Mil lágrimas de abril

Llega abril, y con las lluvias mil, toca hacer la declaración de Hacienda, que este año escuece porque, después de la revelación de los papeles de Panamá, no hay quien haga la declaración sin sentir el ardor de la injusticia. Escuece más aún porque, a día de hoy, estamos hablando de una probable repetición de elecciones, que costarán 177 millones de euros a nuestras arcas públicas, las mismas que han acumulado 5,16% de déficit, un punto más del objetivo que había impuesto Bruselas.

Y en medio de este escenario de escozor, hemos visto las imágenes de la policía macedonia ¡en territorio griego! cargando contra los refugiados, con gases lacrimógenos, pelotas de goma y cañones de agua. Y aquí no hay escozor, hay dolor, profundo, estremecedor, que clama al cielo. Este lunes hemos leído noticias contradictorias del naufragio de un barco en el Mediterráneo, más de 400 vidas perdidas, de Somalía, Etiopía, Sudán y Egipto, que se confirman y desmienten, y que nos dejan sumidos en la perplejidad y en el duelo ¿Cómo puede estar pasando esto? ¿Es qué no podemos hacer nada para impedirlo?

Desde Aylan, cuya imagen conmovedora logró poner la tragedia de los sirios en el corazón de occidente, centenares de niños han muerto intentando llegar a Europa, más de setecientas personas en 2016. Y, como respuesta, Europa deporta y ataca a aquellos que vienen a pedir refugio. ¿Puede haber mayor inhumanidad? ¿Cómo podremos reconstruirnos desde esta ruina moral que estamos perpetrando en nuestras fronteras?

No son estos tiempos para ser espectadores. Y entiendo que tal vez tú, como yo, no nos podemos echar la manta al hombro e irnos de voluntarios a un campo de refugiados, o a encadenarnos a la sede del Parlamento europeo, o sacudir de las solapas a nuestros políticos, y decirles que, en algunos casos, lo urgente es también lo importante, y que no están haciéndose cargo de lo uno ni de lo otro. Que simplemente no están. Pero no significa que no podamos hacer nada, aún podemos asumir nuestra condición de seres humanos, de ciudadanos/as, con lucidez y responsabilidad.

Además de compartir esto contigo, quiero invitarte a apoyar a alguna organización como Médicos Sin Fronteras, a la que voy a sumarme porque, creo, que están haciendo una labor impagable en los lugares donde es más necesario. Voy a recomendarte que sigas a Alberto Sicilia, @pmarsupia. Yo lo leo desde hace años, porque me gusta su forma de explicar ciencia y, no sé muy bien cómo, ha acabado viajando allá donde haya una crisis humanitaria, y contándolas con la misma cercanía y talento con la que es capaz de explicar un bosón de Higgs a su abuela. Voy a recomendarte que firmes la petición de mi buen amigo Xose Cuns, para recordar a nuestros políticos que van a tener que madurar su cultura de pactos a la velocidad que merecen los retos que les esperan, dentro y fuera de nuestras fronteras. Y si sientes que el desánimo te embarga, lee el magnífico artículo de Fernando Vidal, con el que seguro recuperas fuerzas.

Y voy a recordar, para ti y para mí, que el mundo no es sólo un sumidero de muerte y violencia, que, como dice el imprescindible Cristian Warkren, en “este planeta bello y delicado, un milagro de la vida en la perturbadora soledad cósmica, sigue dando vueltas porque todavía hay quienes mantienen encendida la fogata común, en torno a la cual nos hemos congregado desde los orígenes a contarnos una ilusión que nos una y nos permita seguir viviendo”. 

*Imagen 4ever.eu

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2 Comentarios

  1. magnifico articulo, gracias Gaby. Muy buenas también las sugerencias de lectura para que el ánimo no se derrumbe con la mezquindad de la que somos testigos.

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