Mujeres y religiones

http://www.charlestoncitypaper.com/Spoletobuzz/archives/2013/05/23/on-repeat-a-look-back-at-some-piccolo-veterans

Desde la Asociación de Teólogas de España y, en víspera del 8 de Marzo, me llega la carta que un amplio grupo de mujeres feministas mexicanas le hicieron llegar al papa Francisco en su reciente visita al país latinoamericano (Carta al papa Francisco).

En ella exponen la descomposición política y social del país y la situación de violencfoto tomada de Asociacion de Teològas de Españaia generalizada y tráfico de personas que se ceba aún con mayor dureza con las mujeres y las niñas aportando cifras espeluznantes. En su carta, denuncian la violencia hacia las mujeres como algo cotidiano que acontece en sus propias casas, en el trabajo, en la escuela, en la iglesia, en la maquila, en el campo, en manos de las mafias de trata, solapadas por las autoridades, etc.

La carta denuncia el silencio cómplice de la mayor parte de la jerarquía católica mexicana, a la vez que reconocen y urgen los esfuerzos del papa Francisco por modificar una iglesia que está anquilosada y de la que uno de sus mayores bastiones de resistencia son precisamente sus concepciones patriarcales y la violencia y la discriminación hacia las mujeres.

Salvando las distancias y los matices, resulta curioso que hace unos días, un grupo de mujeres de distintas religiones participantes en un seminario sobre religiones y violencia de género llegáramos a las mismas conclusiones que las feministas mexicanas. Sin embargo, algunas de nosotras, al analizar el hecho paradójico de la experiencia religiosa, constatábamos también que, si bien las religiones han servido para alienar a las mujeres, también han sido y son una importante fuente de emancipación y empoderamiento.

Por eso, este 8 de Marzo bajo el lema “Dignas, diversas, insumisas, juntas. Contra la violencia machista empoderamiento feminista” (Convocatoria 8 de marzo), haremos memoria de las mujeres que nos han precedido por las que hoy somos quienes somos, también como creyentes. Mujeres desplazadas a los márgenes de las propias tradiciones religiosas: maltratadas, silenciadas, sancionadas, etc, pero a quienes la libertad del Espíritu las llevó a desobedecer roles y atribuciones de género y a ser creadoras de círculos de sabiduría, críticos con el sistema religioso y alternativos al mismo en el seno de sus propia tradiciones.

Ellas forman parte de nuestra genealogía y nos recuerdan que “venimos de madre”, “venimos de mujer”. Beguinas como Hadewijch de Amberes, místicas sufís como Muádha a Adawuiyya, fundadora de la primera escuela de ascética femenina en Basora, monjas como Mary Ward, antiesclavistas negras como Araminta Ross, cuáqueras liberales y reformadoras como la sufragista norteamericana Susan Brownell Anthony, o mucho más contemporáneamente Amina Wadud, feminista islámica que hace unos años en la mezquita de Nueva York dirigió el salat reivindicando el imamato femenino y denunciando la exclusión de las mujeres en el Islam (Amina Wadud).

Dignas, diversas, insumisas, unidas también a las mujeres mexicanas, feministas, con su carta al papa Francisco exigiendo cambios en la agenda política de la iglesia, reclamando los cuerpos de las mujeres desaparecidas y gritando que la gloria de Dios es que las mujeres vivamos y lo hagamos con libertad y plenitud, tomaremos la calle el 8 de marzo, convencidas como otra gran antepasada nuestra, la católica y sufragista Concepción Jimeno de Flaquer, que entre feminismo y religión no tiene por qué haber contradicción.

Imagen tomada de Coordinadora feminista de Madrid

Vídeo sobre La teología feminista en la historia:

Foto de cabecera: Araminta Ross, tomada de http://www.charlestoncitypaper.com/Spoletobuzz/archives/2013/05/23/on-repeat-a-look-back-at-some-piccolo-veterans.

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