Por Claudio Zonta. Jesuita, musicólogo y estudiante de teología.

Con Premio Nobel o sin él, hablar de Bob Dylan no es fácil. Mirando a su existencia vemos que es un personaje que no se puede comprender ni abarcar en su totalidad. A veces contradictorio, es un hombre que se sitúa más allá del tiempo que está viviendo. Cantante de folk, poeta, profeta… su lenguaje musical muchas veces es narrativo con un enfoque muy duro sobre las injusticias que se perpetran en el mundo; otras veces es hermético, empapado de simbolismo y de sacralidad. Su música pasa de las baladas folk, al rock & roll tocado “fuckin’loud”, y de ahí al góspel y al blues. Ahora se añade un Nobel, que de momento queda en un limbo y permite discutir a literatos, periodistas y gente común…

Su vida ha sido una carrera hacia al hombre y hacia al mundo, como canta en Talkin’ New York, una de las primeras canciones de Dylan:

Ramblin’outa the wild West, / Leavin’ the towns I love the best. / Thought I’d seen some ups and down, / Til I come into New York town. / People goin’ down to the ground, / Buildings goin’ up to the sky

(Vagando fuera del salvaje Oeste  / dejando atrás las ciudades que más quiero / Pensaba que había visto / momentos buenos y malos  / Hasta que llegué a Nueva York / Gente metiéndose bajo tierra / Edificios levantándose hacia el cielo).

Existe un centro propulsor, que es su existencia, que lo ha empujado a dejar el puerto para lanzarse hacia el mar. Abandona así su origen hebreo, su casa y su familia, para dirigirse a un mundo formado por la gente, que viven en ciudad, en sociedad, en contextos históricos.

Así, Bob Dylan vive mirando el tiempo del asesinato de Kennedy, la crisis de Cuba, la guerra en Vietnam, la tensión entre EEUU y la URSS, hasta la globalización de hoy. Y así, siguiendo a su maestro inspirador Woody Guthrie, canta: “Here’s to the hearts and the hands of the men / That come with the dust and are gone with the wind”,  “por los corazones y por las manos de las personas / que llegan con el polvo y se van con el viento” (Song to Woody); y canta a la ciudad de Nueva York, fría e imposible para vivir o a las minas de hierro en el Norte (North Country Blues); y canta, compartiendo las ideas de Allen Ginsberg, poeta y exponente de la ‘Beat Generation’ estadunidense, lo absurdo de las guerras, que condena en Masters of War, con una letra muy dura: “I think you will find / When your death takes its toll / All the money you made / Will never buy back your soul” (“Creo que encontrarais / Cuando su muerte se cobra su peaje / todo el dinero que habéis hecho / no salvará vuestra alma”).

Sin embargo, Dylan sabe leer con hondura los sentimientos de los derrotados a causa de las guerras, los jóvenes que han perdido la vida en las batallas, o los que creen en las ideas de paz, de dignidad, y en los derechos humanos:

How many roads must a man walk down
Before you call him a man?…

Yes, ‘n’ how many ears must one man have
Before he can hear people cry?…

Yes, ‘n’ how many years can some people exist
Before they’re allowed to be free?

(¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre, antes de que le consideréis un hombre?… Sí, ¿cuántos oídos debe tener un hombre, antes de que pueda oír gritar a la gente?… Sí, ¿y cuántos años pueden algunas personas existir, antes de que se les permita ser libres?: Texto tomado, por supuesto, del mítico Blowing in the wind).

Bob Dylan describe la especificidad de la existencia del ser humano, enlazándose con su drama y tragedia, como en la canción Hurricane, y al mismo tiempo mirando a las hondas preguntas que están en el corazón del hombre, como en When the deal goes down:

In the still of the night, in the world’s ancient light / Where wisdom grows up in strife / My bewildering brain, tolls in vain / Through the darkness on the pathways of life / Each invisible prayer is like a cloud in the air / Tomorrow keeps turning around / We live and we die, we know not why /But I’ll be with you when the deal goes down

(En la quietud de la noche, con la más antigua luz del mundo / Donde la sabiduría se nutre de conflictos; / Mi desconcertante cerebro trabaja en vano / A través de la oscuridad de los senderos de la vida. / Cada plegaria invisible es como una nube en el aire. / El mañana mantiene sus plazos, vivimos y morimos sin saber porqué).

¿Bob Dylan merece el Nobel? Yo creo que Bob Dylan merece el respeto por haber dado expresión con una voz poética y al mismo tiempo dura a muchos derrotados que la vida ha machacado, a la dignidad del ser humano, a una búsqueda existencial que no se agota cuando la música se acaba en nuestro iPad…


Foto: Bob Dylan en 1963. Tomada de http://www.diariodecultura.com.ar/musica/bob-dylan-nuevo-album-viejas-canciones-de-sinatra/