Los nuevos tiempos impulsan realidades nuevas, aunque sea en las formas. Pero las formas están más relacionadas con el fondo de lo que en ocasiones pensamos. Y aunque normalmente se escribe sobre los “hijos digitales”, hoy quiero fijar la mirada en la maternidad y paternidad digital. Es decir, centrar el objetivo en el uso que hacen los padres de la tecnología en relación a la vida familiar y a los hijos. Quizá nos sirvan las mismas preguntas que en tantas ocasiones vertimos sobre ellos.

  1. Educa el testimonio del buen uso. Lo cual implica vivir sanamente las bondades de la tecnología en los diferentes ámbitos de la vida y valorar sus aportaciones. Saber valerse de los nuevos canales de comunicación e información, de la creatividad y compromiso al que dan lugar. ¡Ojalá fuésemos para nuestros hijos referentes!
  2. La obligación de saber qué sucede. Parte del espacio en el que hoy nos movemos es digital. Redes sociales, aplicaciones, videojuegos… ¿cómo dale la espalda? ¿No forma parte de la responsabilidad materna y paterna saber por dónde se mueven los hijos y con quién? ¡Ojo, que internet hoy es esencialmente social, es decir enlaza, conecta, vincula personas!
  3. Nuevos lenguajes, porque han cambiado. Los padres y los hijos han sido siempre distantes. Hay una diferencia inevitable en las experiencias, vivencias, épocas que comporta la renovación del lenguaje y las expresiones. Pero este proceso se ha acelerado en nuestro tiempo. Hoy escribimos mensajes, pero lo que viene serán videomensajes en cualquier tiempo. Hoy ya vivimos en ocasiones dificultades para interpretar correctamente lo que se escribe por “los grupos de Whatsapp”, pero lo que llega es un aprendizaje continuo. ¡Hace falta crear lenguaje común, ser inteligibles unos para otros, saber comprender lo que estamos diciendo!
  4. Horarios de “vuelta al hogar”. Entendemos mejor el uso del móvil entre adolescentes como si fuera un “salir de casa”. ¿No tiene horarios de regreso? ¿Por qué no se establecen también ciertas reglas para el móvil? Tiende, lo sabemos bien los adultos, a comerse un tiempo infinito y a meterse en cualquier espacio. Su movilidad es un reto a gestionar con flexibilidad y holgura. ¡Nada fácil! Los padres saben bien que sus horarios los marcan, en gran medida, sus hijos. ¿No debería ser también así con la tecnología? ¿Volver a casa para estar realmente en casa con ellos?
  5. ¿Juegas con tus hijos? La familia que juega unida, permanece unida. Los videojuegos pueden ser individuales o no, también pueden unirnos más, nos ofrecen espacios que compartir, conversaciones, tiempos de gratuidad. ¡Lo importante no es el juego, si me gusta o no, sino el hijo o hija, la calidad de ese momento! ¡Este tiempo no se opone a otros muchos!
  6. ¡No espíes! Dialoga.  Siempre existe la tentación de “espiar” qué hacen en sus redes, por ejemplo. Algunos se plantean crear un perfil falso o hackear la cuenta de sus hijos. Más fácil será coger el móvil de otra persona, pero este no es el camino. ¿Tanto cuesta hablar? Dale importancia a sus vivencias digitales para que sea él o ella quien te cuente de qué va todo esto que evoluciona tan rápido. El error de muchos es tomar todo eso que viven, expresan y piensan como un juego, que se puede menospreciar. ¡Acompaña a tu hijo, no vayas de listo aunque sepas más que él!
  7. Establecer referencias.  Igual que los adultos buscan información, sus dudas, los chavales también lo hacen. Si no directamente, se encuentran metidos en lugares en los que se habla o comparte de sus temas de preocupación. ¡Adelántate! ¡Prevenir hoy es fundamental! Sobre sexo, drogas, alcohol, dinero, poder, política, sentimientos, jerarquía de valores, religión, tipos de relaciones… ¡sobre sí mismos! ¿Quién es la referencia de nuestros hijos? ¿No debería ser la familia su primera escuela?
  8. Uso ordenado, según su fin.  Lamentablemente muchos consideran que el único uso que tiene el móvil es lúdico. Pero esa mirada tan corta impide la educación tecnológica en un sentido más amplio. Distinguir aquí es clave. Eso quiere decir que según el momento tendrá distintas finalidades y que debe estar ordenado y jerarquizado su uso.  ¿Cuál es la prioridad en cada momento? En ocasiones la tecnología será para estudiar, en otras para jugar, en otra para investigar e informarse, en otras para relacionarse.
  9. Coherencia con mi vida adulta. ¿Se enseña, porque se vive, que la tecnología es un mundo paralelo, como si fuésemos otra persona? Imagina que tu hijo lee tus comentarios en Facebook y no percibe en ellos que su padre o madre sea así con él realmente. ¿No sería trágico que te viera como alguien hipócrita, bienqueda o cosas así…? Es esencial que un adulto sea adulto también en la red, que sea como es y no juegue a “parecer” otra persona. ¡Un adulto no es un adolescentes, no puede jugar a lo mismo en la red!
  10. La riqueza de la tecnología, lo mucho que aporta. Resaltamos en exceso los peligros, hasta el punto de que parecen potenciarse y dar miedo. Una mirada ponderada y prudente descubre seguramente ambivalencias, y un poco de trigo y cizaña en todo esto. En la parábola el campo no se quemó a destiempo, sino que se siguió trabajando para que diera fruto y después separar. Digo con esto que considero importante en esta paternidad digital el esfuerzo por trabajar tecnológicamente para cultivar una buena tecnología en el mismo campo de la tecnología. Me gustaría que mi hijo viese en mí, por ejemplo, alguien que quiso usar la tecnología para el bien, no sólo para “mi bien”.
  11. Aprender a gestionar crisis. Porque ni los padres ni las madres somos perfectos. Tenemos nuestras crisis y en la red se dan otras. Fruto del uso de la tecnología también. Quizá en lugar de enfrentarse, discutir, quepa dialogar en pareja y buscar juntos lo mejor. Cómo se reciben ciertos comentarios, qué esfuerzos supone para la familia llevar una vida activa digitalmente, cuándo y de qué manera se abordan estas cuestiones.
  12. ¡Parejas digitales! Nuestros hijos crecerán viendo que sus padres usan también el móvil o la tecnología para comunicarse, para hablar con otros, para mostrar igualmente que se quieren. Si tenéis hijos adolescentes, que sepáis que les encanta ver a sus padres así, unidos, queriéndose, con un poco de postureo según el momento para quedar bien, bellos. El lenguaje digital también se abre a esos amores. Salir del trabajo, enviar un mensaje al grupo de familia. Mostrar ahí también el amor, el aprecio, la atención, la preocupación.