En medio de la guerra yihadista: estructuras de fondo

Los atentados de Barcelona y Cambrils nos han mostrado, si duda había, que estamos envueltos en una guerra. En un post pasado explicamos sumariamente la estrategia general del terrorismo, y en qué medida se aplica a nuestra situación. En otro post hablamos de la motivación de los terroristas en una espiritualidad, y su relación con una teología y una comunidad sectaria.

En este intentamos progresar en la comprensión de ese conflicto en que estamos metidos, atendiendo a los elementos fundamentales de una guerra civil. Tras enumerarlos, nos concentraremos en el primero de ellos, dejando los otros dos para el siguiente post.

Una guerra civil

Quizás lo más difícil de aceptar, es que esta es una guerra civil.

La división de las guerras en civiles e internacionales, apunta un elemento útil pero lo envuelve en una terminología obsoleta. Parece que civil sería la guerra que no ocurre entre distintas naciones, sino con ambos bandos dentro de unas fronteras nacionales.

El concepto general funciona. Lo que no funciona bien es la idea de nación como unidad política de una sociedad, sobre la que se funda un Estado. Hace ya décadas que nación no significa una sociedad, y que los Estados son cada vez más débiles frente a la sociedad realmente existente, que es una sola sociedad económica (en lo material) y cultural (en lo simbólico), global.

La nuestra es una guerra civil porque es una guerra dentro de esa sociedad única. No accidentalemente dentro, sino precisamente por asuntos que atañen a la constitución de la sociedad única, en que la lecha en polvo neozelandesa compite con las vacas de Mongolia, y Kim Yong-Il, dictador que hizo la bomba atómica norcoreana, consumía con entusiasmo las películas de Hollywood.

Estructura, dinámicas y disparadores

Una teoría plausible de la guerra civil indica que suele haber tres elementos superpuestos en ella:

  1. Problemas estructurales de fondo, que generan un malestar persistente de un sector de la población.
  2. Unas dinámicas políticas que capitalizan esos problemas, usando el malestar generado dentro de una estrategia política (que suele incluir agudizar el malestar de que se alimenta).
  3. Unos eventos concretos que disparan el conflicto violento. La violencia, a su vez, obliga a la gente común a tomar partido, como dijimos en un post anterior.

En el caso de la guerra yihadista, la estructura de fondo es el fracaso en la modernización de grandes poblaciones musulmanas (pero ojo, no todas: algunas han tenido genuino éxito en la modernización, individual o colectivamente).

El fracaso en la modernización ha producido, empezando en el el siglo XVIII, una divergencia creciente en riqueza y poder de unos y otros grupos humanos. Ello ha dado lugar a una “sociedad de la rabia”, porque tus oportunidades son muy diferentes según en qué grupo humano nazcas, y al mismo tiempo sabes de las oportunidades de los demás, que a ti se te niegan, gracias a la globalización económica y comunicacional.

Esa rabia puede organizarse políticamente en oposición interna o en guerra cultural, expresarse anómicamente como crimen, puede resultar en migraciones de sujetos que buscan individualmente entornos sociales con más oportunidades económicas, en el fondo porque son más modernos. En general, la divergencia moderna genera gran inestabilidad.

El fracaso estructural

Las razones para el fracaso estructural en la modernización son muy variadas y discutidas. Tres particularmente plausibles pueden enumerarse:

  1. El imperialismo, por el que grupos humanos con más poder le quitan coercitivamente a otros más débiles lo poco que estos tienen, sea en riqueza material (por ejemplo, recursos materiales), sea en riqueza política (por ejemplo, apoyando dictadores). Todo esto es una especie de “anti-ayuda al desarrollo”.
  2. El liderazgo por “élites extractivas”, que prefieren fosilizar las sociedades en monopolios en sus manos, antes que arriesgar su poder en dinamismos políticos o económicos competitivos. Dichas “élites extractivas” a menudo son elegidas por votación. No necesitan ser dictatoriales en sentido aparente. Pero son votaciones clientelares que no pueden perder.
  3. El freno o el bloqueo introducido por algún elemento cultural o ideológico que genere modos de hacer disfuncionales para la modernización. Puesto que la modernización es hija cultural del eje que va del norte de Italia al sur de Inglaterra (incluyendo Francia a un lado, Alemania al otro y los Países Bajos enmedio), no es raro que culturas distintas a las de esas poblaciones, o ideologías distintas al capitalismo competitivo, contengan ingredientes que la dificultan o la impiden.

Los tres elementos pueden ir perfectamente juntos, unos produciendo otros en cualquier orden. En el caso del fracaso modernizador de grandes poblaciones musulmanas , no es difícil notar que los tres están presentes, sin que sea obvio decir que uno y solo uno es la clave.

Una cuestión pendiente

Un asunto que se está discutiendo mucho últimamente es si en el mismo Corán se proponen mandatoriamente elementos que obstaculizan la modernización, siendo sin embargo considerados sagrados (directamente provenientes de Dios) por todos los fieles musulmanes.

