La angustia como motor de la existencia

Foto de la autora.
…de la angustia no puede huir, porque la ama; amarla no puede propiamente,
puesto que la huye.
Sören Kierkegaard

 

Estamos finalizando el semestre en la UCAB y con mis queridos estudiantes de Letras, cátedra Historia del Pensamiento, hemos estado trabajando –en estos últimos días- los aportes más relevantes de la filosofía contemporánea. Es por ello que con la premura del tiempo y de un semestre que siempre queda corto, nos hemos concentrado en estudiar y actualizar al existencialismo y los temas fundamentales de la condición humana que han problematizado los autores más relevantes de esta corriente de pensamiento.

Durante todo el semestre, nuestros estudiantes han puesto todo su empeño en abordar las reflexiones filosóficas que van desde Sócrates hasta nuestros días, lo han hecho en un país que no les otorga las más mínimas condiciones para ello, pero que se mueve a punta de convicción, trabajo y esperanza por un futuro mejor. A todos mis estudiantes, tanto de Letras, como de Sociología y Filosofía, mi más sincero cariño y agradecimiento por no desfallecer, por su arrojo al no abandonar las aulas y seguir trabajando en ellas por alcanzar sus sueños, a pesar de la mordedura de una realidad cotidiana que atenta contra ello día tras día. E, igualmente, mi abrazo cercano a todos nuestros estudiantes que se han marchado –que son muchos- buscando un futuro mejor; mi reconocimiento por su valentía al seguir luchando en otras tierras por sus anhelos y sueños más profundos.

Clase de Historia del Pensamiento en los jardines de la UCAB. Foto de la autora.

Les había dicho a ustedes, mis gentiles lectores, que en el siguiente post íbamos a trabajar el problema de la autenticidad, como lineamiento moral, que se desprende de las diversas posturas existencialistas (pensaba particularmente, en la sartreana) tratando de realizar reflexiones a la luz de lo que significa ser auténticos y “su relación con vivir una ‘bella vida’ porque superamos cada vez, con convicción e integridad, las situaciones límites que nos depara la vida.”

Angustia existencial y autenticidad

Ahora bien, antes de trabajar el problema de la autenticidad, nos conviene revisar a la angustia existencial como modo fundamental de la existencia humana de la mano del padre del existencialismo, a saber, Sören Kierkegaard, quien trabajó la elección auténtica a la luz de la angustia como pathos primordial en donde nos jugamos el sentido de nuestra existencia. Pero, ¿qué significa que nos jugamos el sentido de nuestra existencia?

Según el autor danés, si asumimos la angustia existencial de hacernos, de elegir y desarrollar plenamente nuestro ser sin modelos o convicciones pre-establecidas estamos siendo auténticos, mientras que si elegimos no asumir la angustia que implica edificar nuestra existencia sin un suelo seguro, sin un absoluto que nos resguarde, estamos eligiendo ser inauténticos. La autenticidad supone que estamos acordes con nuestro ser levantando nuestras verdades, encarnándolas, que nos explayamos siendo libres y que, gracias a ello, mejoramos cualitativamente nuestra existencia, al contrario, la inautenticidad implica que elegimos la evasión de nuestra libertad y el engaño porque tenemos miedo de asumir la libertad que somos, de modo tal que, terminamos por disminuir cualitativamente nuestra existencia, cosificándonos.

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A primeras luces en Kierkegaard, la autenticidad implica coraje, entrega y, fundamentalmente, sufrimiento, temor y temblor, porque vivimos el vértigo de elegirnos sin un cimiento radical que garantice que lo estamos haciendo correctamente. La angustia vivida así es motor de la existencia porque nos conduce a elevarnos existencialmente, en la medida en la cual, nos aplicamos a nosotros mismos una reflexión que nos permite ponderar nuestras elecciones en favor de la existencia humana, mientras que si sucumbimos ante la angustia que experimentamos por no tener verdades absolutas que garanticen nuestra elección, desesperamos, enfermándonos mortalmente y erigimos proyectos de vida inauténticos que limitan el desarrollo pleno de nuestro ser y de nuestra íntegra humanidad.

El concepto de angustia en Kierkegaard

Ahora bien, según Kierkegaard, la angustia es resultado de la falta de significado con el cual el mundo se presenta al hombre, insertado en la propia infinitud de posibilidades existenciales. El estudio que realiza Kierkegaard en torno a la angustia en “El concepto de angustia”, parte del análisis del concepto de inocencia, donde las consecuencias de la pérdida de la misma, contribuyen a establecer la angustia en el hombre como aquel sentimiento originario de ignorancia y desconocimiento de su porvenir.

