Móvil en educación: replanteando la cuestión

Si preguntas en Google por el uso del móvil en educación saldrán artículos de hace unos años, cuando se empezaba a plantear socialmente esta cuestión. Desde entonces hemos ganado en experiencia y visión. Los más optimistas, que nunca fueron del todo ingenuos, limitan sus esperanzas. Los más pesimistas se apoyan en artículos científicos. Y unos y otros van encontrando un lugar común para dialogar. Su avance es imparable y sería ridículo darle la espalda. El móvil en educación sigue planteando retos y oportunidades incuestionables.

Lamentablemente, incluso la mejor de las posibilidades puede quedar en nada. Si viviésemos en el siglo II y llevásemos de excursión a todos nuestros alumnos a la Biblioteca de Alejandría, no por eso saldrían de allí sabiendo algo más, ni mejores personas. ¡Las cosas por sí mismas valen poco! ¡Al móvil en educación le falta poco de móvil y mucho de educación! Su dificultad está aquí, en lo estrictamente educativo y en su contribución a la formación integral del alumno. El otro día pregunté en clase sobre esta cuestión y la mayor parte de mis alumnos reconocen que el móvil es un estorbo en su estudio en casa. Si están con él, incluso si lo usan para algo educativo en principio, en seguida se distraen y pierden eficacia con otras cosas. En clase, sin embargo, cuando se usa para algo en concreto, es distinto.

¿Acaso no saben, dicho sea de paso, lo fácil que sería organizar sus tareas usando el móvil para ello? ¡Calendario, tareas, horario de actividades, tiempos disponibles, contactos de todo tipo, chats y foros específicos, información multicanal sobre cualquier asunto, recursos de ayuda!

