Monedero se nos va, pero un par de asuntos se quedan

La dimisión de Juan Carlos Monedero, dicen, ha aliviado al grueso de la dirigencia de Podemos. Con cierta razón, porque Monedero no daba bien en la tele, era el dirigente de Podemos más identificado con el desastre venezolano, y encima le habían pillado con el carrito del helado tributario. No mucho para lo habitual en estos tiempos, pero lo que modestamente se pudo. A plazo de pocas semanas, Podemos gana electoralmente sin Monedero, o por lo menos no pierde por causa de Monedero; así que contentos. También contento Monedero, que se queda como perro sin pulgas y puede seguir sugiriendo experimentos a Maduro, a ver si vuelve el papel higiénico a los supermercados venezolanos.

La salida de Monedero, sin embargo, no resuelve dos grandes temas estratégicos pendientes de Podemos. Del primero se ha hablado mucho, precisamente porque Monedero es identificado con uno de los bandos en la discusión, el que se supone perdedor. Este es el problema de cuán de izquierdas debe ser Podemos. Si vemos uno cualquiera de sus actos, ondean banderas rojas y republicanas, muy estilo Izquierda Unida. Las ideas también se parecen, y hasta los autores de las ideas. Todo eso tiene un techo electoral relativamente bajo. El cabreo popular es grande con la corrupción y con el bipartidismo que la parió, pero de ahí a que Podemos consiga transmutar los cabreados en comunistas, anticapitalistas o lo que fuere, va una distancia.

La solución de Errejón y Bencasa, dicen que adoptada por Pablo Iglesias, es mover Podemos hacia la socialdemocracia para disputarle al PSOE su electorado más joven. Puestos en los zapatos de la dirigencia de Podemos, parece una opción sensata. Total, en la posmodernidad la fidelidad a los principios ha de entenderse de manera líquida, y, digan lo que digan sus enemigos, estos si algo no son, es antiguos.

El segundo gran problema de Podemos ha sido menos discutido en torno a la salida de Monedero porque en ese tema se encontraba, junto con Iglesias, en el bando ganador. Se trata de una vieja cuestión de la izquierda española acerca de si primero ganar la guerra (las elecciones en este caso) y luego ya ver si se hace la revolución y cuál; o bien ir haciendo la revolución de una vez precisamente para obtener la adhesión popular y ganar la guerra. Tradicionalmente, la primera ha sido la postura comunista y la segunda, la anarquista. Por esa diferencia estratégica se mataron mutuamente por cientos en mayo de 1937, mientras Franco contemplaba complacido.

La diferencia ha sido históricamente muy relevante en la izquierda radical española, y también lo es ahora en Podemos. El núcleo del 15M fue un movimiento asambleario de sabor marcadamente anarquista, que no aspiraba a hacer la misma política pero “más de izquierdas”, sino a hacer una política distinta, de distinta forma. Para ser izquierda todo lo izquierda que se quiera, ya está IU. Para establecer una nueva representación partidaria más o menos impoluta, están Ciudadanos, y antes UPyD. El 15M prometía algo distinto: desarrollar nuevas posibilidades efectivas de participación para el común, con su voz propia, en las grandes decisiones políticas y económicas.

Este es el problema de cómo se forman las decisiones en un movimiento político, que son siempre decisiones colectivas. La solución comunista tiene la ventaja de ser práctica: los cuatro jefes deciden, y eso se hace. Es más, a no mucho tardar los cuatro jefes se reducen a uno solo, con lo cual todo se esclarece. Más vale uno que mande mal, que dos que manden bien, dicen los militares.

El enfoque anarquista es más complicado, porque supone conjuntar voces muy disímiles hasta elaborar con ellas decisiones unificadas “desde abajo”. Para que no resulte una cacofonía intrabajable, ello requiere familiarizar a los participantes con la negociación en las decisiones. Concluir que todos queremos más y que deben pagarlo los ricos, los banqueros, los alemanes, o cualquiera otro no representado en los círculos, es un viaje para el que no necesitamos grandes alforjas. El problema político consiste en negociar la distribución de la escasez y demás limitaciones, incluso los sacrificios, de manera que resulte lo mejor posible para el conjunto.

Esto se ha hecho a nivel local en algunos lugares, por ejemplo a través de los presupuestos participativos. Intentarlo a escala mayor hubiera supuesto una verdadera contribución anarquista a la cultura política española, una diferencia de raíz que ningún otro podría copiar.

De momento, Podemos nació en Vistalegre usando la solución comunista al problema, en la que Monedero estaba perfectamente embarcado. Los partidarios de intentar otra cosa resultaron minoritarios (aunque sean muy relevantes porque llevan años comprometidos en movimientos sociales). Sin embargo, la cuestión continúa abierta. Tal vez los iniciales perdedores de Vistalegre esperan el fracaso electoral de la estrategia comunista, para recordarnos que al bipartidismo no lo está matando su ideología más de derecha o de izquierda, sino su manera de hacer política, que limita su conocimiento del sentir popular a encuestas cuyos porcentajes ellos mismos inducen con sus medios de comunicación. (¡Y luego se sorprenden cuando pasa otra cosa!).

Hacer un partido leninista a estas alturas no expresa ninguna novedad. Usar la comunicación de masas para la propaganda política, tampoco. ¿Irán a enseñarle al PP que al líder no se le tose? ¿Le explicarán al PSOE lo que le pasa a quien se mueve en la foto? ¿O serán ellos los primeros a quienes se les ocurre manipular teles y radios…? Más difícil de hacer, pero también muy difícil de imitar, sería crear formas practicables de participación política desde las bases, capaces de concluir en decisiones políticas efectivas a nivel macro. Esta es la gran cuestión del 15M, que sigue pendiente para Podemos, con Monedero o sin Monedero.

Imagen: http://desmotivaciones.es/89320/Cuidado

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Raúl González Fabre
Soy un hermano jesuita, profesor de la Universidad Comillas en el área de Ética y Economía. Me interesa especialmente la zona de contacto entre Microeconomía y Ética. Cuando el tiempo me lo permite, hago simulaciones informáticas en ese terreno. En temas relacionados he trabajado en Venezuela y en Estados Unidos. Además, siempre me ha preocupado la situación de quienes se ven forzados a padecer situaciones inhumanas como la guerra o diversas formas de esclavitud. En esos campos he trabajado con el Servicio Jesuita a Refugiados en Venezuela, Zambia y Roma. En este momento soy el director de entreParéntesis, y también el webmaster, así que si escribes al icono para ello, me llega a mí.

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