Mirando más allá del precio

¿Cuánto cuesta una hamburguesa? ¿Cuánto pesa un ordenador portatil?

Seguramente, en el primer caso diremos que unos pocos euros. Y en el segundo en torno a dos kilos. Pero ante esa pregunta podemos dar otras respuestas diferentes. Veamos.

A menudo, cuando vamos a comprar a una tienda principal criterio que tenemos en cuenta para tomar decisiones es el precio del producto. El valor monetario del mismo funciona de alguna manera como en un iceberg: sólo vemos en nuestra toma de decisiones una pequeña parte de todo lo que está asociado al producto, en este caso, el precio. Sin embargo, el precio monetario del producto no nos habla de las condiciones laborales que están detrás del bien producido, a la vez que encubre todo el gasto de materias primas, recursos naturales y energía utilizada que se ha realizado durante todo el proceso de producción y transporte hasta que el producto está en la tienda.

El precio tampoco tiene en cuenta los residuos que se pueden generar tras el final de la vida útil del producto y su procedimiento y manejo. Todo esto tiene un nombre para los economistas: externalidad. Esta noción se refiere a los costes o beneficios de producción o consumo de algún bien o servicio que no están reflejados en el precio de mercado.

Y a nada que pensemos en algunos productos (una pila, por ejemplo, que en términos monetarios no vale mucho dinero y, en cambio, tarda en degradarse miles de años), podemos ver que la contabilidad monetaria tiene grandes deficiencias a la hora de medir el impacto ambiental de algunos comportamientos económicos y no recoge muchas externalidades negativas que están detrás de numerosos procesos de producción.

Para tener otra mirada sobre esta cuestión, existen algunos indicadores alternativos que tratan de recoger los impactos ambientales de algunos procesos de producción económicos como la huella ecológica, la mochila ecológica o la huella hídrica.

  1. La huella ecológica mide el impacto generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas  de acuerdo a su modo de vida, relacionándolo con el área de la tierra necesario para regenerar esos recursos. La medida puede hacerse a diferentes escalas: individuo (la huella ecológica de una persona) o una población (la huella ecológica de una ciudad, de una región, de un país…), y para que nos hagamos a la idea podemos decir que la huella ecológica de España actualmente es de aproximadamente 3. Es decir, con el modo de vida que existe en España hacen falta 3 territorios de su tamaño para regenerar todos los recursos utilizados.
  2. Otro indicador interesante que ilustra el uso de los recursos es el que conocemos como mochila ecológica. La mochila ecológica se mide en kilogramos y nos habla de la la cantidad de materiales utilizados en la elaboración de un producto a lo largo de todo su ciclo de vida: extracción de las materias primas, fabricación, envasado, transporte y tratamiento de los residuos que genera. Este indicador busca concienciar a los consumidores de la cantidad de energía y recursos naturales que existen en la producción de un determinado bien. Para que nos hagamos una idea, un anillo de oro tiene una mochila ecológica de 2.000 kilogramos, mientras que la de un ordenador es de 1.500 kilos.
  3. Finalmente, un tercer indicador es la huella hídrica, que mide el número de litros de agua que son necesarios para producir un determinado bien, o para producir los bienes y servicios de un individuo o empresa. Hay que aclarar que este indicador no entra a valorar el efecto positivo o negativo que estos indicadores tienen sobre los ecosistemas, sino que únicamente nos ofrecen el dato del agua necesario para producir un determinado bien. Pero como ejemplo de lo llamativo que es este indicador, podemos señalar que detrás de un filete de ternera de 300 gramos está la utilización de 4.500 litros de agua, mientras que para producir una naranja se necesitan 50 litros de agua.

Volvamos a la pregunta inicial con la que comenzábamos el artículo. Si nos vuelven a hacer la misma pregunta de cuánto cuesta una hamburguesa o cuánto pesa un ordenador portátil, es posible que demos una contestación diferente. Y en todo caso, es muy probable que nuestra mirada hacia estos bienes sea diferente al saber que para producir el primero es necesario utilizar 4.500 litros de agua y que para producir el segundo se han generado 1.500 kilogramos en residuos.

Imagen primaria tomada de http://edmspain.es/wp-content/uploads/2016/02/glacier_iceberg_under_water.jpg
Imagen secundaria tomada de http://civilgeeks.com/wp-content/uploads/2012/07/301721_402337679805412_671594779_n.jpg

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