas cosas a la vez es la mejor manera de no hacer nada bien, en el aula y en la vida. Pero quizás haya en el multitasking algo peor que la ineficacia que genera, porque tengo la impresión de que va acompañado de un cambio cultural que no nos hace mejores personas ni enriquece las relaciones humanas. Más bien lo contrario.

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