Po Ignacio Alvaro Benito @ialvaro75
Ilustración: “Tokiskiopina” por Jorge Alvaro González @jorgerejalon48

Hemos pasado unas semanas de campaña, carteles de SI/NO y un ejercicio de participación ciudadana que, según opiniones y medios, variaba entre el éxito rotundo y el fraude. Una votación larga, un recuento lento y varias semanas de aplausos, criticas, y dedicado escrutinio a esta novedosa iniciativa del ayuntamiento de Madrid.

Sin embargo, en el contexto global, no tiene nada de novedosa. Llevamos años hablando, practicando y aprendiendo de participación ciudadana y presupuestos participativos desde que en 1988 se desarrollasen por primera vez en la ciudad de Porto Alegre (Brasil). En los últimos años algunas de las principales ciudades, como Chicago, están experimentando con ellos. Y aunque aquí se haya asociado a la izquierda, las iniciativas proliferan en todo el espectro ideológico y de muy diferentes formas.

Es una realidad, difícilmente discutible, que vivimos en una época de desafección ciudadana. Según el euro-barómetro (2016), el 60% de los españoles no confían en las instituciones de gobierno. Esto, sin lugar a dudas, nos debe obligar a repensar nuevas formas para mejorar la relación entre los que gestionan el bien común y la ciudadanía. La participación es necesaria para el desarrollo personal y un principio básico para la justicia social (Torrecilla y Castilla, 2016). En teoría, el ayuntamiento de Madrid quiere facilitar esa “participación” para que podamos decidir sobre lo que es de todos.

Pero, por mas que lo pienso, algo no me cuadra. Madrid Decide es, sin lugar a dudas, efectista, y nos otorga una sensación de poder muy diferente a la forma tradicional de hacer política. Pero, ¿es esta participación que nos proponen eficaz?

Nos han preguntado por algunas propuestas, pero no por los problemas que nos inquietan. Me preguntan por soluciones, pero en muchas ocasiones carezco de la información necesaria para la toma decisiones y en otras las soluciones tampoco responden a mis problemas. ¿Qué pasaría si las propuestas no tuvieran el impacto esperado? ¿A quien podríamos exigir cuentas entonces? El ayuntamiento, ciertamente, podría excusarse en la decisión de la mayoría. ¿Pediremos, entonces, cambio de ciudadanía?

Hay mucha información en la prensa de las ultimas semanas sobre las limitaciones del sistema: elevado coste, preguntas no neutrales, baja participación… Pero no quiero centrarme en las criticas, sino en cuatros puntos que surgen de la experiencia de años y el estudio de muchos que creo ayudarían a una participación más eficaz:

1. Participar requiere información

Según el profesor de Harvard Archon Fung, los ciudadanos necesitamos información para entender cómo se toman las decisiones y participar de las mismas. Esta información debe ser fácilmente accesible, comprensible y “accionable”. Es decir, la información debe permitirnos tomar acciones, esas acciones deben tener un impacto en los gobiernos y, en respuesta, estos deberían tomar acciones correctivas al respecto. Un buen comienzo para fomentar la participación sería mejorar los sistemas de información pública que nos permitan tener una mayor conocimiento y control de la acción de nuestros gobiernos.

2. Participar en lo importante: la identificación de problemas

Decide Madrid permite la identificación de propuestas de abajo a arriba. Pero mas allá de las propuestas, ¿preferimos que nos pregunten por soluciones o por nuestros problemas? Hay muchas teorías de liderazgo y gestión, (Heifetz, Pritchett, Andrews) que ponen el énfasis en identificar primero los problemas, antes de saltar a las soluciones.

Participar contando al ayuntamiento nuestros problemas quizás no sea tan efectista, pero seguro es mucho mas eficaz para canalizar nuestras inquietudes y ayudar a los gobiernos locales en su acción. Sin lugar a dudas, mejoraría la confianza de la ciudadanía en la política y la administración de lo común. Los ciudadanos somos los que mejor conocemos los problemas que sufrimos, no sé si somos los que mejor conocemos las soluciones a dichos problemas.
Existen muchas iniciativas que canalizan de forma individual y agregada los problemas de la ciudadanía. En Colombia están trabajando en una iniciativa llamada “ciudadanos visibles” que quiere identificar y clasificar los problemas e inquietudes de los ciudadanos a través de internet. “Fix my Street” (arregla mi calle) se ha convertido en una plataforma web a disposición de gobiernos locales donde los ciudadanos identifican e informan problemas de infraestructura vial. Actualmente acumulan más de un millón de reportes.

3. Participar haciendo

Fomentar la participación requiere que las administraciones públicas proporcionen oportunidades bidireccionales para que los ciudadanos también nos involucremos en la resolución de los problemas comunes.

En España existe un amplio tejido asociativo y ONGs que trabajan por asistir a la población más vulnerable y contribuir a paliar los efectos de algunos de los problemas mas acuciantes de nuestra sociedad. No obstante, idear políticas y ejecutarlas para lograr oportunidades iguales para la ciudadanía es una potestad de la administración publica. El sistema público identifica y gestiona las soluciones a nuestras necesidades y problemas básicos. En ocasiones, como mucho, delega la gestión, pero siempre bajo parámetros muy definidos.

Una participación activa debería permitir que los ciudadanos, ya sea a través de asociaciones o, por qué no, empresas, pudieran “imaginar” nuevas e innovadoras soluciones a los problemas de todos. La participación debería abrir el espacio de actuación del servicio a las necesidades publicas, promoviendo la experimentación y la innovación social para que estas contribuyan a mejorar el impacto de los mecanismos de servicio y redistribución publica.

El centro para la oportunidad económica del Ayuntamiento de Nueva York promueve iniciativas abiertas a todos para luchar contra la desigualdad a través de programas innovadores basados en el capital humano y la sostenibilidad.

Participar haciendo debería facilitar que el ciudadano tuviera más poder de decisión en su ámbito de actuación. Es decir, facilitar su decisión sobre qué servicios o iniciativas satisfacen mejor sus necesidades y contribuyen a mejorar sus oportunidades individuales y colectivas. Las necesidades son muy diferentes en función del contexto y la persona y, por lo tanto, también deberían serlo las opciones que asegurasen la equidad social.

4. Participar experimentando y aprendiendo

Por último, sea como sea la participación que queremos, seguro que nunca acertaremos a la primera, por lo que siempre será necesario experimentar. Como dice el profesor Woolcock, no busquemos soluciones únicas a problemas complejos. Las grandes iniciativas conllevan mucho dinero y alto riesgo. Mejor empezar poco a poco, aprender de aquellos que más éxito han tenido y fomentar la experimentación en barrios para construir iniciativas basadas en los resultados, y no en las soluciones ideológicas predeterminadas.

Decía la portavoz del ayuntamiento de Madrid que la participación había llegado para quedarse. Pero, ¿qué tipo de participación queremos que se quede?