México y el reto del humor

Nos jactamos de nuestro sentido del humor. Somos un pueblo que se ríe incluso de la muerte. Es de reconocer el ingenio mexicano, que en estos tiempos de memes, destaca por su velocidad y nivel de ocurrencia.

En estas últimas semanas, en la plataforma de Netflix, se ha estrenado la serie de Luis Miguel. A diferencia de algunas series que al estrenar temporada comparten todos los capítulos, en esta ocasión, como con Juego de Tronos, cada domingo, a las 9 de la noche, se puede ver el nuevo episodio de la vida del  famoso hijo de Luisito Rey.

Luis Miguel Gallego Basteri, nació en San Juan, Puerto Rico, el 19 de abril de 1970, aunque en su momento dijo que era originario de Veracruz, México, o ‘jarocho’, como se les denomina. En los tiempos de Parchis, Luis Miguel fue niño prodigio en el canto y a la fecha es uno de los artistas más populares en América Latina. Es hijo del cantautor español Luisito Rey y la actriz italiana Marcela Basteri.

La serie transcurre en un ir y venir de aquella infancia, y su surgimiento como estrella, al momento en que Luis Miguel ya era una consolidada celebridad juvenil. En medio, aparecerá el sobre-explotación y dominio paternal, así como la desaparición de la madre. Si bien esta producción atrapa con una buena trama y narrativa, lo mejor son los memes, que casi al instante, tanto en Twitter como en Facebook, a través de imágenes y videos hacen chunga, mofa, pitorreo y chacoteo de lo que sucede en la pantalla. Estos chistes son la delicia de la semana y hay gozo al compartirlos y viralizarlos.

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De manera parecida, y con similares estratégias para enfrentar la realidad, así es como hemos vivido la cercanía, inauguración y primer partido de la selección mexicana en el Mundial de Futbol. Aunque lo anhelábamos en una especie de sueño guajiro, como afición, no esperábamos ganar a la Alemania campeona. Como lo decían algunos memes, no estábamos preparados para eso, pero pronto comenzaron a circular videos de perritos chihuahua superando en destreza a pastores alemanes.

Llama la atención cómo cuando juega México, el estadio se convierte en un carnaval de indumentarias y ocurrencias. Ahora, dentro del humor, hay límites éticos. El grito homofóbico que dedica la porra mexicana desde las gradas al portero contrario, está poniéndonos en una situación delicada y con riesgo de perder los beneficios obtenidos en la cancha. Tenemos que ser muy críticos con los modos y recursos machistas y homofóbicos al elaborar el chiste. No se trata de humillar al otro con la burla, sino de reír con el otro, de tal manera que el otro también esboce una sonrisa.

Esto debe de ser fundamental para el escenario que viene al terminar este mes. Independientemente de si el Seleccionado Mexicano llega al 5º partido, el 1º de julio habrá elecciones. Ya en 2006 estuvimos divididos por preferencias políticas. Conforme las campañas electorales llegan a sus últimos días, está declarada una guerra sucia de descalificaciones que nos puede llevar a más encono y al odio. Y, como varios analistas han señalado, el punto es que el 2 de julio tendremos que volver a saludarnos y juntos reconstruir un país que se desgaja con el drama de la pobreza, con desigualdades e injusticias extremas, y el horror de la violencia desatada por los cárteles del narcotráfico, muchas veces coludidos con autoridades corruptas. Temas que no dan risa.

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Cuando fue el temblor del 19 de septiembre del pasado año, algo que llamó la atención en redes sociales, aparte de la solidaridad que tuvimos como pueblo, fue el respeto al dolor. No hubo memes que hicieran burla o ironía del dolor de las víctimas. Si acaso, el humor se condujo a ensalzar a la perrita Frida, que ayudó en labores de rescate. No sabemos cómo nos vaya a ir en el Mundial, no sabemos qué fue de la mamá de Luis Miguel y no sabemos si vaya a ganar o a perder el puntero de las encuestas, pero sea lo que sea, tenemos que hacer un humor que nos permita evitar la burla que descalifica al otro. Hay que aprender a hacer ese humor que une, solidariza y hace que conservemos la esperanza y aumentemos la sonrisa. Que mucha falta hace.

Ismael Bárcenas Orozco, SJ.
@elmayo

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