Por Eloi Aran, arquitecto y teólogo.

El 10 de julio la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad diecisiete obras de Le Corbusier (1887-1965), arquitecto de origen suizo y uno de los padres de la arquitectura moderna. De las obras seleccionadas, dos de ellas son de temática religiosa: la iglesia de peregrinación de Notre Dame du Haut, en Ronchamp (1950-55) y el Convento de Santa María de la Tourette, en Eveux-sur-l’Arbresle (1953). Las dos obras, siguiendo su conocida máxima que una casa es una “máquina de habitar”, son auténticas “máquinas de rezar”.

ronchamp1lLa Iglesia de La Ronchamp fue en su momento un hito de la nueva arquitectura sacra que daba una respuesta plástica a la espiritualidad de toda una generación marcada por la tragedia de la segunda guerra mundial. La iglesia, pese a la novedad formal, sigue conceptos clásicos de la arquitectura religiosa, como la orientación al este de la nave principal o la aparición de pequeñas capillas con altares esparcidas en los laterales, pero al mismo tiempo se retrotrae a la arquitectura primigenia y vernácula, como la aplicación que hace de los apuntes espaciales que había tomado el 1910 en la Villa Adriana, Tívoli. La gran cubierta cóncava, que aparece como suspendida por una rendija de luz perimetral, da una gran sensación de pesantez y refugio opuestas a la esbeltez del gótico tradicional pero, no por ello, deja de ser identificado y vivido como un lugar sacro. Del mismo modo, Le Corbusier logra el recogimiento del alma a través de los pliegos y grosores de los muros, los cuales son perforados o se acaban para dejar un control lumínico perfecto. Finalmente, hay una lectura externa del edificio respecto al entorno. No se trata aquí de una Ville Saboie, una de las primeras obras del arquitecto (1929), donde el edificio se sustenta indiferente sobre pilares en el plano terreno, como si se tratara de una aeronave, sino que las curvaturas y la potente cáscara de la cubierta hacen entrar al paisaje y al pelegrino en el espacio sacro. La máquina de rezar se injerta en el montículo como un resto primigenio que apunta al transcendente.

La-Tourette-TECNNEDiferente es el caso del Convento de Santa María de la Tourette, un encargo que recibió del P. Le Couturier, del capítulo provincial de los padres dominicos de Lyon. Aquí Le Corbusier siguió el esquema clásico de convento, con su claustro cuadrado y su iglesia a un lado, haciéndolo “volar” todo y alzándolo respecto el terreno inclinado. Una gran mole de hormigón que sobresale de la montaña y desde la cual se contempla el paisaje. Todo el edificio es plasmación del lema dominicano “Laudare, bendecire, predicare” (Loar, bendecir, predicar). De hecho, el mismo arquitecto se ponía como esquema funcional “Alojar en el silencio a hombres piadosos y estudiosos, y construirles una iglesia”, de ahí la planta binuclear que tiene una forma de “U” para el claustro donde viven y estudian en silencio contemplativo los padres dominicos y un volumen aparte que cierra el claustro que es la iglesia, perpendicular a la pendiente del terreno. Finalmente cabe destacar el diseño de las habitaciones espartanas de los monjes, de forma alargada y siempre con vistas hacia el exterior para poder rezar y estudiar en las mejores condiciones, y la reinterpretación del claustro, donde prima el silencio y sobre el cual se transita en unas galerías suspendidas en el vacío en forma de cruz, con evidentes connotaciones bíblicas (Ez 40).

Valgan, pues, estas líneas para dar reconocimiento a un arquitecto que, pese a ser calificado como “aquél teórico extranjero y extravagante que había publicado (en referencia a “Hacia una arquitectura”) una recopilación de apotegmas donde predicaba, talmente como un profeta, la geometría implacable y el calvinismo estético” (Louis Hautecoeur, 1924) ha sabido canalizar y materializar una arquitectura espiritual para el hombre contemporáneo.


Fotografía de La Ronchamp, tomada de http://www.galinsky.com/buildings/ronchamp/

Fotografía de La Tourette, tomada de http://tecnne.com/le-corbusier/los-atributos-de-la-tourette/