México entre los XV años de Ruby y los saqueos

En mi país, la fiesta de quince años se remonta a los antiguos mexicanos. Cuando la hija tenía su primer menstruación, la familia hacía una fiesta y el padre comenzaba a buscar esposo para su niña, pues ya podía ser mamá. Así se tejían alianzas y se ampliaba la influencia y la parentela. Era tan importante esta celebración que, en la colonia, ante la llegada del catolicismo, se convirtió en algo tan importante como lo es la ceremonia de la primera comunión. A la fecha, en varios lugares de México, la familia prepara con esmero los quinceaños de la hija y se tira la casa por la ventana, como bien pudo observarse en la invitación que hizo el padre de Ruby.

Me parece que estos XV años se hicieron famosos por el gusto por la picardía y el choteo que tanto nos encanta a los mexicanos. Gracias a que un gracioso filtra el vídeo a redes sociales, comienza la broma y se hace viral el pitorreo y el cotilleo. Así, se propagaron memes y ocurrencias, haciendo que este evento trascendiera fronteras.

Nunca falta el que dice que todo fue producto de un complot orquestado por alguien poderoso que, desde la oscuridad, conspira y mueve los hilos. Cabe la sospecha, estaba por subir el precio de la gasolina, que comenzaba a escasear, y se evitaba hablar de posibles repercusiones. Apenas inició el 2017, llegó el gasolinazo y los hashtag de twitter, que antes generaban risa por los quinceaños, ahora expresaban enojo e indignación. Las redes sociales comenzaron a ser medios para inconformarse y, poco a poco, para convocar bloqueos a carreteras y organizar manifestaciones, algunas de las cuales terminaron en saqueos de tiendas. Recordemos que a los mexicano también nos encanta el desmadre. Entra la suspicacia de que ciertos desmanes fueron convocados por interesados en generar caos y dar la imagen de ingobernabilidad. Hay que recordar que el próximo año habrá elecciones para la Presidencia y desde ya comienzan a moverse las fichas en los diferentes partidos. Lo cierto es que en la población hay hartazgo y desilusión.

En México, es común que un Presidente termine su mandato con caída en su popularidad, independientemente del partido del que provenga. De hecho, los candidatos se presentan como ángeles que vienen a rescatarnos de las calamidades. En este caso, el actual gobierno se ha visto golpeado por escándalos de corrupción. Primero por una mansión que parece fue regalo de una constructora a la que el Estado ha concedido grandes proyectos (la explicación que dio la esposa del Presidente, nomás no convenció). Por otra parte, la policía busca ex-gobernadores acusados de malversación de fondos (de saqueo, pues), pero parece que por debajo de la mesa se les permitió la fuga. Agreguemos las malas decisiones, las indecisiones o las respuestas al vapor que ha habido, por ejemplo, cuando la desaparición de los estudiantes y, recientemente, ante imprevista visita del entonces candidato Donald Trump. Hay una sensación de desencanto. Puede entenderse (pero no justificarse) que si los sectores más pobres de la población sienten que los gobernantes los roban o nos los atienden, vayan a saquear un supermercado a modo de desquite.

En este año que empieza tenemos varios retos, uno muy importante -y a nivel mundial-, es la llegada de Trump a la Presidencia de EUA (todavía no toma posesión y día a día amenaza desde muy temprano con sus tuits). Es importante no caer en pánico y mantener la calma. Es importante no caer en victimismos, ni en justificar el robo o la violencia -venga de donde venga-. En nuestros respectivos países, si bien la clase política da mucho de qué hablar, tenemos el reto y el deber de, como ciudadanos, ser mejores que nuestros gobernantes. Los tiempos actuales nos retan, a todos, a ser más inteligentes, más responsables y más éticos.

@elmayo

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