Amar en tiempos violentos. En memoria de Mamey Mbaye

Mi experiencia Pascual de este año está atravesada por el acontecimiento de la muerte de nuestro vecino y amigo mantero Mamey Mbaye de un infarto al corazón tras una persecución policial. Nuestro barrio está teñido de tristeza todavía y en un proceso de duelo en el que intentamos acompañarnos estando juntos, honrando su memoria, organizando comidas en su nombre para apoyar a su  familia, recordando anécdotas, o con algún pequeño ritual como  hicimos hace unos días la Red Interlavapiés.   

La manipulación mediática, interesada en mostrar un Lavapiés conflictivo, violento y antisistema, no tiene nada que ver con lo que vivimos quienes lo habitamos y lo que es mucho más grave se ha utilizado para quitar relevancia a lo que realmente lo tiene: el  valor de la vida de  Mamey Mbaye.

Mamey era mucho más que un inmigrante, un africano, un senegalés, un mantero, un musulmán. Mamey era una buena persona, un compañero de vida. Siempre participativo y generoso en las actividades de la mezquita y los colectivos sociales del barrio, entre ellos el Sindicato Mantero y la Asociación Sin Papeles de Madrid, de los que formaba parte y en los que se ofrecía siempre a cocinar cuando teníamos reuniones o eventos comunitarios. Su pérdida nos deja el sabor a mafe o chebuyen tantas veces compartido, el silencio reflexivo que le caracterizaba, sus dibujos y sus letras  en tantas pancartas como grafiteó. 

Su muerte es un doble grito:

  • El grito de que ningún ser humano es  ilegalMamey llevaba en  España 13 años “sin papeles”. Esta situación le impidió ir a ver a su familia a Senegal, cuando su padre  y su madre murieron, le impidió también acceder a un trabajo que no fuera  excluido ni  criminalizado como es el top manta. Le impidió el derecho a la  salud  y a la libertad de movimiento por las calles de Madrid  sin miedo a ser detenido, ingresado en un CIE o deportado de forma express en un macro vuelo.
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En su memoria este grito nos urge a trasformar la rabia y el dolor en movilización social e inteligencia colectiva para exigir exigir cambios en la Ley de extranjería y no cesar hasta conseguir Papeles por derecho. Es decir, que tener un contrato no sea condición indispensable para la regularización, sino que las condiciones de arraigo puedan ser demostradas a través de otros procedimientos (ciudadanía activa, vínculos y relaciones sociales acreditados, etc.)

  • El grito que sobrevivir no puede ser un delito y que las fuerzas de seguridad del estado están para servir a todos los ciudadanos y respetar los derechos humanos, incluso de  quienes no tiene papeles, porque carecer de ellos no puede reducirles a la categoría de no personas.Este grito nos recuerda que el infarto que ocasionó la muerte a Mamey fue en un contexto de acoso policial constante por parte de algunos sectores de la policía, y la denuncia de 14 agresiones racistas que desde el año  2017 venía padeciendo el colectivo mantero.

 En su memoria este grito nos urge a la Despenalización del top manta y exigir a las administraciones la búsqueda de una solución participada con los manteros y lateros   buscando alternativas para su formación y empleabilidad porque La manta no es su sueño y Sobrevivir no es un delito.

La muerte de Mamey Mbaye ha sido la crónica de una muerte triste e injustamente  anunciada. Por eso su memoria también nos urge a no alimentar el discurso del odio y la violencia ni siquiera en la exigencia de justicia y reparación de su vida y de las luchas manteras y las personas sin papeles. Estos discursos no hacen sino dividir a los colectivos organizados y generar nuevas víctimas.

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De esto sabemos bien las gentes de Lavapiés que llevamos muchos años empeñados en gestionar  los conflictos  en la lucha  por la supervivencia y contra las leyes injustas  organizándonos desde la diversidad que somos, compartiendo saberes y estrategias, la movilización ciudadana y la no violencia activa. 

La Pascua es tiempo también de perfumes. Quizás el que me deja la vida y la muerte de Mame Mbaye  es el de no cansarnos de amar en tiempos violentos. Un amor que si es cristiano ha de ser político (LS 231) y con la capacidad de colarse por las rendijas hasta forzar lo inédito y hoy lo inédito se llama justicia para los manteros y las personas sin papeles.    

 

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