Laudato Si’, la nueva encíclica del Papa Francisco constituye un documento tan audaz, profético y valiente, como lo fuera el que inauguró la Doctrina Social de la Iglesia, Rerum Novarum (León XIII, 1891). Una lectura atenta del capítulo 3o titulado Las raíces humanas de la crisis ecológica, cuestiona nuestro modo de vivir la relación con la tecnología.

¿Por qué estoy en la Red? ¿Cuáles son mis motivos para transitar el espacio digital? ¿En qué medida mis “razones” me conducen o me distraen de una mayor unificación personal, un crecimiento en fraternidad y un atento cuidado de “nuestra casa común”? Estas preguntas no aparecen tal cual en el texto, pero las críticas palabras de Francisco sobre el paradigma tecnocrático dominante las sugieren. A su vez, nos invitan a replantearnos nuestros motivos de relación con la tecnología. En este sentido merece la pena leer los números 101 a 114.

El Papa denuncia un paradigma tecnocrático deshumanizador en que las personas pierden el sentido de la vida y de la convivencia. ¿Nos tienen la tecnología y lo digital un tanto aborregados? De este modo, “se reduce la capacidad de decisión, la libertad más auténtica y el espacio para la creatividad alternativa de los individuos” (LS 108). Los productos de la técnica no son neutros –tampoco la Red-, sino que condicionan nuestros estilos de vida y la orientación de nuestras sociedades. Y el lugar del ser humano frente a la tecnología nos lo jugamos en cómo la vivimos.

A propósito de ese cómo, recuerdo los tres modos de vida del hombre libre que Aristóteles caracterizaba en sus escritos: la vida del placer (bios hedoné), la vida social (bios politikós) y la vida teórica o contemplativa (bios theoretikós)[1]. El primer modo es aquel que se deja conducir por las apetencias inmediatas[2]. El segundo es el que lleva a cabo acciones nobles y bellas en la polis –aunque no es suficiente sin el modo siguiente-. La tercera forma, preferible a cualquier otra, es la vida dedicada a la contemplación de la verdad[3]. Con ello, el estagirita se refiere a una existencia que reúne y unifica interiormente, y que es la fuerza de cualquier otra iniciativa vital. Dicho de otra forma: una existencia que vuelve continuamente a lo que la unifica y la torna más humana. Es lo que la tradición filosófica ha llamado contemplación –frente al puro capricho del deseo y una socialización disipada e ideológica. 

Así, nos podemos preguntar cómo vivimos la Red y si nuestra relación con ella va atendiendo a uno u otro modo. Podemos estar en internet aligerando lo que nos dispersa y distrae en pos de cultivar una humanidad más plena, más centrada. O no. Algunos entusiastas eclesiales de la Red, entre los que me incluyo aunque de manera cada vez más crítica, quizá hemos estado funcionando desde el mismo paradigma tecnocrático que el Papa denuncia. ¿Hemos endiosado la Red? Tal vez hemos mirado las inmensas posibilidades de la tecnología asimilándolas a una inmediata oportunidad para la misión. Pero el paso no es tan automático. Es posible que no hayamos tenido en cuenta suficientemente el paradigma antropológico subyacente. Las críticas del Papa nos van a forzar a replantearnos nuestro modo de vida en este don de Dios que es internet.

Todo lo que contribuya a reforzar ese sentido “contemplativo” y unificador, nos ayudará a resistir a la deshumanización provocada por la tecnocracia. La llamada de Francisco es clara: “Aún es posible ensanchar la mirada; y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, de orientarla, de ponerla al servicio de otros tipos de progreso más sano, más humano, más social, más social y más integral” (LS 112). También, por qué no decirlo, más evangélico.

La globalización del paradigma tecnocrático también puede estar alcanzando a la Iglesia. Seamos audaces, proféticos, valientes para preguntarnos el cómo vivimos internet y cuáles son sus consecuencias. La Red es un regalo: hagámosla fructificar por una nueva humanidad. Y así cuidaremos también nuestra casa común. 

                                                                                                               @comunicarLe



[1] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1095 b.

[2] Estas palabras de Francisco ilustran el modo hedonista de vivir que se puede aplicar a la Red: “Tenemos una especie de sobre desarrollo distractivo y consumista que contrasta de modo inaceptable con persistentes situaciones de miseria deshumanizante” (LS 109). En este caso, viviríamos en la Red buscando sobre todo el propio beneficio y satisfacción.

[3] Aquí la idea de verdad ha de entenderse como algo dinámico y profundamente humano, no como una verdad estática e impostada.