De memorias y urgencias por la vida

Desde la muerte de Mamey Mbaye hace ya más de dos meses la memoria de los compañeros migrantes que ya no están entre nosotras se nos hace cada vez más pesada en su reclamo de justicia y reparación. Hace unos días la comunidad senegalesa y algunos vecinos y vecinas de Lavapiés  hicimos un pequeño homenaje liderado por la mezquita y otros compañeros manteros. De entre los poemas seleccionados para su lectura, aún resuenan en mi interior alguno versos, como cuchillas afiladas, de otro joven senegalés, poeta, que perdió la vida también demasiado tempranamente Modou Kara Faye [1]:

Paso mis noches lejos de las estrellas/Debo todavía alzar corazones arrodillados./Hablar a los cuchillos de odio/Andar sobre los corazones levantados./Gritar al sol que caldee el camino de los inviernos/Acallar el aullido de las fieras./(…) Es menester que el mundo se dé la mano/Allí donde la soledad nombra el vasto desierto de la fraternidad/(…) Herido en la lengua y con el alma sangrante/

Sosteniendo entre mis brazos pueblos vanidosos,/pueblos autoproclamados ombligo del mundo/Pueblos autoproclamados dios único del mundo/Pueblos autoproclamados raza escogida del mundo./

Yo soy de un pueblo ebrio de universalidad/Animado de comunión y que comparte el mundo,/Más no el único poseedor de la tierra/Y si quiero cantar, quiero llorar./Me hacen falta otras coplas, otros hermanos./No sé si tendré con qué alimentar mi voz

También en una primavera como esta hace cuatro años murió Jeanete Beltran, una joven empleada de hogar nicaragüense a la que se le negó la asistencia sanitaria en un hospital de Toledo por no tener papeles. Junto a ella, la memoria de otras víctimas, como consecuencia de la política migratoria en nuestro país, sigue siendo un clamor empeñado en  no dejarnos dormir,  pese a que una gran mayoría social decida taponarse los oídos aferrándose a gestos o discursos que actúan como tranquilizantes de conciencias. Pero cuando lo que está en juego es la vida y la muerte de la gente lo gestos resultan insuficientes. Hay que pasar a la acción exigiendo responsabilidades, cambios políticos y legales para que no haya más muertes. Las víctimas reclaman su espacio en la historia y su reparación… por eso es importante no olvidar sus nombres… Cito algunos:

  • Mohamed Bourdebala, que formaba parte de las 519 personas, entre ellas mujeres y menores, que fueron encerradas ilegalmente en la cárcel de Archidona en Diciembre de año pasado y  que murió a consecuencia de la desesperación y la  violencia  a la que fueron sometidos durante el internamiento.
  • Osamuyi Aikpitanyi, que perdió la vida mientras resistía a una deportación en el vuelo de Iberia Madrid-Lagos (Nigeria), en 2007.
  • Jonathan Sizalima, que murió en una comisaría de extranjería en Barcelona en el año 2009.
  • Mohamed Abagui (CIE Barcelona 2010), Idrissa Diallo (CIE Barcelona 2012) Samba Martine (CIE Madrid 2011) arrancados de la vida por la CIE violencia institucional en los CIES de Barcelona y Madrid.
  • Omar, Soufian y Mamadou, niños migrantes muertos en Ceuta y Melilla recientemente
  • Los muertos de Tarajal y sus familias que continúan clamando justicia pese al archivo y sobreseimiento de su causa en Enero de este mismo año, y que ha vuelto a ser recurrida por organizaciones ciudadanas .
  • Las más de 3.000 personas desaparecidas en el Mediterráneo el año pasado y el aumento del 125 % de personas muertas en el 2017 en el intento desesperado de llegar a las costas españolas por la frontera Sur; entre las últimas, el pasado 24 de Marzo, Camara Fatoumata y Diallo, ambas de Guinea Conakry.
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Como dice el poema de Modu Kara Faye es menester que el mundo se dé la mano para conseguir  acallar el aullido  de las fieras.Las fieras” son también  las leyes injustas y violentas que es necesario cambiar a golpe de movilización social para que faciliten la vida de las personas en lugar de arrebatársela. Leyes como la Ley de extranjería, el Decreto de exclusión sanitaria, o La ley Mordaza, porque matan, explotan y criminalizan  a las personas migrantes y la protesta social y legitiman  el racismo y la xenofobia institucional.

Hace apenas unos días la noticia del saqueo y la quema de un campamento de familias afganas en Lesbos nos atragantaba el desayuno, al igual que nos van haciendo cada vez con más fuerza, monstruosamente familiares, los discursos sobre la supremacía blanca que aparecen en los programas electorales de los partidos conservadores de corte neofascista en Europa.

Dice también el poeta Modu Kara Faye que es necesario hablar a los cuchillos del odio y hacer que los corazones se levanten. Esta primavera en la que la naturaleza y la fuerza de la vida se alzan con nueva energía necesitamos también unir corazones, inteligencia colectiva, solidaridad y rebeldías comunes contra la situación migratoria especialmente dura a la que estamos asistiendo y que sin embargo hemos acabado por naturalizar.

También se nos hace especialmente urgente en estos tiempos construir narrativas alternativas al discurso dominante sobre las migraciones. Narraciones que reconozcan el  valor humano, cultural y económico que aportan las personas migrantes. El conocimiento y la difusión de datos que no forman parte del relato oficial, como por ejemplo que sólo los ingresos aportados por las personas migrantes a las arcas públicas españolas suman cientos de millones de euros invisibilizados. Al tiempo que lo que aportan sus países de origen suma más que la Ayuda Oficial al Desarrollo. Riqueza humana, riqueza económica y riqueza cultural eso significan las migraciones en nuestra sociedad junto con una gran pérdida humana para sus países de origen.

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Interrumpo mi texto por un momento para abrir la puerta de mi casa y la realidad me  confirma de nuevo el valor de la convivencia y la amistad con las personas migrantes en nuestra vida. Es mi amigo Mocles, bangladeshí, que trabaja en una frutería y vive desde hace ya tiempo en otro barrio. Con la caja de fresas que pone en mis manos me entrega también su abrazo acompañado de una pregunta cuidadosa: ¿Cómo está vuestro corazón con tanta tristeza como hay en el barrio? Le invito a un té y charlamos… Al marcharse retomo mi artículo y me doy cuenta que  junto con las fresas me ha regalado también la inspiración para terminarlo. Su mirada limpia y su lealtad en tiempos de traiciones y de farsas me evoca de nuevo el  poema de Modou Kara Faye: El alfabeto de mi lengua empieza por Comunitario (…) soy soldado de una patria infinita…

… Esta verdad desnuda e incuantificable no quedara registrada nunca en ningún balance económico, estadística ni informe migratorio….


[1] https://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/031211ef.htm

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