Kierkegaard en su estudio plantea la angustia del hombre ante la nada y ante sí mismo: ante la nada como infinitud de posibilidades que tenemos de elegir y ser y ante sí mismo porque no sé si mis elecciones están siendo correctas para mí mismo. Así, el existente experimenta angustia porque no sabe con certeza si su libertad está siendo ejercida plena y correctamente en las decisiones que toma. Como decíamos anteriormente, el mundo ofrece una infinitud tal de posibilidades y de resistencias que el sujeto debe negar o realizar. Pero, aún más angustiante es la incertidumbre de no saber si lo elegido es lo más adecuado para uno mismo.

Dado que el existente no posee determinaciones que hagan de él una cosa hecha, éste se experimenta como un ser sin fondo y, desde el desfallecimiento que produce esa imagen, ejerce su libertad para ir construyendo su existencia. Asumir ese desfallecimiento, no rehuirlo es el primer paso para construir una existencia auténtica. A su vez, el sujeto al edificar su experiencia vital no encuentra el fondo de su ser, puesto que no lo posee en la medida en la cual, el hombre siempre se está haciendo, a cada instante. Así:

El espíritu tiene angustia de sí mismo, no puede librarse de sí mismo; tampoco puede comprenderse a sí mismo, mientras se tiene a sí mismo fuera de sí mismo… de la angustia no puede huir, porque la ama; amarla no puede propiamente, puesto que la huye. (1)

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Experimentar la angustia es enfrentar el desmoronamiento de las verdades consideradas como absolutas. Por lo tanto, escoger es arriesgar el propio ser en cada elección, es elegirse, viviendo la angustia y las inquietudes y conflictos en la propia interioridad. El existente en Kierkegaard se encuentra replegado en su intimidad, presionado por el peso de su existencia. El peso de la existencia es tal porque en soledad el individuo debe construir la “verdad subjetiva”, es decir, su verdad dirigida hacia lo absoluto. Para Kierkegaard, esto supone un largo debate interior, donde la agonía de la angustia permite los saltos cualitativos de la existencia. Estos saltos vienen a ser los tres estadios de la existencia: estético, ético y religioso; cada cual corresponde a niveles superiores de la vida del individuo en relación con la divinidad. Para poder dar dichos saltos existenciales se requiere de la angustia vivida reflexivamente, la angustia auténtica.

Angustia existencial y tiempo en Kierkegaard: El instante

El existente auténtico, inmerso en un mundo donde decide constantemente, enfrenta el tiempo de manera inusual para aquellos que no están comprometidos con la autenticidad. El instante de la elección condensa la eternidad, la posibilidad y, a su vez, la elección finita que determina los posibles subsiguientes. La vida sensible, la existencia mundana no conoce otro tiempo, salvo el instante en donde elegimos a cada momento. Esa elección angustia al existente, puesto que, de esas elecciones depende el sentido de su vida. Es decir, que en un instante elegimos comprometiéndonos en nuestra elección, corriendo el riesgo de la misma, siendo plenamente responsables del ejercicio de nuestra libertad.

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El tiempo es, pues, la sucesión infinita; la vida, que es en el tiempo y pertenece sólo al tiempo, no tiene ningún presente. Cierto que a veces suele definirse la vida sensible diciendo que es en el momento y sólo en el momento. (2)

La gran lucha del espíritu, según Kierkegaard, en el debate de la elección radica en mantenerse abierto a la infinitud, conservando la riqueza de las alternativas. El espíritu angustiado cuando decide vivir auténticamente, decide luchar constantemente para conservar su libertad. Hemos dicho que la angustia convive con el hombre aunque éste trate de olvidarla. Y, de la misma manera, el espíritu que desea olvidar la angustia nunca alcanza a eliminarla: sólo permanece más alejado del camino hacia lo absoluto. Engañarse internamente no elimina la angustia ante la nada, ni logra disiparla. Kierkegaard le dedicó otra gran obra a la evasión de la angustia como enfermedad mortal, a saber, “El tratado de la desesperación”.

Más allá de Kierkegaard

¿Qué nos queda de este análisis de la angustia existencial para los fines de nuestra labor? Recordemos que nuestra pretensión es estar cada vez más cerca de una reflexión encarnada que viva coherentemente sus convicciones y, a partir de allí, que establezcamos relaciones concretas auténticas con el otro, que sean honestas, libres e igualitarias, de mutuo reconocimiento. Considero que con una reflexión encarnada tenemos mayores oportunidades de elaborar y de acompañarnos en proyectos auténticamente demócratas, porque defendemos -piel a piel- en la intimidad de nuestro hogar, de nuestras familias, con nuestros amigos, en el trabajo y en toda la sociedad, nuestros derechos a ser tratados siempre como personas, dignas de respeto y merecedoras de un trato justo y solidario.

