María Magdalena

Por estas fechas, en México, se estrena la película de María Magdalena (Director: Garth Davis). De todas las películas y series que en últimos años han aparecido narrando historias de la Galilea del año 30 d. C., esta es la que más me ha gustado, incluso y con todo que el Jesús interpretado por Joaquin Phoenix me pareció un tanto desangelado y falto de injundia.

El personaje de María Magdalena (protagonizada por Rooney Mara) tiene el don de conectar y empatizar con quien a traviesa por tribulaciones. Ayuda a una mujer que se da por derrotada en labores de parto. Con su mirada serena, ayuda a dar el brinco a quien el pánico lo paraliza a mitad de camino. Sin embargo, en el contexto social de aquella época, impera el machismo. María está en edad de casarse y la familia anda buscándole marido. Hay un viudo interesado que le manda regalitos. Pero Magdalena no corresponde en sentimientos, digamos que atraviesa por una crisis existencial, lo que despierta las sospechas familiares y piensan que está endemoniada.

Magdalena oye los rumores de un curandero que anda en el pueblo. En una ocasión, mientras remienda redes para la pesca, ve caminar a Jesús y a sus discípulos. Su curiosidad la lleva a acercarse. Ahí escucha unas palabras que entran en su mente y en su corazón como gotas en esponja. Hay algo en ese mensaje, en el modo de hablar de Dios y en el modo de ser de ese Galileo, que en una noche de insomnio y reflexiones, apenas amanece, se levanta y decide acompañar al grupo. Claro, yendo en contra de la opinión familiar. Posteriormente, también se encontrará con la suspicacia de algún apóstol. Sin embargo, Magdalena se mantendrá firme y seguirá adelante, en buena parte por la admiración, aprecio y amistad que ha entablado con el Maestro.

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La sobriedad de esta película, sin pretensiones de otras por el estilo, ayuda a que el espectador se transporte con la imaginación a aquella época. Cuenta con bellas metáforas que nos remiten tanto a lo que experimenta quien se siente hundido en un abismo de desesperanza y sin sentido, como a quien recupera la fe y siente que ha vuelto a nacer.

Creo que esta película no es para todo público. A muchos les parecerá lenta, aburrida y sin chiste (y alguno se parará de pestañas, indignado). Creo que es muy apta para estos días de semana santa, pues junto con Magdalena, acompañaremos a Jesús en la entrada triunfal a Jerusalén, y días después, en su aprehensión y en el tortuoso camino que lo llevará a la crucifixión. Recordemos que Magdalena, junto con Juan, fueron los únicos apóstoles que estuvieron al pie de la cruz.

En este largometraje, Magdalena es la primera en captar que el Reino de Dios tiene que ver con ser compasivo y practicar la misericordia. Esta sensibilidad y finura que vemos en la protagonista, seguramente la tuvo aquella mujer de Magdala que, al ir triste, devastada y preocupada en cómo remover la roca que tapaba el sepulcro, de repente, capta que la tumba está vacía. Ella fue la primer testigo que, por experiencia propia, pudo dar fe de que Jesús sigue vivo.

Recomiendo ir a ver esta película solo y con hambre, y no hablo de la apetencia de hartarse de palomitas, sino de hambre de búsqueda y de deseos de encontrar otro aborde y óptica que mueva nuestros corazones respecto a lo sucedido en la Palestina del primer siglo de nuestra era.

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@elmayo

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