Monseñor Romero y el Cuerpo de Cristo

Tal día como hoy, en 1980, fue asesinado Monseñor Romero. Este año 2016, el 24 de marzo cae en Jueves Santo, día del amor fraterno y de la institución de la eucaristía. Se da la circunstancia de que Monseñor fue asesinado, precisamente, mientras celebraba la eucaristía. Estamos a caballo entre su beatificación, en mayo de 2015, y la previsible canonización, quizá en agosto de 2017. Muchas coincidencias que nos invitan a aprovechar la ocasión para profundizar en la vida y el mensaje de este mártir de la fe y la justicia.

Lo haré en dos pasos sencillos. Primero, ofreciendo algunas reflexiones de Óscar Romero sobre el Cuerpo de Cristo en la historia concreta de un pueblo golpeado por la pobreza y la represión. Segundo, recordando algunos sucesos de la vida y la muerte del obispo mártir que plasman su identificación con el mismo Cuerpo de Cristo. La palabra y la vida.

LA PALABRA EN LA VIDA

Monseñor Romero tomó posesión como arzobispo de San Salvador en febrero de 1977. Los meses siguientes estuvieron marcados por una gran convulsión social y política, por el compromiso de la Iglesia al servicio de pueblo y como agente de reconciliación, y también por las críticas y la persecución creciente ante esa opción eclesial por los pobres. En ese ambiente, el arzobispo decidió escribir su segunda carta pastoral el 6 de agosto de 1977, para ayudar a discernir la situación. Se titulabaLa Iglesia, Cuerpo de Cristo en la Historia”.

Romero1Expone en primer lugar los cambios que han tenido lugar en los últimos años y explica que la razón de esos cambios es precisamente que la Iglesia es el «Cuerpo de Cristo en la historia» y, por lo tanto, debe comunicar el mensaje y prolongar la misión del Señor según los cambios continuos de la historia. Escribe monseñor Romero: «La Iglesia es la carne en la que Cristo concreta, a lo largo de los siglos, su propia vida y su misión personal. Así se comprenden los cambios en la Iglesia. Son necesarios si la Iglesia quiere ser fiel a su divina misión de ser el Cuerpo Histórico de Cristo. La Iglesia sólo puede ser la Iglesia en la medida en que siga siendo cuerpo de Jesús».

Concretamente, dice, eso significa anunciar el reino de Dios especialmente a los pobres, denunciar el pecado sin olvidar su dimensión estructural, llamar a la conversión. Todo ello, no sólo en abstracto, sino con «la apremiante obligación de alentar y animar los mecanismos concretos que mejor parezcan ayudar a la parcial realización de ese Reino». Sólo realizando así su misión, la Iglesia realiza su propio misterio de ser el Cuerpo de Cristo en la historia, insiste el arzobispo.

Pasa después revista a las acusaciones, ataques y persecuciones de los últimos meses y concluye que «nadie debería extrañarse de que la Iglesia sea perseguida precisamente cuando es fiel a su misión». Paradójicamente, en esta dura situación se constata que «el servicio al Evangelio y la persecución a la Iglesia han tenido como fruto precioso la unidad de la Arquidiócesis, de una forma desconocida hasta ahora».

Por ello, concluye la carta pastoral lleno de esperanza y reafirmando la convicción de que «todos los bautizados formamos la Iglesia que encarna a Cristo en la historia». En resumen, pues, este precioso documento expresa que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, que prolonga su misión en la historia asumiendo la causa del Reino, y que lo hace en unidad creciente a pesar de la persecución.

LA VIDA EN LA MUERTE

Vamos ahora a dedicar unas líneas a recordar que el vigor de la palabra de monseñor Romero no radica simplemente en su precisión o su sabiduría, sino que precisamente se apoya en el hecho de ser una palabra encarnada, hecha cuerpo. Quiero decir con esto que la misma vida de monseñor Romero, junto con el pueblo salvadoreño, reprodujo el camino pascual del Señor Jesús. Fue, por tanto, verdadero Cuerpo de Cristo. Recordemos sólo cuatro momentos significativos de la última etapa de su vida.

Romero2El día 16 de marzo de 1980 reafirma el valor inviolable de la vida humana y dice que los ataques a los pobres tocan, en verdad, «el corazón mismo de Dios», porque son el mismo Cuerpo de Cristo. Exactamente una semana más tarde, el 23 de marzo, en la que fue su última homilía dominical, monseñor Romero alzó la voz para denunciar, «en nombre de Dios y de este pueblo sufrido», a las fuerzas militares: «les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!».

Aquello fue demasiado, y al día siguiente, el 24 de marzo de 1980, monseñor Óscar Romero fue asesinado mientras celebraba la Eucaristía en la Capilla del Hospital «La Divina Providencia», exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús. Quizá no haya una estampa más gráfica, potente y clarificadora que la de un obispo martirizado por defender a su pueblo, Cuerpo de Cristo en la historia, mientras ofrece el pan eucarístico, cuerpo de Cristo en el altar.

Monseñor Romero fue enterrado el 30 de marzo en la catedral, y sus funerales fueron una inmensa manifestación popular de compañía, afecto y comunión. Las fuerzas represivas, sin embargo, irrumpieron en la celebración y asesinaron a un número indeterminado de personas, hiriendo a varios cientos más. El Cuerpo de Cristo, unido a su Cabeza y guiado por su obispo, sigue caminando hacia la Pascua. Real y místicamente.

 


 

Este texto está tomado, extractado y adaptado del libro “Enraizados en Jesucristo. Ensayo de eclesiología radical”, Ed. Sal Terrae, Santander 2008, páginas 255-260.

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