Replantear el uso del móvil en educación

  1. Una herramienta indispensable. Hoy leemos principalmente en Internet. Adquirimos conocimientos a partir de nuestras búsquedas e intereses. Muy ligados en cierto modo al momento concreto. Son búsquedas parciales sobre temas específicos. Pero hace falta educar en una competencia digital capaz de seleccionar y encontrar lo bueno, no ya lo mejor, entre la inmensidad de posibilidades existentes. Muchos desconocen, por ejemplo, tanto la sección de Artículos de Google, como sus herramientas y formas específicas de búsqueda. También muchos pierden referencias por no tener la costumbre de guardar lo interesante. ¿Cómo darle, a estos pequeños escarceos informativos, un sentido más global? El móvil en educación no sólo puede estar al servicio de las búsquedas, dicho sea de paso. Es un primer peldaño que pronto debe ser superado. Hay que hacer cosas, construir espacios, gestionar conocimiento e información, manejar datos, relacionar cuestiones, abrir preguntas que no se han resuelto.
  2. Usar la tecnología es el mejor modo de educarse en ello. Hablamos de la necesidad de educar a los jóvenes a usar correcta y adecuadamente la tecnología, pero no sé en qué estamos pensando. O bien que el padre se siente y le enseñe, o bien que participe en algún taller concreto, o bien que aprenda por sí mismo y de manera espontánea. Yo puedo hablar a mis alumnos de lo fundamental que es (y más que será) la identidad digital y de cómo crearla, cuidarla y dirigirla, pero al final es como si me quedase de brazos cruzados esperando que surja. Puedo hablar a mis alumnos de las bondades en las redes sociales o de unas buenas RRS, pero ¿cuándo llegará a ellos esa necesidad? O, por el contrario, puedo ponerme con ellos y orientarles decididamente en esta tarea, que ya es tocar de algún modo el mundo real.
  3. Un uso diferente. Les provoca extrañamiento no utilizar el móvil para un uso comunicativo o lúdico. Aquí se abre una ventana distinta, para muchos la primera vez casi que la utilizan. De ahí que sea tan importante que el móvil en educación tenga carta de entrada, no de salida. Confundimos el aparato y sus posibilidades, con lo que ellos hacen normalmente con él. Usarlo en clase es abrirlo a una nueva dimensión.
  4. No contamos con otros dispositivos. Por eso es tan útil. Si tuviésemos tablet para todos u ordenadores portátiles, contactos de forma sistemática a la red del centro, todo sería diferente. Sin embargo, es lo que tenemos. El reto está aquí en conjugar disponibilidad y obligatoriedad, también en lo referente al gasto que supone y los riesgos que conlleva que estén dentro del centro. La ley ya sabemos que tiende casi exclusivamente a conservar y cubrirse, más que a dar el paso adelante. ¿Se asume el riesgo y el coste? ¿Es fecunda esta inversión o no vale realmente para nada distinto?
  5. Comenzar por la gestión. Muchos han ido sólo hacia lo educativo en cuanto a contenido, pero el móvil también educa actitudes ante la vida o comprensiones del mundo diversas. Sería muy bueno que un alumno tuviera en su móvil las tareas que tiene que realizar en una sencilla aplicación, o usase convenientemente el calendario para la gestión de su tiempo de trabajo. Esas cosas, que sabemos que son posibles, todavía muchos las hacen en papel. O abrirse cuentas específicas educativas en redes sociales que abarquen las asignaturas que estudian en un año, y hacer una búsqueda de posibles cuentas y contenidos que seguir. Es sin duda una forma de aprender diversa, estando al día por ejemplo en noticias científicas o conociendo perfiles de alto interés y valor educativo o formativo.
  6. Centra la atención y potencia la motivación. Usar el móvil en educación, por sí mismo, en muchos casos sigue siendo novedoso. De tal manera que una actividad sencilla resultará más llamativa. A su vez, lo mismo que se critica por la tarde cuando se usa mal en casa, absorbe la atención de quien lo usa. Ayuda, en cierto modo, a la concentración del joven. Pero también, no hay que olvidarlo, dispersa. ¿Debemos en clase usar cualquier cosa para motivar a los alumnos? ¿El fin justifica, por sí mismo, los medios que se emplean? Me surgen dudas al respecto, porque no todo vale. El problema de atención y concentración generalizado en la generación multitarea es preocupante.
  7. Orientación pedagógica. Digamos, sinceramente, que muchos de los que comenzaron a usar el móvil en clase no lo hicieron porque sí. La gente innovadora no hace porque sí las cosas. Detrás de sus proyectos había y hay una intención pedagógica clara. Es lo que muchas veces falta entre quienes copian, sin más, lo que otros hacen. Los primeros son creativos pedagógicos, los segundos se suman a las modas. Los educadores que abrieron brecha respecto a su uso en clase tenían claro el objetivo y el motivo. Es más, es precisamente aquí donde reside toda la fuerza de cualquier cuestión que se haga en clase. Lo demás será estar por estar, hacer por hacer.
  8. Combinar con otras metodologías. Pienso que hay metodologías muy diversas que están hackeando la educación por dentro, como si se tratara de una revolución silenciosa pero eficaz que prepara a los alumnos para la sociedad del conocimiento compartido. Hemos visto cómo ninguna de ellas da la espalda a la tecnología y lo que comporta. Antes al contrario, tiende a hacerla aliada de su transformación. También vamos comprobando que estas nuevas metodologías por sí mismas, aplicadas de forma exclusiva, tienen deficiencias, pero que su relación y simbiosis es muy enriquecedora. Junto a tanta buena innovación, el móvil en educación es común denominador.
