De mujeres, monjas y libertades. Homenaje a Mercedes Navarro

Hay libros que te cambian  la vida, te la reorientan, te  amplían la perspectiva. Sin duda uno de ellos en la mía, allá por los años 90  fue Las siete palabras de Mercedes Navarro” (Madrid 1996). A través de este relato experiencial y profundizando en  siete gerundios:Sintiendo, narrando, alentando, bordeando, queriendo, liberando, disfrutando, se me desveló una nueva conciencia, un nuevo modo de ser y vivirme como religiosa en el mundo al hilo de su autora.

En él encontré la mejor definición de esta forma paradójica de vida cristiana que seguimos llamamos vida religiosa, aun cuando esta forma de designarla ya no nos sirva por imprecisa:

“Me encuentro en medio de muchas contradicciones. No soy del clero, pero tampoco se me considera laica. Mi consagración no es otra que la del bautismo y sin embargo, mi estilo de vida la reafirma de modo explícito y público, como si se tratara de algo esencialmente diferente.

Aparezco como elemento de institución  e incluso de la jerarquía eclesial, y sin embargo, me coloco en el borde de la misma, allí donde debo saberme más crítica y más dispuesta a cuestionar la institucionalización.

Mi forma de vida es esencialmente carismática y el soporte de la institución no puede nunca sustituir o encasillar el carisma, so peligro de ahogarlo y destruirlo. Debo estar en este mundo con los cinco sentidos especialmente abiertos, como abierta debe ser mi experiencia humana radical, de forma que nada de lo humano me sea extraño, indiferente, ni deje de convertirse en interrogante.

Debo por tanto vivir  la pasión profunda por lo humano. Y sin embargo, mi estilo de vida debe anunciar el absoluto que es Dios, y en consonancia con ello, pero en paradoja con la pasión por lo humano, debe subrayar lo relativo que es lo humano, enfatizar su condición limitada y fronteriza.

No es extraño, que cuando hago consciente todo esto en lo concreto de mi cotidianidad, me siento algo así como una mujer imposible (…), contenta de serlo. Por vivir en los limites, por bordear típicamente la frontera mi estilo de vida es el más libre que conozco dentro de la iglesia, por eso es a la vez el más vulnerable y menos comprendido” (pág. 85).

Así fue mi primer acercamiento a la teóloga, biblista y psicoterapeuta Mercedes Navarro. Sus libros me crearon una adicción de la que me costó tiempo desengancharme, sobre todo por la novedad de sus contenidos y los interrogantes y horizontes vitales, teológicos, epistemológicos a los que me abrieron. Entre ellos destaco Barro y aliento, Exégesis y antropología teológica de Gn 2-31993); Ungido para la vida, Exégesis narrativa de Marcos 14, 3-9 y Juan 12,1-8, ( 1999); Morir de vida, Mc 16,1-18: Exégesis y aproximación psicológica a un texto (2011); Jesús y su sombra. El mal, las sombras, lo desconocido y amenazante en el Evangelio de Marcos (2016).

Ha pasado mucho tiempo desde que leí  aquel primer libro de Mercedes Navarro. Tras la generación de teólogas  feministas españolas a las que Mercedes representa han irrumpido otras nuevas que han seguido abriendo perspectivas liberadoras en el pensamiento y la palabra de las mujeres. Pero desde entonces a hoy todas continuamos pagando un precio”.

La palabra teológica de las mujeres, si bebe de la fuente de las epistemologías feministas sigue siendo contemplada “bajo sospecha” como un  “discurso intruso” en el marco eclesial dominante, máxime si tiene vocación de plaza pública y si su lugar de enunciación es una “vida religiosa indócil”, por fidelidad a la libertad del Evangelio y se sale de las “casillas establecidas en los organigramas eclesiásticos”. Lucía Caram, Teresa Forcades, Ivone Gevara o Megan Rice son un buen ejemplo de ello.

El “techo de cristal” continúa estando demasiado bajo en la sociedad  y mucho más bajo en la iglesia  para las mujeres, pero siempre hay más libertad disponible de la que nos tomamos y hay muchas mujeres, y entre ellas  muchas “monjas” que se atreven a tomársela  y a asumir  con otras los conflictos que conlleva. Pero se paga un precio y hay que estar preparada y “acompañadas por otras mujeres” para encarar consecuencias y poder ejercer el derecho a la felicidad sin quedar instaladas en la rabia o el resentimiento.

Mercedes Navarro, por ejemplo, fue expulsada hace años  en un proceso poco transparente de un cátedra de psicología religiosa de una universidad católica, así como de la docencia académica y eclesiástica, pero ello no le restó libertad a su pensamiento sino que se lo amplió  y redimensionó. Desde entonces trabaja  como freelance como teóloga y psicoterapéutica investigando en temas de mujeres y biblia, violencia y  sexismo y asesorando proyectos editoriales o dinamizando espacios de formación feminista y teológica.

