El pasado viernes, cuatro Misioneras de la Caridad fueron asesinadas en Yemen. En este contexto ofrecemos las siguentes reflexiones de José María Segura, jesuita.

“¿Permanecemos con nuestra gente cuando son repudiados, expulsados, cuando sufren?”

En su intervención en el Congreso Eucarístico del 6 de agosto de 1976, en la sesión de “Mujeres y Eucaristía”, la Madre Teresa decía que María era madre de la Iglesia porque ella pudo decir de Jesús “este es mi cuerpo”, por ser madre y porque permaneció junto a Él cuando fue escupido, tratado como un leproso, repudiado por todos y crucificado, como discípula. Y preguntó a la audiencia: “¿Permanecemos con nuestra gente cuando son repudiados, expulsados, cuando sufren? ¿Les damos nuestro amor comprensivo? ¿Tenemos los ojos de compasión de María? ¿Entendemos su dolor? ¿Reconocemos su sufrimiento?”. Y así, como María, las hermanas Misioneras de la Caridad han sido discípulas y ejemplo para los cristianos. Se han hecho pan para ser partido como el Hijo. Han apurado el seguimiento. Esto es ser mártir, servir hasta dar la vida, ser testigos de que el Amor es más fuerte que el miedo al dolor y la muerte.

Mártires: Fieles al Amor por encima de la muerte

La Madre Teresa repetía a sus hermanas “Amar continuamente… hasta que os duela”. En respuesta a un senador norteamericano con quien conversaba sobre la importancia de los programas de reparto de alimentos para ayudar a poblaciones depauperadas del Food for Peace Program, el senador le invitaba a la prudencia diciéndole que cómo pensaba tener éxito embarcándose en tantos y tan complejos proyectos. La Madre respondió: “No estoy llamada a tener éxito, sino a ser fiel”. Parece ser que éste es el segundo ataque que sufren las Misioneras de la Caridad en Yemen. La primera vez ocurrió en julio de 1998 cuando grupos armados asesinaron a dos enfermeras. Las Misioneras de la Caridad destinadas en Yemen han permanecido en el amor, hasta el final. Y esta es la espiritualidad que Madre Teresa inculcó a sus hijas, la radicalidad del evangelio, pura y desnuda. Amor a bocajarro. Ante el dolor, el sufrimiento, el rechazo e incluso la violencia. En pobreza radical. Amor desnudo. Al modo de Jesús. Y ante la violencia y el rechazo… Amar hacia delante. Amar Reino adentro.

Decía Jon Sobrino que servir es “dar la vida” y matizaba “de una vez si fuera necesario”, pero “sobre todo día a día”. Las Misioneras de la Caridad eran mártires (testigos del amor de Dios) antes de que las asesinaran. Este es su ministerio. Las Misioneras de la Caridad procuran una atención integral de la persona, cuidando su cuerpo y su espíritu: “No somos trabajadoras sociales. Somos contemplativas en el corazón del mundo”. Conciben que su misión es dar a conocer a los más despreciados que son “importantes para Dios”, pero no predicando sino “haciendo las cosas con amor”, de manera que las personas se sientan “tocadas por la gracia de Dios”. Las Misioneras de la Caridad acogieron desde sus comienzos a moribundos, enfermos de lepra, niños de la calle… adaptando sus instalaciones y servicios a las necesidades de las personas más pobres. Mostrar con su cuidado, sus gestos y su acogida a aquellos a quienes nadie quiere, que Dios les ama. Ahora, con su asesinato, han consumado su servicio de amor. Han apurado el cáliz de su Señor. Se han mantenido fieles. Son mártires del siglo XXI.

Las Misioneras de la Caridad fueron invitadas a Yemen

rosarioLa Madre explicó que puso una sola condición al gobernador para ir a Yemen: que un sacerdote las acompañara: “Sin Jesús, no iremos”. Y así fue como un Padre Blanco fue el primer sacerdote en Yemen en unos 800 años. Y cuando el gobernador le pidió que no llevaran la cruz que corona su sari, la Madre respondió: “Es nuestro signo. Es un signo externo de nuestra dedicación. Le pertenecemos a Él”. Y lo mismo con el rosario, porque las Misioneras de la Caridad rezan el rosario por la calle en sus desplazamientos. En un país musulmán, las hermanas no irían si no podían rezar el rosario por la calle. El gobernador respondió: “Deben quedarse. Las hemos aceptado como ustedes son, no como alguien quiere que sean”.

Dar a conocer a los más despreciados que son “importantes para Dios”

Nada de proselitismo. Eso es algo que no se ajusta al modo de proceder ni a la tradición de la Misioneras de la Caridad ni a las enseñanzas de Madre Teresa. Las Misioneras no predican. Su predicación son sus obras de misericordia. Llegado el momento, en sus centros, las personas reciben los ritos funerarios propios de su tradición religiosa. La Madre misma enseñaba que su objetivo era ayudar a cada uno a su encuentro con Dios según su propia tradición. Que el hindú fuera un mejor hindú, y así el musulmán y el cristiano. Recuérdese, por ejemplo, que para el 25 aniversario de las Misioneras se reunieron representantes de “18 caminos espirituales” en Calcuta para dar gracias a “Dios” por el don que las Misioneras eran para todos ellos.

Termino con dos súplicas. La primera: recordemos en nuestras oraciones, y eucaristías, no sólo a estas cuatro hermanas sino también al resto de víctimas: al chófer, a otros dos colaboradores y al menos una decena de ancianos. La segunda: no culpemos al Corán ni a los musulmanes en general y sin matizar. Es un acto violento perpetrado por extremistas y aún hay poca información. Sirva este post como oración agradecida al legado de la Madre Teresa y al testimonio de Amor entregado de las Misioneras de la Caridad por todo el mundo.