Mapa de incertidumbres para empezar el curso

Foto: Laly Serrano

Somos muchos los que preferimos planificar el año escolar; el año natural se ajusta peor a nuestras distintas rutinas. Y ahora que se inicia el nuevo curso, miro alrededor y solo consigo ver un bosque de incertidumbres.

En mi círculo cercano, se destacan los que luchan por mantenerse vivos. Esa batalla absoluta que pone las demás en pausa, que unas veces nos da todo el sentido y otras parece que nos lo quita.

Justo detrás de ellos, veo a los que intentan reponerse de pérdidas recientes, algunas de ellas llenas de angustia. Y pienso que tantas veces tenemos que renunciar a lo que creemos nuestro, sea lo que sea, que resulta urgente aprender técnicas de desapego. Otra tarea para este curso.

También hay amigos que comienzan en nuevos lugares y se alejan de nosotros, quizá para siempre. Otros, en cambio, han vuelto por sorpresa y estoy segura de que algo importante cambiará con ellos.

Y luego están las encrucijadas. Las mías personales y las de muchos otros. Veo los caminos llenos de ellas y veo el vértigo paralizante que todas esconden. Me pregunto cómo tener más lucidez para elegir, y más confianza para vencer después las dudas y el miedo. Discernir es difícil cuando nada te ahorra el salto al vacío.

Pero no todo es incierto, ni oscuro. Este bosque tiene algunos claros llenos de niños felices que han vuelto a sus rutinas, de amigos con los que sabes que podrás contar siempre, de buena gente que trabaja por un mundo más justo y sigue unida pese a sus diferencias. Todos ellos y algunos más están ahí, presentes, rebajando esta sensación de fragilidad infinita.

No todo es incierto, ni oscuro en este bosque pequeño.

Otra cosa es si miro más allá, un poco más lejos, y veo los ojos de los que no tienen ningún curso que comenzar, atrapados como están en alguna de las heridas terribles del mundo:

Tantas otras … Ante ellas, mis nieblas se disipan solas, con un poco de vergüenza. Y vuelvo a preguntarme cómo tener lucidez y confianza, para tenerlas presentes y asumir nuestra responsabilidad de humanizar el mundo, por muy grandilocuente que suene, para saber cómo ejercerla de la mejor forma, desde el lugar y las circunstancias de cada uno, sin sucumbir al desánimo, ni al desencanto, ni a la tentación de sentir que bastan nuestras propias cuitas.

Y en esta tarea estamos, iniciando un curso lleno de retos e incertidumbres, en medio de un paisaje quizá demasiado complejo. Lo bueno es que no vamos solos, ninguno de nosotros, por mucho que nos lo parezca a veces. Y estoy segura de que podremos ir avanzando, encontrando y compartiendo juntos muchas de las respuestas pendientes. 

2 Comentarios

  1. Gracias, Laly:
    No vamos solos… ¡A humanizar, tocan!

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