La movilidad urbana y nuestra responsabilidad social

Xavier Pifarré.

Me lanzo a analizar algo que llevo tiempo cocinando en mi mente. Desde siempre me he interesado por las distintas formas de movilidad urbana y, en especial, por los aspectos relacionados con la sostenibilidad ambiental y la salud pública. Hace muchos años que colaboro con colectivos ciclistas de Madrid, y participo en muchas reivindicaciones relacionadas con el desarrollo de la movilidad ciclista.

Aunque hace ya tiempo que hay evidencias acerca de los perjuicios de la polución sobre la salud, hace solo pocos meses que esta cuestión ha saltado a las portadas de los informativos. Se escribió algo cuando, por fin, en 2013, la OMS añadió la contaminación atmosférica a la lista de agentes cancerígenos; pero la noticia pasó casi inadvertida.

Es curioso pensar que, ya en 2005, la Agencia Europea de Medio Ambiente estimaba que eran 5 millones los años de vida perdidos, anualmente, por el total de la población europea por culpa de las muertes prematuras achacables a la contaminación. En el informe “Air quality in Europe-2016”, la misma Agencia cifra en más de 29.000 las muertes prematuras achacables a la polución a lo largo del 2015, sólo en España; cabe recordar que las muertes en accidentes de tráfico en nuestro país rondan “sólo” las 1.200 al año, y son motivo permanente de preocupación. Son datos demoledores que no se leen ni se publican. Hay que buscarlos.

A todo ello cabe añadir que, al menos en las grandes ciudades, más del 70% de monóxido de carbono, partículas PM2,5 y óxidos de nitrógeno proceden de los motores de los vehículos. Por lo tanto, hay una relación clara e indiscutible entre el uso (y abuso) del vehículo privado a motor y la salud de los ciudadanos/as.

Pero han tenido que ser las primeras y recientes restricciones al tráfico, en algunas ciudades españolas, las que activaran el debate sobre todo ello. ¡Qué alegría –pensé-, que al final los medios se hagan eco de esta realidad!. Ingenuo de mí…. Pronto pude advertir, sin apenas dar crédito, cómo muchos periódicos e informativos convertían esas medidas antipolución en arma política y analizaban solo los perjuicios causados por las restricciones y prohibiciones, sin citar apenas el porqué de las mismas.

Me entristece profundamente constatar cómo una parte importante de la sociedad antepone la libertad de usar el coche por delante del derecho a la salud y a la vida (propias y de nuestros conciudadanos/as). Me preocupa que tengamos que esperar a las restricciones y a las prohibiciones porque no somos capaces de dejar el coche de forma voluntaria, a pesar de los avisos de picos de contaminación y de las advertencias de unas autoridades que, por fin, parecen implicarse en el problema.

Y todo ello me lleva a reflexionar sobre la sociedad que hemos construido. ¿Qué ha sido de la capacidad de analizar, juzgar y actuar en consecuencia? ¿Por qué tenemos que llegar a las prohibiciones y a las restricciones en temas tan serios y tan evidentes? ¿Somos realmente una sociedad adulta?

He tenido ocasión de comentar estas cosas con varios compañeros y allegados. La mayoría son conscientes del problema, pero son incapaces de cambiar de hábitos de movilidad. Ni siquiera en épocas con altos índices de contaminación. Es cierto que el coche reduce tiempos de desplazamientos en muchas ocasiones. Pero, ¿cómo podemos esgrimir ese argumento para justificar el aumento de enfermedades y fallecimientos? ¿No somos capaces de montarnos en el bus, en el metro, pedalear o, simplemente, caminar, sabiendo que con ello contribuimos al bien común, mejorando la salud y la calidad de vida de nuestros vecinos y vecinas…?

Porque, fijaos, no he citado para nada el efecto global que sobre el clima puede tener un uso inadecuado de nuestros vehículos. Entiendo que nos cueste calibrar las consecuencias, lejanas, de nuestras emisiones (cercanas). Pero no hablo de eso; hablo de que el cáncer de pulmón de nuestro vecino del tercero (que nunca ha fumado) pueda ser probablemente debido a la mala calidad del aire que ha respirado durante años y a la que yo he contribuido con el uso (muchas veces evitable) de mi coche.

Tengo la sensación de que, al menos en las grandes ciudades, los cambios de estilo de vida tienen un escollo importante en el ámbito de la movilidad. ¡Ojalá me equivoque! En cualquier caso, bienvenido el debate, aunque tenga que partir de prohibiciones y restricciones.

Imagen principal tomada de http://comparko.com/blog/contaminacion-en-madrid/
Imagen secundaria tomada de http://www.transportealdia.es/wp-content/uploads/2015/10/La-contaminacion-por-ozono-se-expande-fuera-de-la-ciudad-de-Madrid.jpg

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Cristianismo y Ecología
Somos un grupo de cristianos que, tras un proceso de reflexión que venimos compartiendo desde el año 2012, buscamos cultivar en nuestra vida la pasión por la Justicia y el cuidado del Medio Ambiente, en la línea de lo expresado por el papa Francisco en la encíclica Laudato Si'. Desde ahí queremos construir unos estilos de vida más coherentes y transmitir esta experiencia buscando tender puentes de diálogo entre los distintos posicionamientos vitales. Somos: Jorge Gallego. Arquitecto, profesor, marido, padre, acompañante de jóvenes, comunidades y emprendedoras, miembro del huerto urbano Aliseda 18 y del mercado de la economía social, auditor energético, en búsqueda de un buen vivir. Xavier Pifarré. Creyente practicante y ecologista militante, desde pequeñito. Convencido del decrecimiento, personal y colectivo. Además, padre de familia, radiofísico de profesión y parroquiano de Nuestra Señora de Las Rosas, Madrid. Alberto Sánchez.  Alcarreño de nacimiento y madrileño de adopción, empleado público de vocación, ingeniero de formación, padre de hijas adolescentes en prácticas, creyente en búsqueda, aprendiz de hortelano y colaborador de la Parroquia de Las Rosas. Adilia Vianney Estrada. Guatemalteca de nacimiento y ciudadana universal de corazón. Trabajadora Social de formación y vocación. Creyente, implicada en la Parroquia San Ambrosio en Vallecas. Comprometida e interesada en lo social, el decrecimiento y la ecología. Jesús Sanz. Profesor de Antropología Social. Firme convencido de que realizar un consumo responsable y crítico promueve el cambio social. Implicado en diferentes iniciativas relacionadas con el consumo responsable, la soberanía alimentaria y el movimiento ecologista. Pedro José Gómez. Profesor de economía y teología. Casado con Ana y padre de Luna y Alba. De la comunidad cristiana "Los Pelos" en el barrio de Pan Bendito. Formador en cooperación y voluntariado social. Deseoso de aprender a vivir de un modo sostenible. José Eizaguirre. Nacido y crecido en Madrid. Apasionado por el Creador, las criaturas y la Creación. Buscador y divulgador de maneras de vivir que no hagan daño a nadie. En definitiva, estilos de vida solidarios, sostenibles, saludables y espirituales. Miguel Ángel García. Casado, padre de dos hijos y creyente ilusionado en un Dios que nos ama, nos regala la vida, nos acoge y nos perdona en Jesús. Médico de familia y luchador por un mundo mejor (tanto en lo ecológico como en lo social), en proceso de conversión.

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