Medusa en el taller de novela

La séptima sesión de nuestro Taller de lectura ha girado en torno a la lectura de Medusa de Ricardo Menéndez Salmón.

Una de las bondades de nuestro taller es que nunca se da la uniformidad; por eso no podemos decir que la obra haya provocado el entusiasmo de todos los integrantes del taller, pero sí que se puede afirmar que la tónica general ha sido de satisfacción. Las minoritarias objeciones no han surgido desde el cuestionamiento de su calidad literaria ni desde la falta de interés del tema que plantea.  Podríamos resumirlas en tres aspectos. En primer lugar, cierto sentimiento de frialdad ante un tema que normalmente provoca un fuerte impacto emocional en quien se acerca a él como espectador o como lector; en segundo lugar, el desconcierto que provoca en el lector más tradicional el hibridismo de géneros literarios: mezcla de biografía, novela, ensayo filosófico, digresiones/reflexiones, poesía, documentalismo. Y en último lugar, el tono de desesperanza, de nihilismo, que uno de los lectores manifestó haber percibido en el autor tras la lectura de la obra.

Hemos optado por empezar con los “peros”, para centrarnos a continuación en poner de manifiesto aquellos otros aspectos que, de modo mayoritario, nos hna dejado, en cambio, un excelente sabor de boca.

Se ha dicho que Medusa representa la historia de un hombre obsesionado por retratar la crueldad del siglo XX; pero Menéndez Salmón no se queda en la anécdota; al mostrarnos esta crueldad, trasciende la anécdota, hace que el lector se interrogue sobre cuál es su postura ante el horror.

En una de las muchas entrevistas realizadas al autor, este afirma que “o el arte tiene en consideración la experiencia totalitaria y sus consecuencias (el poshumanismo, el silencio absoluto de Dios, la sevicia de los políticos), o se convierte en una banalidad sin fundamento”. Afirmación, ciertamente discutible, pero que refleja perfectamente, a nuestro juicio, la identificación del autor con un arte, con una literatura comprometida. Sigue, pues, la estela de grandes autores, que a mediados del siglo pasado sostuvieron idéntica finalidad del arte.

En consecuencia con ello, dentro de una estructura temporal y espacial perfectamente definidos, nos sorprende con cambios en la técnica literaria de un modo absolutamente original. Destacamos el juego al que nos somete haciéndonos traspasar, sin que nos demos cuenta, la frontera entre lo real y lo verosímil, entre lo histórico y lo legendario.

El autor define la novela como Quest(¿por qué el anglicismo? ¿no podríamos mejor hablar de búsqueda; de investigación; de misión, incluso?). Hay reminiscencias en este planteamiento de la vieja técnica del manuscrito encontrado, ciertamente muy actualizada, muy moderna, muy conseguida.

El espacio del que disponemos no nos permite extendernos más. Animamos a quienes no conocen Medusa o no hayan leído nada de este autor,  a que lean su obra. Merece la pena constatar la  gran madurez, la vasta cultura de este joven creador, nacido en Gijón, en 1971, colaborador de diarios y de revistas. Autor de un libro de viajes, Asturias para Vera (2010), de libros de relatos,Los caballos azules (2005) y Gritar (2007), y de las novelas La filosofía en invierno (1999 y 2007), Panóptico (2001), Los arrebatados (2003), La noche feroz (2006), la denominada Trilogía del mal y de La luz es más antigua que el amor (2010). Obra la de  Menéndez Salmón que cuentan ya con numerosos premios y reconocimientos dentro y fuera de nuestras fronteras.

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