Más y mejores políticas de discriminación positiva

Las políticas de discriminación positiva siempre van acompañadas de polémica. Apuntan a una realidad incómoda que no nos gusta mirar. Como sociedad, impedimos que determinados colectivos se acerquen el poder, los recursos, los derechos. Desde que nacieron en Estados Unidos, como una forma de compensar la discriminación sistemática de la población afroamericana, estas medidas han tenido un largo recorrido, y han acabado orientándose a la búsqueda de la igualdad de oportunidades de muchos otros colectivos discriminados.

Las políticas de discriminación positiva fueron pensadas para contrarrestar un sistema de oportunidades desigual. La discriminación positiva elimina esas barreras, imponiendo una asignación más igualitaria para quienes tendrían escasas posibilidades de participación en el bienestar, y que si no fuera impuesta, no se daría. El objetivo es que en el acceso a recursos y servicios esté representada la composición de sociedad; que accedan tantas mujeres, personas con diversidad funcional, minorías étnicas, etc., como las que hay en la sociedad.

Es curioso que las políticas de cuotas sean consideradas injustas, y no lo sean los privilegios que tienen quienes son los beneficiados del sistema actual. Si eres hombre, blanco, tendrás más posibilidades de acceder a puestos de poder (como políticos o directivos) que si eres, por ejemplo, una mujer, y muchas más si perteneces, además, a una etnia minoritaria. E incluso una misma situación, como el hecho de tener hijos, puede ser beneficioso o perjudicial dependiendo de tu sexo: tanto en el ámbito laboral como en el de la representación política, la presencia de hijos perjudica claramente a las mujeres y, sin embargo, tiene efectos positivos para los varones.

Si un sistema de cuotas de representación femenina en las candidaturas políticas o en los puestos directivos de las empresas es considerado injusto ¿exactamente cómo calificamos que el hecho de ser mujer (o tener diversidad funcional, por ejemplo) sea razón, por sí misma, de exclusión?

Las políticas de discriminación positiva son a mi juicio necesarias: han ayudado a superar las limitaciones de la representación en estudios universitarios, cargos directivos, representación política. Si no existen, la participación en estos espacios se concentran en un sexo, una raza, una condición ¿es esa la sociedad que queremos?

La discriminación positiva es necesaria, pero aún insuficiente. Se puede extender a más espacios de la vida social que siguen manteniendo barreras importantes para el acceso de algunos colectivos, y deben ser mejor diseñados para que sean más eficientes. Es importante, por ejemplo, que haya paridad en las listas de partidos políticos, pero lo es menos si se concentran los hombres en los puestos “de salida” y a las mujeres en los últimos lugares de la lista, donde probablemente no serán elegidas. Es necesario que en los consejos de administración haya mujeres, pero no tanto si los consejeros ejecutivos, quienes concentran más poder, son hombres, dejando la baja representación femenina en puestos de menos poderes. Los cargos de presidencia, a los hombres. Las de secretaría, a las mujeres. Hay suficientes estudios que analizan si hay una diferencia en los méritos de unos y otros. Y no, no los hay.

Aún tenemos la tarea pendiente de encontrar un sistema en que las oportunidades sean realmente iguales, como explica Neil DeGrasse Tyson al hablar de la discriminación de mujeres, y de afroamericanos, en otro ámbito fuertemente excluyente: la ciencia.

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9 Comentarios

  1. Buenas noches, Mariángeles y Gaby. El tema es complejo. No cabe duda. A finales de los 90 y comienzos del 2000 estuve trabajando para una empresa que realizaba un servicio al Gobierno de Canarias. La concesión de dicho servicio a esta empresa conllevaba la contratación de un porcentaje de trabajadores con discapacidad. Académicamente se nos pedía, tanto a los compañerxs con discapacidad como al resto, tener acabados los estudios de Secundaria. Estxs trabajadorxs, con diversas discapacidades, realizaban el trabajo con la misma eficacia que el resto. Yo estoy convencido de que esta empresa no habría contratado trabajadorxs discapacitadxs si no fuese porque estaba obligada. En cuanto a las oposiciones a las que me presenté, hay una primera prueba escrita anónima, pero luego hay que defender presencialmente una unidad didáctica y una programación. Mmmm… En cualquier caso, como señalé al principio, con estos temas mejor no dogmatizar y reconocer que hay demasiadas cuestiones abiertas.

