Molestias acústicas en el Metro de Madrid

Estación de Metro "Ciudad Universitaria"

Hace unos días me sentí realmente molesto por una experiencia chocante en el Metro de Madrid. Os cuento.

Estación de Metro "Ciudad Universitaria"
Estación de Metro “Ciudad Universitaria”

iPad en mano, llego al andén de Ciudad Universitaria, donde aprovecho para leer mientras espero al próximo convoy. Pero no puedo concentrarme porque, debido al volumen de voz, tengo que escuchar a la fuerza las ‘noticias’ (o sea, publicidad de las muchas actividades que la administración ofrece a los ciudadanos… ) que se emiten por los altavoces del proyector de vídeo de la estación (ahora no recuerdo si eran dos, porque en algunas estaciones hay dos, para que nadie pueda escapar a la publicidad …). Renuncio, pues, a leer y entro en el convoy que acaba de llegar. De inmediato, aparece una señora mayor, guitarra en mano, cantando una preciosa canción argentina, a la vez que vigilando muy atenta la aparición de algún guardia de seguridad. La verdad, me pareció admirable su capacidad para combinar canto, toque de guitarra y estado de alerta. Por fortuna, ningún vigilante se asomó y ella se apeó en la siguiente estación, si bien nada más cerrarse las puertas se oye a un predicador de acento latino proclamando el perdón de pecados por medio de la sangre de Cristo. Y da la casualidad que al minuto aparecen dos guardias de seguridad que le obligan a callar. Creo que ya le venían siguiendo, cumpliendo celosamente con su trabajo de velar por que ninguna molestia acústica perturbara a los viajeros.

Andén de la estación "Ciudad Universitaria"
Andén de la estación “Ciudad Universitaria”

¿Ve el lector por dónde va mi sentimiento de indignación? En efecto, me indigna el contraste entre el derecho que las autoridades del Metro se arrogan para invadir mi intimidad con los mensajes que a ellas se les antoje, y el derecho que también se arrogan para callar a quienes ellas consideran molestos para la ciudadanía. Si tanto celo tienen por acallar a artistas y predicadores, deberían tenerlo igual para refrenar sus ansias de auto-bombo. Y si no son capaces de ejercer la virtud de la continencia, que al menos no impongan el silencio a quienes tratan de ganarse la vida de un modo al menos digno, o para quienes actúan bajo un impulso cuando menos profundamente sentido, por muy inoportuno que sea.

Pero la verdad es que esto no es más que una anécdota que no tendría mayor trascendencia, si no fuera porque ilustra la forma que todavía tienen muchos ‘servidores públicos’ de servir a los ciudadanos. La verdad, creo que la acusación de Jesús dirigida a sus discípulos pero contra las autoridades religiosas de su tiempo es mucho más pertinente hoy contra buena parte de nuestras autoridades y administradores públicos:

Metro de Madrid - Músicos en el wagonLo que os digan ponedlo por obra, pero no los imitéis; pues dicen y no hacen.

Lían fardos pesados, difíciles de llevar, y se los cargan en la espalda a la gente, mientras ellos se niegan a moverlos con el dedo.

Todo lo hacen para exhibirse ante la gente: llevan cintas anchas y borlas llamativas en sus mantos. Les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas; que los salude la gente por la calle y los llamen maestros.

Vosotros no os hagáis llamar maestros, pues uno solo es vuestro maestro, mientras que todos vosotros sois hermanos. (Mateo 23,3-8 – Versión El Peregrino)

Si como creyentes tenemos que luchar por una presencia pública de la religión en un marco de libertad y de respeto a la pluralidad, creo que más que partirse el brazo por mantener símbolos religiosos más o menos tradicionales, hay que batirse por conseguir una ‘conversión’ de la administración pública de este país en un cuerpo humano de verdadero y profundo sentido de servicio, cuyo objetivo primordial sea el ciudadano, sí, y si puede ser mejor el prójimo, ya que por ‘ciudadano’ se entiende alguien con derechos adquiridos por su ciudadanía, mientras que por ‘prójimo’ se entiende cualquiera que simplemente está ahí, al lado de uno.


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