De derechas o de izquierdas: Más de derechas que los de derechas y más de izquierdas que los de izquierdas

Confieso que cuando me preguntan si soy de derechas o de izquierdas solo puedo contestar que soy católico.

¿Y cómo debemos pensar los católicos? Para esto contamos con la Doctrina Social de la Iglesia Católica, que es la que, gracias a Dios, nos dice cómo debemos pensar. Conviene recordar que la Doctrina es solo una, porque solo hay un Camino que nos lleva a La Verdad y a la Vida.

¿Y esa doctrina es de derechas o de izquierdas? Para contestar a esto, me gusta citar a CS Lewis uno de los pensadores más extraordinarios de la historia moderna. Lewis escribió un libro llamado “Mero Cristianismo” en el que se pregunta cómo sería una sociedad que fuera realmente cristiana y llega a la conclusión de que sería muy conservadora y muy progresista al mismo tiempo.

Esta es exactamente la misma sensación que uno tiene cuando lee la Doctrina Social de la Iglesia. Ahora bien, quién piense que por ello la Doctrina Social de la Iglesia es de centro es que no lo ha entendido bien.

Dado que a mí también me costó entender esto, voy a explicarlo con un ejemplo:

Los finlandeses que son los que más saben de “saunas”, saben que la sauna tiene dos fases: La de calentamiento (en la propia sauna) y la de enfriamiento (generalmente bañándose después en un lago helado). Ningún finlandés fusiona las dos partes del proceso bañándose en agua templada, sino que todos ellos escogen lo más frío de lo frío Y lo más caliente de lo caliente. Por lo mismo, la Doctrina Social de la Iglesia no es de centro, sino que tiene lo más puro de la izquierda y lo más puro de la derecha al mismo tiempo.

CS Lewis lo expresa diciendo que “Mere Christianity” no puede ser interpretado como “Mire Christianity”. Esto traducido al castellano viene a decir algo así como que el Mero Cristianismo no es un Cristianismo “fangoso”, en el que todo se ha mezclado y ya no se reconocen sus componentes.

Llegados a este punto, conviene ahora preguntarse en qué debemos ser conservadores y en qué progresistas no vaya a ser que lo hagamos justo al revés.

¿En qué debemos ser extremadamente conservadores?

El catolicismo nos invita a tratarnos con absoluto RESPETO y CORTESÍA, especialmente con nuestros padres y con las personas mayores.

El catolicismo nos fuerza y nos recuerda continuamente la importancia del RESPETO A LA AUTORIDAD e incluso de la OBEDIENCIA a las instituciones civiles y religiosas, conduciéndonos así hacia la dulce HUMILDAD y generalmente hacia el buen funcionamiento de las cosas.

Obviamente nos invita a dar un enorme valor a lo RELIGIOSO. Dios debe estar por encima de todo, por eso nos invita a la ORACIÓN permanente.

Nos habla siempre de dones inviolables como la VIDA, la FAMILIA y el MATRIMONIO.

Defiende la LIBERTAD de las personas a la iniciativa y propiedad privadas y a todo aquello que no perjudique el bien común.

Nos habla de que estamos en GUERRA contra el mal y contra la mentira. Nos habla de ángeles y de demonios, de BIEN y de mal, de CIELO y de infierno, de VIDA y de muerte. No hay relativismo alguno.

Incluso nos habla de CASTIDAD, AYUNO, ABSTINENCIA, SILENCIO y hasta de perfeccionarnos en la TRIBULACIÓN.

Todo esto suena tan antiguo que parece imposible escribirlo sin que se llene el teclado de “telarañas”. Y sin embargo, es una parte esencial del Catolicismo, es una parte esencial de la Verdad.

Finalmente, dentro aún de lo conservador, el Catolicismo nos mueve también hacia la CARIDAD, la PIEDAD y la MISERICORDIA con nuestros hermanos. Estos valores, considerados como conservadores, obviamente no son comportamientos que se tienen cuando se hace lo que es justo con nuestros hermanos, sino cuando se supera lo que es justo, ya que la Caridad es la Justicia de Dios. Dios es Justo con los explotados y Misericordioso con los explotadores.

¿Y en qué debemos ser extremadamente progresistas?

El Catolicismo nos recuerda una y otra vez que debemos vivir de forma SENCILLA, sin extravagancias de ningún tipo. Debemos desterrar toda arrogancia y toda superficialidad. No debemos fabricar, ni consumir, ni por supuesto animar a otros a consumir nada superfluo. El Catolicismo nos recuerda continuamente los peligros del dinero, del poder, de la riqueza y del éxito. El Catolicismo nos anima a SERVIR y no a ser servidos.

Debemos luchar con todas nuestras fuerzas por la JUSTICIA, para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de todas las personas del mundo. Necesidades a las que tienen DERECHO solo por ser personas y por la DIGNIDAD que esto les confiere, incluso aunque no hayan trabajado ni realizado ningún mérito en toda su vida.

En cuanto al tipo de trabajo que debemos desarrollar, el catolicismo nos invita a TRABAJAR CON NUESTRAS MANOS y a no hacerlo de forma dispersa, sino centrados únicamente en aquello que se nos ha mandado.

Nos anima a ser y comportarnos como CIUDADANOS, es decir a participar en los asuntos públicos y en la política. Una política que debe poner por delante los derechos de los oprimidos antes que los caprichos de los poderosos y que por tanto no debe dudar en una política fiscal activa de REDISTRIBUCIÓN para garantizar EL DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES.

Así que ya sabéis, si sois católicos y os preguntan si sois de derechas o de izquierdas, os recomiendo contestar diciendo que sois como la sauna finlandesa: Más de derechas que los de derechas y más de izquierdas que los de izquierdas, pero nunca tibios.

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