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A su vez, con una reflexión encarnada estaremos tejiendo lazos más cercanos con los otros porque nos tratamos siempre como fines en sí mismos, promoviendo los valores de la confianza; valores que generan un acercamiento mutuo, escucha y solidaridad entre unos y otros y, además, que nos resguardan en las situaciones límites de vulnerabilidad que hemos de enfrentar a lo largo de nuestra vida. Esto es así porque gracias a la asunción de nuestra libertad auténtica, no nos volvemos cosa ni pactamos con aquellas estructuras que nos quieren convertir en tales anulando nuestra humanidad. De modo tal que estamos abiertos al mundo y al encuentro con el otro.

Así que Kierkegaard pareciera ser un buen punto de partida para seguir construyendo la reflexión encarnada que nos ocupa, en la medida en la cual, Kierkegaard ha puesto en el tapete el problema de la libertad, siempre a través de la angustia existencial. Ser libres, no es sencillo. Requiere de compromiso con nuestra humanidad, con la libertad, con la Humanidad. Se trata de derribar los muros del miedo y de enfrentar todo aquello que interiormente y exteriormente quiere destruir nuestras posibilidades de ser cada vez mejores personas.

Es por ello que es prioritario enseñar en el aula, a las nuevas generaciones, los valores de la libertad y las consecuencias negativas para nuestra humanidad si decidimos evadirnos. Quizás, más adelante, alcancemos a construir -sin tanta angustia existencial y con mayor entrega amorosa y fluidez- el encuentro con el otro y con nosotros mismos.

Seguiré trabajando la autenticidad en nuestra próxima entrega. A mis gentiles lectores, muchas gracias por su paciente lectura y, a todos mis estudiantes, les deseo un merecido descanso en las vacaciones que se avecinan. Mientras que a mis ahijados, la Promoción LIV de Sociólogos de la UCAB, que me otorgaron la dicha y el honor de nombrarme madrina de promoción  junto al profesor Antonio Suárez que es el padrino, los invito a seguir “sacudiendo el tablero” y a asumir con areté el compromiso con la libertad constructora de Humanidad. ¡Un abrazo de su profe que los quiere mucho y, recuerden, siempre para adelante!

Referencias bibliográficas:

  1. KIERKEGAARD, Sören: El concepto de angustia, Madrid, Espasa-Calpe, 1979, p. 62.
  2. Idem, 108.

 

4 Comentarios

  1. Como usted comenta, profesora. Me parece fundamental la idea de la angustia como motor de la existencia. Sobre todo, porque me impulsa a comprenderse y nos ayuda a tratar de vivir la contradicción que somos. Asimismo, la angustia no para regodearme, ya que termino negándome; sino, porque es la que me permite construirme, me mueve a encontrar un significaco. De esta manera, como amamos la angustia, nos hace recordar que existimos y nos hace construir la elección auténtica, gracias a que elegir es elegirse. De este autor se desprende que si asumo la angustia que me da el mundo, tengo un proyecto de vida establecido y gracias a ella asumimos nuestra existencia, entramos en el renglón de la autenticidad. En este sentido, soy nada, porque soy Infinitud de posibilidades, una conciencia que reflexiona. Por ende, soy libre: no tengo contenidos que me determinen, yo me tengo que hacer; lo paradójico es que existencialmente me da vértigo la nada que soy y, aún así, es deseable construirse, porque corresponde al ser.

  2. Muchísimas gracias Sres. Jonathan Fuentes y Pedro María Górriz Unzu por la lectura de mi artículo. Les agradezco sus comentarios y sus agudas acotaciones. Paso a comentar sus aportes para, así, enriquecernos en el intercambio de ideas.