  2. Creo que precisamente ahí hay un error de partida ¿por qué pensamos que las plazas reservadas se van a ocupar con gente que con menos “capacidades mentales” y menos “temple” que los demás? Si no hay personas que cumplan con los requisitos, no obtendrán la plaza, aunque la tengan reservada. El problema de esto es que hay personas que por su sexo, su raza, o su condición física no obtendrían jamás una plaza, aunque cumplan sobradamente con los requisitos para ocupar estos puestos. Un gran ejemplo son las audiciones a ciegas para las orquestas filarmónicas: se comenzaron a hacer para evitar que se eligiera a parientes de músicos que ya estuvieran, o recomendados de políticos y personas influyentes. Ya tenían antecedentes que en las audiciones a ciegas se elegía al mejor candidato, y al levantar la pantalla, resultaba ser una mujer (que no fueron admitidas como miembros de pleno derecho hasta 1997, aunque algunas habían tocado con la orquesta durante décadas) Con respecto a las razas, esto decía Otto Strasser, un antiguo presidente de la Filarmónica de Viena, en 1970:
    «Sostengo lo incorrecto que es que hoy en día los aspirantes toquen detrás de una pantalla; una disposición que se hizo después de la Segunda Guerra Mundial para poder asegurar juicios objetivos. Luché continuamente contra aquella, especialmente después de que fui nombrado presidente de la Filarmónica, porque estoy convencido de que el artista no sólo es parte de la persona, a quien no solo debemos escuchar, sino también ver, para juzgarlo en su completa personalidad [… ] Incluso una grotesca situación que sucedió después de mi retiro no pudo revertir la situación. Un aspirante fue calificado como el mejor, y al levantar la pantalla, allí estaba de pie un japonés ante el atónito jurado.

    Lo importante de las cuotas, de las políticas de discriminación positiva, es que anulan estos sesgos, por los cuales se niegan oportunidades a personas con méritos, pero que por una característica (sexo, raza, discapacidad) no podrán acceder a oportunidades en condiciones de igualdad. Ni siquiera podrán intentarlo.

    Y permítanme una historia personal: hace algunos años entrevisté a una mujer con una enfermedad grave, que solo controlaba los movimientos de su cabeza. Una mujer muy inteligente, que no había podido estudiar, 30 años atrás, porque los centros de estudios no estaban habilitados para sillas de ruedas. En uno cuya directora hizo los esfuerzos necesarios para integrarla, acabaron pidiéndole que se fuera, porque algunos de sus profesores se negaban a darle clases: les molestaba el sonido de su maquina de escribir, en la cual ella tomaba notas mordiendo un lápiz y escribiendo a toda velocidad con su cabeza. Era una mujer brillante. No tuvo oportunidades por que A PESAR DE SUS MUCHOS MERITOS. Y su enorme voluntad. Cuando tienes todo en contra, no puedes. Y no es falta de voluntad. Y porque es injusto que para la mayoría de la sociedad estudiar sea un asunto de decisión personal, y para otros se les exija actos de heroicismo desmesurado si quieren tener un título. es una cuestión de JUSTICIA.

    Y recomiendo este artículo: http://culturacientifica.com/2014/06/23/las-matematicas-de-la-desigualdad-2/ y si teneis tiempo ved el video que esta enlazado: es un análisis, desde las matemáticas, del efecto que tiene el sesgo de género (aunque se podrían hacer con respecto a raza o discapacidad) y de la probabilidad que hay de que ese sesgo se vaya ampliando por simple inercia. No tiene desperdicio.