Es una cuestión sobre la que no soy competente. Que haya elementos no amigables con la modernización en el Corán es obvio, siendo un escrito del siglo VII. Lo mismo pasa necesariamente en la Biblia, en las enseñanzas de Buda, en el Tao, y en cualquier otra escritura religiosa antigua. Hubiera sido cosa muy rara que a decenas de siglos vista, los escritores sagrados de cualquier religión hubieran encontrado prescriptibles solo los elementos que no contradicen un proceso histórico-cultural que ni asomaba en el horizonte cuando escribieron (si acaso, empezó a hacerlo en Europa en los siglos XIV y XV, pero solo fue socialmente relevante desde el XVII-XVIII).

Otra cosa es que esos elementos que resultaron ser anti-modernizadores, constituyan prescripciones sagradas e inamovibles provenientes de la misma divinidad. Determinar hasta qué punto y con qué consecuencias, es el trabajo de los hermeneutas de las respectivas tradiciones religiosas. Yo no lo soy para el catolicismo, así que no digamos para el Islam.

Lo que sí puedo ver, porque es empírico en este momento, es que hay personas y poblaciones que son simultáneamente musulmanas practicantes y exitosas en la modernidad.

Una cuestión todavía más difícil

El segundo punto, el liderazgo de “élites extractivas”, es realmente el más complicado en la práctica. Sin duda se da en muchas sociedades (países o no) de mayoría musulmana. Pero no solo en ellos, claro. América Latina, el África subsahariana, incluso la Europa del Sur y el Este, ofrecen cantidad de ejemplos de élites así, cuyo liderazgo consiste en esquemas clientelares o directamente dictatoriales, que dificultan grandemente la modernización de sus sociedades.

El punto es difícil porque no tiene buen arreglo (básicamente ningún arreglo) desde fuera de la sociedad misma. El intento de intervenir desde afuera para imponer élites modernizadoras, sería tachado en el mejor de los casos de “paternalismo”, destinado a fracasar por pura ignorancia de la cultura local (como los intentos fallidos de Estados Unidos de hacer “democracias” en Irak o Afganistán, o antes de los rusos con su comunismo de exportación).

Pero en realidad, más probable es que tal intento debiera entenderse como disfraz verbal de un “neocolonialismo” destinado en realidad a explotar a las respectivas poblaciones a favor del país “modernizador”.

Todo esto, por cierto, no se aplica solo a las intervenciones militares, sino también al financiamiento desde afuera de grupos de oposición “modernizadores”. Con ese financiamiento puede eventualmente desestabilizarse a las élites extractivas en posesión del poder (también puede no servir para nada; o provocar una guerra civil, como en Siria o en Libia).

Pero sustituir las élites extractivas por élites modernas es todo menos seguro, aunque la operación salga bien. Con mucha frecuencia, los opositores llegados al poder actúan de manera igualmente extractiva que el liderazgo al que desplazan. Si es la cultura política de esa sociedad, tiende a reproducirse con nuevos agentes; no se cambia desde afuera sin más.

Lo que claramente está en nuestra mano

Como se verá, de los tres grandes puntos estructurales que subyacen al conflicto yihadista, uno corresponde a los hermeneutas islámicos del Corán, y otro a las poblaciones musulmanas sometidas a liderazgos extractivos. Sobre ambos aspectos, no es mucho lo que puede hacerse de positivo desde afuera.

Cabe acompañar a las porciones genuinamente modernizadoras de esas poblaciones, en su esfuerzo de abrir un camino transitable para el general de su gente. Pero es un proceso de ritmos culturales, que puede resultar muy lento. Aunque estuvieran maravillosamente bien intencionados, los intentos unilaterales exteriores a menudo dejan a esas poblaciones peor que estaban.

Lo que sí queda en nuestra mano se refiere al punto restante: no utilizar la ventaja militar, económica y comunicacional que podamos tener a base de ser relativamente exitosos en la modernización, para explotar a las poblaciones que no lo son. Nosotros, nuestras empresas, nuestras ONG, nuestros medios de comunicación, nuestros gobiernos, sobre todos los cuales tenemos influencia. “Primum non nocere”, como dicen los médicos: primero, no hacer daño.

Desde el siglo XVIII hasta aquí, la historia de las relaciones entre los países modernizados y las poblaciones no modernas, ofrece innumerables ejemplos de explotación de todo tipo, incluyendo destruir las bases de modernizaciones incipientes por ventajas a corto plazo para los ‘modernos’. También hay ejemplos de interacciones positivas, en que unos y otros hemos crecido cultural y materialmente.

Al menos en esto, sí podemos elegir entre actuar bien o mal. Elegir lo bueno respecto a las poblaciones musulmanas, y también respecto a otras poblaciones no del todo modernizadas, constituye un imperativo ético cristiano.

Pero no solo: también es la única forma inteligente de habérselas con un mundo de diversidades pero no de separaciones, en que somos irremisiblemente interdependientes, y en que problemas estructurales que vemos lejanos, pueden resultar en guerras que nos envuelvan. Guerras civiles de nuestro mundo, no de otro.


Imagen tomada de k43.kn3.net

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