Maldita hemeroteca digital

Internet no olvida (fácilmente) pero quienes rebuscan entre los recuerdos son personas de carne y hueso, con intereses bien definidos. Conviene tenerlo presente. Hoy por hoy, la capacidad de recuerdo de internet se basa en unas pequeñas indicaciones de datos o temas. De algún modo recordar es esto, relacionar algo de hoy con algo que hacemos presente hoy. Pero internet no recuerda nada, simplemente almacena. Las hemerotecas son grandes archivos y poco más. Pero para que aparezca algo hay que teclear, leer, seleccionar y descartar. ¡Esta es la gran hemeroteca digital!

En algunos casos concretos, que estamos viendo salir a la palestra sin impunidad y con mucho descaro, no está en juego ni la ejemplaridad ni la coherencia. Por mucho que digan o justifiquen de un lado u otro. Lo que está demostrando internet es algo mucho más grave, a mi parecer. Está revelando la actitud ante la vida de determinadas personas y cómo en determinados círculos se habla en posesión de la verdad respecto de otros y con humildad y paños calientes de lo propio.

Vayamos con algunas reflexiones en torno a la hemeroteca digital, que seguro que tiene más vidas por vivir de las que acumula este año.

  1. ¿Todo es digital? Prácticamente todo tiene un eco en el mundo digital, aunque no sea compartido en redes sociales o en otras aplicaciones. Las grandes decisiones, incluso las deliberaciones y las consultas. Todo queda registrado y a más de uno le está interesando estudiar cómo decidimos y si es posible prever nuestra vida, sin considerar un ápice de la supuesta libertad.
  2. ¿Qué sabe de mí? La respuesta de los grandes será, entre sonrisas y miradas: “más que tú mismo.” Pero insisto, internet tampoco sabe nada, simplemente guarda cosas y alguien, con mejor o peor intención se puede poner a atar cabos de aquí y allá, a poner en situación una y otra.
  3. Ni tono, ni contexto. El contexto lo pone la situación; mejor dicho, quien recibe el mensaje, quien lee, quien escucha o quien ve. Una escena de una película de hace unas décadas puede ser vista hoy como escandalosa e impropia; lo mismo sucede con los mensajes digitales, con el agravante de que nuestra época respondo con mucho interés al ahora y habla en un medio de mucha longevidad como si se fuese a borrar mañana.
  4. ¿Quiénes buscan? Normalmente no están siendo los amigos, los que se andan interesando en el pasado de alguien. Más bien al contrario. Y no dudaría en pensar que son muchos los que están “atrapados” (sin eufemismos, chantajeados) por algún tipo de contenido digital.
  5. No existe una copia, sino miles de copias. Una foto se rompe en un momento, pero no se borra. Que una persona no sea capaz de acceder a una foto, mensaje o contenido no significa que otros no puedan llegar a ella. Bien porque tengan más habilidades o bien porque la cambien de sitio. En internet todo se copia, se replica, está en varios lugares al mismo tiempo, con el espejismo de ver sólo uno.
  6. ¿Quién crea la hemeroteca digital? En principio, nosotros mismos. Cierto es que no guardamos todo lo que tenemos de igual modo y que algunas aplicaciones han apostado fuerte por el contenido efímero, capaz de caducar en horas. Pero por término general una de las cuestiones más valoradas de la red es esta capacidad de almacenamiento y la enorme disponibilidad de contenidos que hay vayas donde vayas. Dicho simplemente, forma parte de la estructura esencial de internet. No sólo su capacidad para almacenar, sino para relacionar contenidos entre sí y buscar entre ellos.
  7. ¿Cabe el chantaje? Por supuesto. Imaginemos que alguien en su momento usó internet para algo de lo que actualmente se arrepiente. Si cayera en manos de otras personas, sólo por el hecho de no querer que se sepa o no sentirse conocido (invadido) ya tenemos una fuerte vulnerabilidad. A partir de la cual seguramente tengamos muchos casos en la actualidad de chantaje. Por otro lado, la capacidad de difusión de algo dañino sobre alguien a través de la red es brutal. Un clic y llegará a cientos de personas que te interesan directamente.
  8. ¿Cambiar el recuerdo? Por supuesto. Vivimos los tiempos de los relatos, de las historias, de las narraciones frente a los discursos. Una oposición frontal en la que quien tiene la palabra escribe los hechos. Estoy absolutamente convencido de que en muchos casos una misma realidad acepte distintas miradas; pero no todas. Y estoy también convencido de que no se trata tanto de contar lo que sucede, sino ejercer el servicio de la palabra y la imagen hacia la realidad. Pero es evidente que en no pocos rincones del planeta se intenta reescribir la historia y hablar falseando decididamente la realidad. ¡Es el poder del medio!
  9. ¿Debemos estar alerta? Indiscutiblemente. Gracias a esta hemeroteca digital nos podemos plantear mucho antes que en otros tiempos de la historia, que la fuerza de la palabra es real, que lo que se dice es una acción que nos compromete y que estamos a merced de nuestras propias palabras. No por coherencia o incoherencia, puesto que está en la limitación humana vivir en la finitud y desconocer bastante la perfección. No por coherencia, sino por una vida en la verdad, en la que cabe también el arrepentimiento y la corrección, la disculpa y el enmendarse.

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