  3. Muchas gracias por tu comentario, Carlos. Es precisamente, esa percepción de justicia a lo que deberíamos aspirar.

  4. El comentario del profesor de filosofía mantiene un punto en el aire; y es que la cuadratura del círculo como quimera se sostiene, pero poco más. La llamada igualdad de oportunidades no puede tener por objeto elevar las posibilidades de unos en detrimento del resto. En el caso que nos ocupa, están todos los postulantes en ‘igualdad’ por razón de la formación adadémica solicitada para ocupar el puesto (maximin) de modo que lo que cuenta ahora son sus capacidades mentales y su temple al afrontar una prueba. En estos temas, como en tantos otros por ejemplo el derecho a decidir abortar o no, se gira peligrosamente de forma falaz; a la mujer se le ‘cuela’ un gol: decide tú que yo dejo de pagar una pensión al hijo que he engendrado contigo. Eso sí, si decido seguir adelante entonces tú tendrás que apoquinar los dineros correspondientes. Cierto es que cuando la mujer ‘deje’ de ser necesaria como vientre de vida, entonces los seres humanos tendrán que volverse a mirar en un espejo y calcular las diferencias que seguiran siendo bioquímicas y que se manifiestan en las conductas. La desigualdad no es el problema, el cómo comprendemos al otro no es la solución. Tal vez si nos adentrásemos en nosotros mismos seríamos capaces de movernos. Como dijo Einstein, la fuerza de la voluntad es única, (yo añadiría) e intransferible.

  5. En junio me presenté a unas oposiciones en Gran Canaria. Apenas veinte plazas para profesor de Filosofía. De las veinte, dos estaban reservadas para personas con minusvalía. Me pareció justo el haber sido “discriminado”.

  6. Jajaja, vale, entiendo que “discriminación” tiene una carga negativa que es difícil de sacudir. Aún así, creo que hay que insistir sobre la responsabilidad pública de “igualar” oportunidades, en una sociedad que las reparte bastante mal

  7. Gracias, Gaby, por tu post. Ya sé que no se trata de discutir sobre palabras, sino sobre hechos y acciones. Pero a mí me parece más acertado hablar de “acción afirmativa” que de “discriminación positiva”. ¿Cómo lo ves?

  8. Gracias por tu comentario, María Ángeles. La clave esta en lo que señalas: si se protege a un determinado colectivo por ley, ¿dejo espacio para la desigualdad? Se entiende que se le protege porque este colectivo sufre un trato discriminatorio, y que si no existiera una protección explícita, no cambiarían esas condiciones primeras de desigualdad. Esto no quiere decir que las políticas de discriminación positiva sean perfectas, pero son buenas medidas para solventar esas desigualdades de base.

    Por ejemplo, en España la LISMI, ley de integración social del “minusválido” ley 13/1982 de 7 de abril, establece la obligación de contratar a un número de trabajadores con discapacidad no inferior al 2% para las empresas públicas y privadas, con una plantilla superior a 50 trabajadores. Hasta ahora la ley ofrece importantes lagunas (por ejemplo, no abarca a pequeñas empresas y micro empresas, que generan una parte importante del empleo en España). Las personas con discapacidad siguen sufriendo una discriminación mayor para acceder al mercado laboral, pero sin la ley, sus tasas de paro (y pobreza) serían aún más elevadas.

    Esto, por supuesto, deja fuera al 2% de trabajadores de grandes empresas que no serán contratados, pero eso no quiere decir que se genere una situación de desigualdad para aquellos que pueden acceder sin sufrir ninguna discriminación a un puesto de trabajo. En este caso, la ley intenta resolver una desigualdad preexistente, no estaría de acuerdo en señalar que es una política de discriminación positiva que genera desigualdad…

  9. Es fácil apluadir con las orejas cuando se menta la necesidad de atender a toda población sin miramiento ni cortapisa. Pero este es un tema complejo que, en mi opinión, Rawls lo argumenta desde sus dos célebres principios de justicia: El principio de la libertad y El principio de la diferencia. También resulta evidente que no habrá justicia si uno no se indigna ante hechos flagrantes constitutivos de ignominia social. Sin embargo, cuando se habla de discriminación positiva, se abre una brecha difícil de salvar. Si protejo a un determinado colectivo por ley, dejo un espacio libre a la desigualdad. Entiendo que cualquier ley de protección social ha de comprender al ser humano como tal. Si se pretende libertad hay que ampliar la visión no restringirla.

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