Los derechos de la mujer en Oriente Medio

La pasada semana se celebró el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Ninguno de los 56 miembros, que entonces componían la organización, votó en contra, aunque sí se abstuvieron Arabia Saudí, Sudáfrica y la Unión Soviética.

Por desgracia, todavía hay muchas partes del mundo donde los derechos humanos no son respetados. Oriente Medio es una de esas partes donde la vulneración de los derechos humanos es alarmante. Se ha prestado especial atención a este importante asunto en los siguientes artículos precedentes de este blog: La seguridad humana en Oriente Medio, Cuatro dimensiones de la seguridad humana en Oriente Medio y Los derechos humanos en Oriente Medio.

Hoy se dedicará este apartado a los derechos humanos de la mujer en Oriente Medio. En general, hasta en algunos países avanzados, las mujeres sufren algún tipo de discriminación ya sea de hecho o de derecho, pero de nuevo hay que prestar especial atención a la sistemática vulneración de los derechos de la mujer en esa región del planeta.

La discriminación de la mujer es un hecho comprobado en todos los estados de Oriente Medio. Una interpretación manipulada de los textos sagrados y de la tradición es responsable de la sumisión total de la mujer a los dictados del hombre. Las mujeres constituyen en la región la mitad de la población, sin embargo sus derechos están muy por debajo de los de la otra mitad masculina. La participación política y social de la mujer en Oriente Medio es puramente testimonial en aquellos países donde se les deja participar, aunque siempre con muchas limitaciones.

No es infrecuente encontrar literatura e informaciones en los medios de comunicación sobre la religión musulmana considerándola  intrínsecamente machista, una religión que oprime a la mujer de manera sistemática. Parece como si esta discriminación fuera algo privativo de la genética religiosa musulmana. Conviene no olvidar al respecto la historia,  y sobre todo la historia reciente de algunos países como España, donde tan solo hace unos pocos años la mujer vivía en una situación, no solo de hecho sino de derecho, de discriminación y desigualdad con respecto a los hombres.

Pero no se puede negar, sin embargo, que actualmente, en una gran mayoría de los países musulmanes, la mujer todavía soporta una situación de injusticia. Dejando aparte polémicas insustanciales como el uso o no del velo, hay aspectos fundamentales que provocan situaciones más graves, con repercusiones en las sociedades musulmanas y que afectan al resto del mundo, como las desigualdades económicas provocadas por sistemas políticos inadecuados que provocan empeoramiento de la calidad y dignidad de vida de esas mujeres.

Conviene detenerse en el análisis de si esta situación de desigualdad de la mujer es algo inevitable dentro de la cultura religiosa islámica o se trata de una cuestión de evolución, mejor dicho de desarrollo, para el cual, indudablemente, además de otros factores, se necesita tiempo. Este tiempo parece favorable a la integración plena de la mujer, independientemente de la religión o cultura dominante.

Existen dos variables sociales relacionadas como son el nivel educativo de las mujeres y las tasas de natalidad que indican la variación hacia los parámetros de las sociedades avanzadas. La tasa de fecundidad del mundo musulmán ha descendió desde 6,8 en 1975 a 3,7 en 2005. El control de la natalidad históricamente se relaciona con los comportamientos de la mujer y su sentido de la libertad y responsabilidad adquiridos mediante un aprendizaje cultural generalmente desligado de comportamientos y creencias religiosas.

Sin embargo, el proceso de alfabetización y su correspondiente aumento del nivel educativo provocan cierta desestabilización social porque despierta la conciencia del individuo al darse cuenta de que sus capacidades no siempre son recompensadas como debieran. Alfabetización y anticoncepción van unidas porque la mujer se hace consciente de que sus posibilidades en la vida no son tan solo las de procrear.

No parece existir ningún obstáculo para que la evolución en los países musulmanes sea en el mismo sentido que en el resto del mundo, por lo que se puede descartar la percepción de que la cultura musulmana suponga un retroceso a la modernidad. No se debe olvidar que las fuerzas fundamentalistas de todas las religiones, en todos los países, siempre han intentado frenar los procesos evolutivos que comportaran algún peligro para la ortodoxia que pretendían establecer; sin embargo, los resultados objetivos demuestran que las mentes de las personas no son tan fáciles de doblegar, sobre todo, cuando se ven afectadas en su dignidad.

Es indudable que el debate de género suscita todavía muchos problemas dentro de la comunidad musulmana, pero no se debe eludir. Una cosa es la cautela debida y otra el olvido. No se puede avanzar si se omite un aspecto tan importante de la convivencia de los seres humanos. No se puede propugnar una idea de igualdad y por otra parte ignorar que una parte importante de la sociedad, en este caso las mujeres, que no tienen un trato de igualdad con respecto a los hombres.

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