México, sólo por abajo de Siria. Cristianos ante la crisis.

Foto propiedad de @NosHacenFalta

Según el informe anual del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, publicado el 9 de mayo, México a nivel mundial se coloca por arriba de Iraq y sólo por abajo de Siria en número de muertos. Sólo en 2016 murieron 23 mil personas como consecuencia de la llamada “guerra con el narco”.

Este dato no muestra el problema, sino otro resultado de una serie de problemas que dan lugar a la actual crisis mexicana.

Los datos de crisis

Muchos (la mayoría) de los políticos mexicanos, senadores y diputados nos causan desconfianza (bonos, sueldos elevados, presumen su ignorancia, pereza e insensibilidad, sus discursos siguen llenos de reclamos y pleitos y carecen de propuestas concretas).

El “gasolinazo” mostró la crisis financiera y de corrupción del país; somos testigos de los saqueos de los gobernadores, el aumento de pobreza, el desempleo. La violencia invade todos los rincones del país.

En todo este panorama desolador que muestra la crisis social de México, subyace desde mi punto de vista, el fundamento del problema: Una crisis humana, un deterioro ético y cultural. 

¿Qué nos ha llevado a la precariedad humana en la que hemos caído?

Cuando me refiero a precariedad, estoy pensando en el contexto en que nos encontramos los mexicanos, y en el que se encuentran principalmente nuestros jóvenes, un contexto de crisis humana profunda, es lo solemos llamar “pecado estructural”. El modo como estamos viviendo ya no es sostenible más.

Lo precario lo hemos construido todos y lo padecemos todos, en mayor o menor medida, lo hemos construido cuando vivimos lo que el Papa Francisco nos señala en su exhortación Evangelii Gaudium:

“Se ha desarrollado una globalización de la indiferencia, la cultura del Bienestar nos anestesia. El ser humano  es considerado bien de consumo, se instala una nueva tiranía invisible a veces virtual”.

En nuestra sociedad, dice el Papa Francisco en la misma exhortación: “Predomina lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia”. 

Dice también el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si:

Nuestro superdesarrollo es derrochador y consumista, que contrasta de un modo inaceptable con las situaciones persistentes de miseria deshumanizadora”.

Se nos ha transmitido un sueño prometeico de dominio sobre el mundo“. La situación actual del mundo «provoca una sensación de inestabilidad e inseguridad que a su vez favorece formas de egoísmo colectivo»”.

Cuando las personas se vuelven autorreferenciales y se aíslan en su propia conciencia, acrecientan su voracidad”.

Lo anterior constituye el deterioro ético y cultural en el que estamos nadando y en el que están sumergidos.

Necesidad de solidez

Parece ser que estamos en un mundo en donde todo se ha vuelto líquido (Zygmund Bauman) sí, las instituciones, los discursos, los referentes que antes eran sólidos hoy tienen la consistencia del agua, no nos podemos “agarrar” de nada. Para enfrentar la crisis y resolver el fondo necesitamos de solidez, necesitamos de qué “agarrarnos”.

Nosotros mismos nos hemos vuelto un tanto “líquidos”, vamos buscando cosas, personas, experiencias que nos “contengan”, que nos den algo de estructura.

Hace unos días también dialogaba con alguien que me planteaba que para ser “incluyentes” con los jóvenes tendríamos que desdibujar el cristianismo de nuestras actividades que ofrecemos para este grupo en México. ¡Error! (desde mi punto de vista), los jóvenes están buscando referencias claras y sólidas, no ayuda ni un cristianismo fundamentalista y rígido, pero tampoco un cristianismo desdibujado.

Foto: Programa Universitario Ignaciano Ibero Puebla

En medio de la crisis y reconociendo el fondo, hay que echar mano de lo que tenemos. Y los cristianos tenemos cristianismo. ¿Puede ser el cristianismo ayuda para ir al fondo del problema? Creo firmemente que sí.

Tenemos que ser sumamente cristianos.

Desde un cristianismo sólido podemos dialogar y caminar juntos con otros y otras, podemos estar abiertos al encuentro con otras religiones reconociendo en ellas todo lo que de bueno tienen. Pero desde un cristianismo diluido, sin contenido, sólo nadaremos en el mar de la confusión y la liquidez.

Foto: Centro Madre Antonia

El cristianismo es pertinente y necesario. Para los jóvenes  es identidad, es sentido, es referencia. Y por otra parte, son más que nunca necesarios y pertinentes para el mundo de hoy estos jóvenes.

Lo mismo digo para la Iglesia, urge mostrarnos unidos, pertinentes y sólidos (no rígidos ni duros). Celebro la iniciativa del Papa de convocar a una gran reflexión sobre el tema de los jóvenes y la vocación (sentido de vida, búsqueda, discernimiento).

Ante el deterioro ético

El deterioro ético está ocasionado por una serie de “valores” que nos han sido propuestos o impuestos, por un sistema económico que ya no sirve y está cobrando nuestras vidas.

¿Qué hacemos entonces? Comencemos a cambiar lo más interno y personal. Para ello será necesario “re-valorizar” lo que nos mueve, desde lo que vivimos. Para los cristianos será necesario un cristianismo más auténtico, ese que brota de los evangelios y que hoy el Papa Francisco anuncia con fuerza.

En el cristianismo podemos encontrar buenas bases de solidez, de sentido y base para discernir, para ir eligiendo aquello que nos haga a todos y a todas más plenos, más felices. No olvidemos que no será posible la felicidad procurada sólo para uno mismo (así como lo ha planteado Trump en su primer discurso como presidente de EU, “solos seremos grandes”), la búsqueda de la felicidad individualista no será el camino, creo yo.

Hay modos de comenzar a actuar ante la crisis

Podemos comprometernos a dudar, a dudar de nosotros mismos, a detenernos y mirar, escuchar, dialogar y luego decidir. Podemos comprometernos a hablar con nuestras familias y amigos sobre cómo procurar la reconstrucción de nuestra sociedad.

Procuremos un acercamiento y acompañamiento a adolescentes y jóvenes, no diluyéndonos sino con solidez, (aquí hay una tensión entre la rigidez y la solidez. Prometo luego compartir mis reflexiones sobre el punto).

Podemos comprometernos a no participar de la violencia ni de la corrupción, a tener como consigna la verdad y a trabajar por el bien común. Para ir comenzando.

La solución del problema de fondo es compleja, pero está al alcance de nuestra mano comenzar a cambiar las cosas.

2 Comentarios

  1. Gracias por compartir. Estoy de acuerdo contigo Elizabeth, la tarea de sensibilidad y sensibilización es grande. Un abrazo!

  2. Creo que es necesario que la gente despierte , porque me da la impresión que estas cifras a veces en el día a día de las personas de a pie ya no dicen mucho, y solo piensan que no me toque a mi ni a mi familia… cuando estás fuera tienes otra perspectiva de las cosas y puedes ver la magnitud de la situación. Estoy totalmente de acuerdo en que el cambio viene de abajo y hay mucho pero mucho por hacer.

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