Manuela y el Emmanuel

Cuando yo era pequeño, en mi pueblo, siempre celebrábamos la Navidad con un gran “belén viviente” en el que participábamos casi todos los niños y niñas del colegio, además de un buen grupo de personas adultas. Creo no exagerar si digo que éramos cientos, muchos como soldados romanos, pastores y otros personajes secundarios. Aquello tenía un encanto especial. Luego, he estudiado algo de teología y me he adentrado un poco en el campo de la espiritualidad cristiana, y confirmo que los belenes vivientes tienen más fuerza que los belenes de figuritas inmóviles y compradas en un mercadillo.

Recuerdo esto en el día de Navidad, a propósito de cierta polémica en torno a los belenes públicos en mi ciudad, Madrid. De fondo, está la cuestión de la laicidad de las instituciones o de la presencia de los símbolos religiosos (más concretamente, cristianos) en la esfera pública. Con los nuevos gobiernos municipales surgidos de las elecciones de mayo, este tema ha recobrado actualidad y ha suscitado controversia. Yo mismo escribí en verano un post titulado “Manuela y la Paloma”. Mantengo lo que dije entonces, pero con el paso del tiempo me he hecho más consciente de que hay una verdadera campaña mediática de acoso y derribo contra la alcaldesa Manuela Carmena, campaña que utiliza esta cuestión como un arma arrojadiza más. Por eso vuelvo al tema, ahora con un enfoque un poco diferente.

Imagen: Jaime Villanueva
Imagen: Jaime Villanueva

Se dijo que la alcaldesa iba a quitar los belenes de Madrid. Poco menos que iba a prohibirlos. Casi como el primer paso para prohibir la práctica religiosa o iniciar una campaña de persecución contra los cristianos. Poco importa que, en este año 2015, haya al menos tres belenes en sedes oficiales del Ayuntamiento de Madrid (sin contar los que hay en las juntas municipales), que se pueden visitar pública y gratuitamente: uno en la Plaza de la Villa, sede histórica del Ayuntamiento; y dos en la plaza de Cibeles, la más reciente sede municipal; además, hay otros dos belenes en museos municipales: el de San Isidro y el de Historia de Madrid. Podría haber más o menos; por ejemplo, a mí me podría gustar que hubiera uno en la Puerta de Alcalá.. Pero creo que no se pueden sacar las cosas de quicio. Y, en cualquier caso, no es ese el tema a donde yo quería llegar. Empecé hablando de los belenes vivientes y a eso vuelvo.

Porque la cosa más novedosa e importante es que la sede del Ayuntamiento en la plaza de Cibeles fue, ayer en la Nochebuena, lugar de celebración de una cena especial, para 200 personas sin hogar. Organizada por la ONG Mensajeros de la Paz, fundada y dirigida por el conocido sacerdote el Padre Ángel, estuvieron presentes también la alcaldesa Manuela Carmena y el obispo, monseñor Carlos Osoro. Ahí, en este gesto, podemos ver encarnado el espíritu de la Navidad. Esta noche, el Dios verdadero se encarna en Jesús de Nazaret, el mismo que dijo “tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25, 35).

Claro que puede verse como un gesto puntual, superficial o asistencialista, al estilo del “siente un pobre a su mesa” de la película “Plácido”. Pero si, como hace la Iglesia a través de numerosas iniciativas (pensemos en Cáritas, en la comunidad de Sant’Egidio o en los diversos dispositivos de atención a personas sin hogar agrupados en la red FACIAM), y como hace al Ayuntamiento a través de sus diversas políticas públicas (financiadas con los nuevos presupuestos para 2016), se intenta dar una respuesta integral a un problema estructural, no creo que este gesto pueda criticarse sino desde la mala fe.

Por lo demás, el hermoso cartel que domina el palacio de Cibeles (#RefugeesWelcome) nos recuerda otras palabras del Niño que nace hoy: “fui forastero y me acogisteis” (Mt 25, 35). En definitiva, sea o no creyente, la alcaldesa Manuela parece estar más cerca del Emmanuel, el Dios-con-nosotros, que muchos de los que la critican con argumentos pretendidamente cristianos. Ha logrado hacer del Ayuntamiento un belén viviente. O lo está intentado. Esperemos que no sean solo gestos puntuales ni limitados a un edificio, sino a toda la ciudad, a sus políticas, a sus prácticas.

(Foto de Jaime Villanueva; más aquí)

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