  9. Procesos de adaptación y crecimiento. Hemos aprendido que no vale llegar a clase y que saquen el móvil para hacer algo, sino que hay que adaptar muchas cosas. Empezando por lo que ellos esperan que sea una clase normal. Porque en ocasiones el uso del móvil es más exigente que estar mirando al profesor pensando en lo suyo. En las primeras fases de iniciación diría que es necesario dialogar y realizar tareas con tiempo muy limitadas. En un segundo momento, organizar equipos de trabajo y gestión. En un tercer momento, con mayor amplitud, se convertiría en una herramienta integrada en el sistema. No por ello, sin problemas.
  10. Seguimiento real y concreto. Al final de cada clase, incluso durante la misma, se puede estudiar la trazabilidad de los procesos educativos, si se trabaja en entornos virtuales de aprendizaje. Se puede ver, por ejemplo, de una tanda de actividades o recursos, dónde está cada uno y qué le falta, qué le ha llevado más tiempo y qué no, si la clase en general realiza un ejercicio generalmente bien o no, si hay pequeños aspectos que corregir. ¿Cómo hacerlo de forma más sencilla? Listas de tareas que sea comunes, por ejemplo, en la que se va marcando lo realizado y lo que falta por conseguir.
  11. Surgen nuevos conflictos. Por si fueran pocos los que la escuela tiene, el móvil en clase ofrece una fuente más. Quien tiene y quien no tiene, quien tiene datos y quien no tiene, quien el último modelo y quien tiene otro más antiguo… Quien sabe y quien no sabe, quien enseña y quien va a lo suyo, quien necesita más apertura al otro y quien es incapaz de trabajar con los demás… Además de los derivados de su mal uso directo: jugar, distraerse, hacer una foto y colgarla en la red. Creo que no saber identificar a tiempo estas cuestiones redunda en la problemática y en otros aspectos directamente relacionados con lo académico y la convivencia.
  12. Dedicar tiempo a la revisión del uso, en general. Dotando a su vez de nuevas estrategias. Para muchos sigue siendo todavía el “si te pones a estudiar, deja el móvil” la única estrategia educativa. Pero hace falta estar encima de los chavales respecto a cómo usan ese pequeño ordenador de mano. A qué dedican su tiempo, con quién hablan, dónde están, cuál es su grado de dependencia. Igual que un padre o una madre, creo que hay varias preguntas clave que hacer a un hijo respecto al uso del móvil: qué haces con él, qué te aporta en estos momentos, con quién te relacionas, qué ofreces de ti a los demás, cuáles son tus intereses…
  13. El éxito no sólo está en la tarea, sino en la personalización. Un móvil en educación por alumno significa la posibilidad de personalizar el aprendizaje de cada alumno según sus necesidades y capacidades, con itinerarios y ritmos realmente diferentes, con la oportunidad brindada al profesor de acercarse al alumno a atender sus requerimientos mientras otros continúan adelante. Un simple vídeo de YouTube, colgado específicamente para una clase, usando links internos dentro del mismo vídeo puede significar una auténtica personalización en el proceso de cada uno. O abrir una carpeta de contenidos diversos, en los que se propongan itinerarios de libre elección para un mismo asunto. Para llegar a esto sólo son necesarias dos cosas: un grupo de profesores que trabaje conjuntamente, y tiempo para hacer el material necesario. Uno solo podrá, pero serán uno o dos, no una revolución educativa.
  14. El paso al networking y colaboración. Aspectos que se dan la mano íntimamente. Ya sabemos de los males del whatsapp y sus grupos de alumnos, que aparecen sistemáticamente en toda noticia sobre ciberbulliying escolar. Pero desconocemos en ocasiones sus bondades. Mis alumnos este año se están gestionando a partir de grupos de Whatsapp en los que hay un experto. Una especie de foros de ayuda (mutua, porque quien enseña también aprende) en los que un compañero está “disponible” para solucionar dudas de una materia. La cuestión es cómo usarlos sólo para eso, limitar y precisar su uso al máximo en torno a esa cuestión. A ellos, tan duchos en la materia y tan nativos digitales como algunos dicen, no se les había ocurrido usar así el móvil en educación.
  15. Hacer más que recibir. Los nuevos dispositivos permiten mucho más que ser pasivos receptores de información. El móvil en educación en gran medida debe afrontar estos retos y preparar para el futuro. Se trata, por tanto, más bien de lo contrario: de hacer, gestionar, relacionar y relacionarse con el mundo a través del móvil. Sin conocer esas estrategias (por ejemplo, para almacenar o leer de forma selectiva, o para escribir entre varios un mismo documento) no llegarán a ellas. También conviene dar una vuelta a lo que aportan sus otros usos (más lúdicos) a sus vidas. Con buena intención hay quien suele abrir brecha siempre. Por qué no plantearle sinceramente que se salgan de la norma haciendo otras cosas diferentes, por qué no aprender de los mejores.
  16. Visualidad, imágenes… esquemas. El consumo digital es rápido, impone su velocidad en todo. Por rápido entendemos tanto efímero como cambiante, poco repetitivo. Se impone lo visual, lo audiovisual. Y aquí el gran reto educativo: ven y oyen, pero hablan poco, participan poco. Se han vuelto consumidores en un mundo en el que triunfa el desparpajo y la soltura ante la cámara, el lenguaje directo y concreto, el mensaje repetido de múltiples formas. Educar hoy es, como nunca, enseñar a hablar, a expresarse, a marcar la diferencia en este sentido de forma clara. Un esquema tendría que ser suficiente para hacer una exposición propia y personal sobre un tema educativo.
  17. No despreciar otros instrumentos. Aprender, por así decir, que el móvil en educación tiene su espacio dentro del ecosistema, pero no lo es todo, mucho menos despreciando el uso de otras estrategias e instrumentos. Una tiza es mucha tiza.

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