De martes divinos, mezquitas y cuentos

Me encantan los martes. Desde hace años son unos de los días favoritos de mi semana porque a partir de las 9 de la noche un grupo de amigos y amigas del mundo nos juntamos a orar la vida, a celebrarla y a compartir la mesa juntos. La mayoría somos musulmanes y cristianos aunque también hay entre nosotros gente buscadora, respetuosa con las religiones, pero que no terminan de identificarse con ninguna.

Nos convoca la vida y nos unen las luchas comunes contra las fronteras pues nos hemos conocido en esta apuesta. El origen de los martes divinos tiene que ver precisamente con una de ellas. La lucha contra una deportación de un grupo de personas bangladeshíes escondidos en los montes de Ceuta para evitarla.

Desde los colectivos en los que participábamos entonces: La Asociación sin Papeles y Ferrocarril Clandestino, colectivos aconfesionales y de carácter laico, estábamos preparando en una asamblea, dos encierros, dentro de la campaña “No en nuestro nombre, impidamos la deportación” y en un momento de mucha crisis, cuando pensábamos que todo estaba perdido y creíamos que ya no había nada que hacer, un amigo musulmán hizo una propuesta insólita en aquel ambiente: rezar juntos.

El silencio y el “descoloque” de nuestros compañeros agnósticos y ateos ante la propuesta fue evidente, pues se produjo un cruce de planos que a nuestro amigo musulmán le costó entender. Pero el hecho fue que al salir de la asamblea los pocos cristianos que formábamos parte de ella y algunos musulmanes decidimos empezar a reunirnos en una casa para orar juntos con el Corán y el Evangelio.

Al inicio éramos un grupo de seis personas que nos juntábamos de manera más esporádica , pero desde hace seis años lo hacemos semanalmente en este espacio que le hemos puesto el nombre de martes divinos. Ahora somos un grupo diverso con cierta estabilidad de 12 a 15 personas abierto siempre a la llegada de quien aparezca.

Nos reunimos para orar y compartir la mesa en torno a hechos concretos vividos en común o experiencia vitales intensas: la alegría de haber encontrado un trabajo o conseguir papeles, un juicio por top manta, la celebración de un cumpleaños, la muerte de algún familiar, el nacimiento de un hijo, la liberación de alguien del CIE, la amistad y compromisos que nos unen, etc.

Cuidamos con esmero el criterio de la diversidad, la pedagogía sencilla y popular, y la traducción simultánea al francés en muchos de nuestros encuentros, pues algunos de nuestros compañeros son francófonos.

El esquema siempre suele ser el mismo: Empezamos con el recitado cantado de alguna sura e invocando a AL FATTAH “El que nos da apertura” uno de los 99 nombres de Allah, y un pasaje del Evangelio que interiormente nos conecte con esta experiencia y con símbolos sencillos y canciones, cuidando el silencio y la palabra, vamos compartiendo aspectos de nuestra vida y sintiéndonos sostenidos por las manos de Dios en ella.

Es una experiencia de oración cristiano-musulmana que ha brotado desde el diálogo de la vida y en el que compartimos situaciones que nos preocupan de nuestro entorno. En este espacio a veces reflexionamos también en común sobre la convivencia y la interculturalidad, la xenofobia o los fundamentalismos.

De estos encuentros han brotado en este tiempo iniciativas de diálogo interreligioso más amplios con las mezquitas del barrio pues algunos de nuestros compañeros están en la junta directiva de algunas de ellas.

De este modo alguna de las personas que participamos en los martes divinos nos hemos implicado con algunas mezquitas en organizar concentraciones de condena ante los atentados terroristas en Bélgica o Francia, y hace apenas un mes en la celebración de la Primera Jornada de Puertas de Abiertas de la mezquita de Bangladesh.

Estas pequeñas experiencias nos llevan a seguir apostando, contra tantos profetas de malos agüeros que la interculturalidad y la interreligiosidad son posibles en nuestros barrios y que es mucho más lo que nos une a las personas que los habitamos que lo que nos separa y que por ello tenemos que seguir empeñándonos en levantar puentes y buscar caminos de convergencia. Lo aprendí hace muchos de Tamara, una niña que me contó un secreto sobre Dios tal como Él se lo había contado a ella :

Erase un mundo en el que había muchos países y en cada país había muchas personas. Unas creían que existía Dios y otras creían que no existía. Dios se había dejado ver un tiempo, pero casi nadie lo reconoció, y luego ya no se dejó ver, pero las quería a todas y las ayudaba. En cada país las personas que creían en Dios le llamaban de distinta forma y habían visto una pieza del rompecabezas de Dios. Los manecos vieron la mano, los pieciestas, el pie, los ojunos, el ojo y los que no creían, veían el paisaje… Un día se juntaron y ya veían un poco más y Dios se reía, porque era distinto a cómo se lo imaginaban.

Que este Espíritu de respeto a la diversidad guíe nuestros procesos de acompañamientos, las búsquedas y faenas en las que estamos en nuestros barrios.
INSHALLAH

1 Comentario

  1. Os felicito por todo esto. En este mundo tan dividido estáis poniendo una semilla que sin duda dará su fruto.
    No me uno porque ya soy muy mayor y no puedo…
    Gracias.

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