Mounier, el compromiso de un hombre espiritual

Emmanuel Mounier

Por: Luis Aranguren Gonzalo. Director de ediciones de PPC

“Asistimos al derrumbamiento de una era de civilización nacida a finales de la Edad Media, consolidada al mismo tiempo que minada por la época industrial, capitalista en su estructura, liberal en su ideología, burguesa en su ética. Participamos en el alumbramiento de una civilización nueva”. Acaso esta frase pareciera escrita en la acampada de la puerta del Sol de mayo de 2011 en Madrid. Pero no. Se la debemos a Emmanuel Mounier, nacido en 1905 y fallecido prematuramente en 1950. Y la cita corresponde al año 1936.

Emmanuel Mounier

Difícil de definir y encasillar a un hombre intelectualmente brillante, que abandonó sus estudios de medicina para dedicarse a la filosofía, y cuando se desplazó desde su Grenoble natal hasta el París de la Sorbona y de los grandes filósofos de la Academia, renuncia a una brillante carrera en la Universidad. Su lugar estaba entre el pueblo promoviendo una sociedad centrada en la persona como eje del quehacer político, educativo y social. Miembro de la Resistencia francesa fue encarcelado; en ese tiempo muere de encefalitis su primera hija. Esta circunstancia le acompañó trágicamente hasta el final.

Mounier es contemporáneo de una generación de brillantes pensadores de entre guerras: Sartre, Marcel, Simone Weil y tantos otros. Es uno de los iniciadores del personalismo comunitario, una rama del existencialismo que siempre fue orillada desde la Academia por no ser una filosofía acabada y sistemática. Y así es. Mounier construye su pensamiento en el fragor del combate entre fascismo y comunismo. Le preocupa la persona, que no sea anulada por ningún tipo de totalitarismo. Es consciente de que habita en un mundo presidido por el desorden establecido, expresión referida a la entrañas de un tipo de sociedad donde aparentemente las cosas funcionan pero a costa del sufrimiento invisibilizado de demasiada gente.

Él señala la crisis de civilización como la oportunidad para alumbrar un tiempo nuevo. La respuesta a esta crisis será rehacer el Renacimiento. Se propone encontrar la forma de reconciliar a la persona con la sociedad. Recuperar a la persona en un mundo ocupado tan solo por la afirmación absoluta del individuo, la raza, la clase, la nación o la fuerza del poderoso. Mounier se enfrenta a los reduccionismos que instrumentalizan a la persona: liberalismo, espiritualismo, colectivismo, individualismo, activismo, y tantas otras son expresiones que llevan en su corazón la negación de la persona como valor absoluto y como creador de comunidad desde su apertura constitutiva a los demás.

La propuesta operativa de Mounier se centra en la fundación del movimiento Esprit, un verdadero foco de irradiación personalista y comunitaria a través de la creación de grupos por toda Francia. La revista Esprit será el vehículo de expresión de este movimiento. Más que elaboración teórica, Esprit bebe del acontecimiento: “el acontecimiento será tu maestro interior”, escribe Mounier a uno de los directores de Esprit. En este movimiento confluyen cristianos de distintas confesiones, agnósticos e increyentes. Mounier, católico, encuentra en los no creyentes a sus mejores aliados. Y Esprit será durante mucho tiempo un centro de reflexión y aprendizaje entre gentes de diversas procedencias. Escuela de diálogo entre diferentes.

Emmanuel Mounier
Emmanuel Mounier

Cuando ahora hablamos de la creación de identidades cosmopolitas arraigadas en un lugar y una cultura pero abiertas a otros, cuando ahora tratamos de combatir el pensamiento fatalista del conformismo con lo que hay, cuando nos enfrentamos a una economía que excluye y desplaza a la persona, Mounier  constituye un pequeño faro que nos ayuda a pensar y a vivir de otro modo. Sus extensa obra está recogida en español en cuatro volúmenes publicados por la Editorial Sígueme. Ahí podremos bucear en la originalidad de un pensamiento siempre constituyente y nunca acabado; un pensamiento que nace de la acción comprometida y a ella vuelve. Un pensamiento que se hermana con la mística de un hombre profundamente espiritual que observa a la persona no desde la biblioteca sino desde la historia concreta que vive con su gente. Y contempla la marcha de este mundo desde lo que él denominó el optimismo trágico, esa tensión que surge entre el absoluto de la esperanza y la precariedad de la condición humana.

¿Cuál es el alcance del pensamiento de Mounier? Difícil de calibrar. Lo que sí es cierto es que el personalismo comunitario de este filósofo inclasificable constituye una forma lúcida de hacerse cargo de la persona y del mundo y de sus posibilidades de transformación.

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