El pasado 19 de Marzo  La Fundación  Herbert Haag para la libertad de la Iglesia le otorgó el premio al pensamiento crítico, fundamentalmente por su trabajo a favor de la igualdad de mujeres y hombres  en la sociedad y en la iglesia. En este premio, como ella misma reconoció en el discurso de acogida del  mismo, lo que ha visibilizado es la historia de libertad de las mujeres, la historia de las monjas libres, que en nombre de Jesús se resisten a pactar con lo políticamente o eclesialmente correcto cuando lo que está en juego es en juego es la libertad y la felicidad del Evangelio

Termino mi post con las propias palabra de Mercedes Navarro, con ellas me congratulo y sumo al deseo  de  libertad por y para el que nacimos la vida religiosa en la iglesia  por obra de la Ruah Santa :

Distinguidos miembros de la Fundación, estimado Presidente, señoras y señores:

Me siento profundamente agradecida a la Fundación Herbert-Haag por este inesperado premio, que es para mí reconocimiento y estímulo en la difícil tarea de construir la igualdad real de mujeres y varones en la Iglesia y en el mundo.

Este premio es una celebración de la libertad. Así lo entiendo, así lo vivo y lo comparto: como una fiesta, porque, aunque se me premia a mí, en mí se premia y se celebra una manera de ver el mundo y la iglesia, una manera de ser teóloga y hacer teología, un modo de entender la vida religiosa, de ser religiosa y estar en este estilo de vida encarnando un carisma.

Toda esta cosmovisión se premia y se celebra porque está atravesada por la libertad, una libertad siempre en construcción. A través de mí, el premio celebra la libertad de muchas mujeres, de muchas teólogas, de muchas religiosas. Somos muchas, conectadas mediante objetivos y procesos que son a la par comunes y diversos. Eso me llena de una gran satisfacción.

Formo parte de una hermosa historia de libertad de mujeres, de una historia de religiosas libres, de cuyas vidas y logros me siento heredera, y formo parte de un presente palpitante de vida libre, dentro y fuera de la Iglesia. Este premio me vuelve más agradecida y consciente y, dado que la consciencia aumenta la libertad, el premio me hace, también, más libre.

Soy lo que soy por ser religiosa. La vida religiosa ha sido y sigue siendo mi camino de libertad. Soy feminista y me comprometo por la igualdad humana y la transformación de este mundo y de la Iglesia como religiosa y gracias a que lo soy. Entré en la vida religiosa porque quería ser más libre. Mi vocación está fuertemente cimentada en la libertad.

La decisión de unirme a una congregación cuyo espíritu es la liberación de los cautivos nació muy temprano y creció en un entorno social en el que se abrían puertas y ventanas a un futuro prometedor y entusiasta para la sociedad y la Iglesia. Era el año 1968. Un año que marcó simbólicamente un cambio cualitativo en mi proceso de libertad.En dicho proceso destacan mi vocación de teóloga y biblista, es decir, de pensadora y exegeta impregnada de conciencia feminista. Ser “teóloga feminista” incluye la libertad.

Cuando estudiaba Psicología en Salamanca, leí el “Examen de ingenios para las ciencias”, de Huarte de San Juan, médico y pensador español del siglo XVI, quien decía que al teólogo le corresponde el ingenio “caprichoso” (del latín capra), pues la finalidad de su pensamiento es abrir caminos inéditos y arriesgados, como hacen las cabras en el monte. Y yo supe que tenía ese “ingenio caprichoso”.

Como teóloga y biblista feminista, busco “caminos de cabras” en el monte del pensamiento y esta búsqueda es, sin duda, un continuo desafío a la libertad. No estoy sola. Hoy, compartiendo este premio, me acompaña otra religiosa, teóloga y feminista, pero hay otras muchas religiosas pensadoras feministas compañeras de camino, que abren sendas inexploradas y arriesgadas, externas e internas, de libertad. A todas dedico este premio y doy sinceramente las gracias. Este reconocimiento es también reconocimiento de todas ellas.

Felicidades, Mercedes y felicidades a todas las mujeres seducidas por la intemperie de la libertad incómoda de Jesús de Nazaret.

 

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5 Comentarios

  1. Gracias por compartir tan enriquecedor articulo para mi que sigo en el camino de aprendizaje de la teología y la mujer. Muchas felicidades
    Moni

  2. Muchas felicidades hermana por este reconocimiento por evidenciar el papel de la mujer en la sociedad y por ayudar a descubrir la LIBERTAD. Un abrazo.

  3. Querida Mercedes,
    Felicidades! Comparto tu alegría y merecido reconhecimiento.
    Un abrazo de comunión y lucha por la causa de la mujer.

  4. Gracias Mercedes por tu fibra y ingenio de mujer y experto en humanidad.

  5. Maravilloso tu aporte de Vida en Plenitud Merche querida! Adelante y siempre con los ojos fios en Jesús que es Fuente de Vida! Gracias…

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