El domingo 29 de marzo falleció el jesuita José María Martín Patino, que hubiera cumplido 90 años justo al día siguiente. Conocido sobre todo por su papel en los difíciles, apasionantes y decisivos años de la transición democrática en España, no conviene olvidar su relevante papel en la renovación litúrgica, después del concilio Vaticano II, ni tampoco el ingente trabajo desarrollado posteriormente en y a través de la Fundación Encuentro.

No se trata aquí de hacer un resumen de su biografía, ni tampoco de redactar una nota necrológica. Otros lo han hecho ya con brillantez en la prensa de estos días. Su compañero y amigo jesuita Pedro Miguel Lamet  destaca que fue “el jesuita que hizo la transición eclesial”, mientras que José Manuel Vidal subraya su papel como “la mano derecha de Tarancón”. Para Urbano Valero, que fue su superior provincial, estamos ante un  “jesuita y hombre de encuentro”, al tiempo que Agustín Blanco, director de la Fundación Encuentro y fiel colaborador durante más de veinte años, le describe como “un hombre de acción”. El periodista Juan Cruz señala que “escuchar y juntar” son los dos verbos que, junto al ser discreto, sintetizan lo principal de su aportación. Por su parte, José Manuel Bernal ha destacado, como no podía ser menos, su faceta de liturgista.

En la homilía de su funeral corpore insepulto, celebrado el lunes 30 de marzo en la parroquia jesuita de San Francisco de Borja, el arzobispo de Madrid, D. Carlos Osoro, se refirió al pasaje evangélico de los discípulos de Emaús como un icono a través del que adentrarse en la vida y misión del Padre Martín Patino. Una presencia discreta que, muchas veces sin que las personas lleguen a saberlo, lleva a Dios. En ocasiones sin ponerle nombre, pero sí reconociendo una presencia que habita por dentro, abre nuevas dimensiones y calienta la existencia. Hacia Emaús, el encuentro se produce en el camino de la vida, como bien supo vivir y facilitar José María. El encuentro llega a su culmen alrededor de la mesa, en el pan partido y la conversación amigable, algo que Patino experimentó y cultivó de manera muy cuidadosa.

entreParéntesis tiene el honor de ser co-partícipe de uno de sus últimos proyectos. Un seminario de expertos convocados para dialogar, debatir y buscar consensos en torno al tema de la “Religión y religiones en la plaza pública”. Como no podía ser de otro modo, logró convocar a expertos relevantes de las diversas posiciones ideológicas y sensibilidades religiosas para encontrarse, escuchar, aportar y construir juntos una convivencia fecunda. Desgraciadamente, la enfermedad que le ha conducido finalmente a la muerte, le impidió participar en la primera sesión del seminario, que tuvo lugar el pasado 17 de marzo. Nos quedamos con unas lúcidas palabras que redactó para el último Informe España: “El consenso del que tanto se habla no equivale a la unanimidad de juicios y pareceres. Se identifica más con el deseo y la práctica de colaborar con los demás, aunque sean discrepantes. El bien común está por encima de nuestros respetables pareceres personales”.

Su ejemplo, su palabra, su trabajo, se convierten en estímulo para quienes seguimos en la brecha, intentando dialogar en las fronteras.

Descanse en paz, en el Encuentro definitivo con el Padre Dios.