    Efectivamente, el estudio que realiza Kierkegaard en torno a la angustia en “El concepto de angustia”, parte del análisis del concepto de inocencia, donde las consecuencias de la pérdida de la misma, contribuyen a establecer la angustia en el hombre como aquel sentimiento originario de ignorancia y de desconocimiento frente al porvenir. Como he mencionado en artículos previos que sostienen mi lectura de Kierkegaard –publicados en entreparebntesis.org-, el estudio de la angustia del hombre ante la nada y ante sí mismo es el norte de mi investigación que pretende re-crear los diversos existencialismos para formular y desarrollar, a partir de allí, una “reflexión encarnada” que nos permita dar cuenta, con mayor cercanía y afectividad, de las situaciones de vulnerabilidad existencial y social que padecen los más vulnerables de nuestra sociedad en la actualidad cuando enfrentan condiciones de exclusión y discriminación social. He dejado de lado, intencionalmente, las nociones de culpabilidad y pecado en la noción de angustia expuesta, si bien son relevantes a la hora de comprender la génesis de la angustia en el autor danés, mas no para desarrollar una “reflexión encarnada con el fin de arribar a un existencialismo hoy que pueda dar cuenta de las dimensiones fundamentales de la existencia humana con mayores grados de cercanía, empatía y solidaridad”. De modo tal que si bien Kierkegaard en “El concepto de angustia” y en el “Tratado de la desesperación” mantiene diversos enfoques en torno a la angustia y los caminos que ésta habrá de seguir hacia la divinidad, he argumentado previamente las razones por las cuales he procedido a exponer tales nociones centrándome, exclusivamente, en la angustia mundana. Todo el planteamiento teológico lo he excluido de mi enfoque, si bien merece ser atendido como ustedes bien señalan, cuando así lo requiera la exégesis en trabajos exclusivamente dedicados a la obra del autor. Quizás, efectivamente, merece recordarlo en unas líneas iniciales post para realizar una aproximación lo más cercana posible al autor y evitar confusiones a nuestros lectores. Gracias.

    Mientras que en relación al existencialismo cristiano desarrollado por Kierkegaard, éste supone la existencia de un absoluto más allá del hombre mismo, es decir, Dios. Ahora bien, mientras el existente se encuentre arrojado en el mundo, estará desprotegido puesto que sólo él puede escoger su camino. Dios como absoluto no garantiza el “buen” uso de la libertad. Precisamente, la angustia viene dada por esa intuición originaria del sujeto y su principal esfuerzo será descubrir cómo y qué debe escoger en esta existencia para alcanzar, posteriormente, la divinidad. Alcanzar a Dios desde la experiencia existencial del desprotegimiento es el propósito de Kierkegaard. Así, la presencia de Dios garantiza el reposo de la existencia, si -condicionalmente- el sujeto ha experimentado y superado la angustia radical que le han permitido los saltos cualitativos de la existencia. Es decir que el hombre se juega la eternidad en una lucha contra la nada, experimentando su finitud. Y precisamente por lo anterior, podemos hablar de Kierkegaard como el padre del existencialismo que inaugura la reflexión filosófica existencial, de modo tal que, estamos siempre invitados, a la luz del autor, a no realizar exclusivamente una lectura teológica de sus contenidos.

    Nuevamente gracias Sres. Jonathan Fuentes y Pedro María Górriz Unzu por permitirme este intercambio de ideas y enriquecerme y mejorar mi aproximación al autor a partir de sus aportes y lecturas.

    Mis saludos cercanos, Fernanda

  3. Excelente, lúcido, sencillo y eficaz en la expresión, Jonathan Fuentes deja en su nota testimonio de la ausencia, inexplicable para el entendimiento mínimo de la obra de referencia, de la noción-concepto de pecado que acompaña la obra entera en la vida de Soren Kierkegaard. En particular, resultaría casi ininteligible su concepto vivo de angustia. Ser creyente o ateo, en mi opinión, y en definitiva, no pesa ni obsta la comprensión/entendimiento filosóficos de esta parte de la obra de S. K.

  4. Es un buen artículo, pero se omite un detalle clave del pensamiento de Kierkegaard: El DOGMA DEL PECADO ORIGINAL.

    Por ejemplo, en la introducción de “El concepto de la angustia”, dice textualmente:

    “La presente obra se ha propuesto tratar el concepto de la angustia de una manera psicológica, pero teniendo siempre en mente y ante los ojos EL DOGMA DEL PECADO ORIGINAL. Por lo tanto, y aunque sólo sea tácitamente, también ha de hacer referencia al concepto del PECADO”.

    En el artículo, en ningún momento, se menciona la palabra PECADO, y, sin ese concepto, resulta casi imposible entender el concepto de la angustia de Kierkegaard. De hecho, junto con la palabra “angustia”, la palabra “pecado” es una de las más mencionadas en el libro.

    Hago esta acotación porque puede resultar que, luego de este este artículo, algunos estudiantes se interesen por leer la obra de Kierkegaard y, cuando inicien su lectura, ¡Vaya Sorpresa! El autor es un cristiano, defensor del dogma del PECADO ORIGINAL y que cree que (y cito textualmente) “el PECADO ha venido al mundo por medio del PRIMER PECADO DE ADÁN”.

    Hay que prevenir a los futuros nuevos lectores interesados en el existencialismo. No vaya a pasarles como a mí, que busqué leer filosofía en Kierkegaard y me encontré con Teología.

    Nota: Soy ateo. No se piense que hago esta acotación porque me encante el concepto de PECADO, pero es menester aclarar ciertos temas para que los nuevos lectores de Kierkegaard no se lleven “sorpresas”.

    Saludos.

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