Ser madre: ¿se nace o se hace?

Flor G. Muñiz
Educadora Social en la Fundación Hogar de San José

Os propongo que reflexionemos juntos a la siguiente pregunta: ¿podríamos estar de acuerdo en que para ejercer cualquier profesión es recomendable formarse y aprender, más allá de las habilidades que “de facto” una pueda tener? Seré sincera si desde este momento, reconozco que ser madre no es precisamente una profesión, pero pocos trabajos en la vida requieren de tantas habilidades, destrezas y conocimientos.

Lo que en un contexto normalizado puede ser más o menos fácil, en el mundo de las niñas y niños que viven en centros de protección, separados de sus familias porque así se ha determinado, se vuelve en muchas ocasiones artificial, forzado o mecánico, en lo que a relaciones familiares se refiere.

Estos últimos años, dedicada al trabajo con las familias de menores que se encuentran dentro del sistema de protección, me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones, no sin antes aclarar porqué he decidido centrarme en las madres: porque lo cierto es que los padres son demasiado testimoniales en nuestro trabajo; son un porcentaje escaso los que mantienen una relación más o menos relevante con sus hijos (llaman por teléfono, les visitan, solicitan volver a vivir con ellos,…). No es extraño que hayan tenido varios hijos con diferentes parejas y ejerzan el mismo abandono con todos ellos.

En el caso de las madres, sin embargo, es mucho menor el número de aquellas que desaparecen definitivamente de sus vidas; por eso es tan importante que a lo largo del tiempo en el que es el Estado quien asume la responsabilidad del cuidado de estos menores, seamos conscientes de la necesidad de iniciar un camino a su lado para acompañarlas en la travesía del desierto que supone perder a sus hijas e hijos.

Algunos de los estudios antropológicos y sociales nos dicen que el instinto no es solo una condición innata, que se genera de manera natural con el parto, sino que al rol de madre se le da una importancia mayor, por su construcción a través de la cultura y la sociedad; y es ahí donde todos tenemos la corresponsabilidad como sociedad, de generar espacios para esas madres y sus hijas e hijos.

…Y es bajo esa premisa, donde la intervención con las madres puede suponer una capacitación para aprender a ejercer su papel, en aquello que conocemos como parentalidad positiva, enfatizando las potencialidades, capacidades y habilidades para desarrollar roles parentales; no debemos, sin embargo, poner el acento en sus carencias, problemas o déficits, en lo que caemos con demasiada frecuencia.

Pero más allá de las técnicas o de las estrategias necesarias para conseguir nuestros objetivos, la experiencia me ha enseñado que el camino se inicia habitualmente desde la desconfianza, la mentira, el miedo, además de otros sentimientos que las madres han ido construyendo en años. Cuando aparece en escena alguien que dice que va a estar a su lado en el camino de aprender a ser madre, para recuperar a sus hijos y poder intentar descubrir las emociones y los sentimientos maternales, lo primero que piensan es: “otra más” (porque ya antes lo intentaron). Lo segundo que piensan, se podría resumir en que no se creen nada de lo que se les dice, porque ya lo han escuchado antes, y porque el camino será más parecido al del control y la culpabilización de todo lo que las llevado a estar separadas de sus hijos e hijas.

No podemos, ni conseguiremos ninguno de nuestros objetivos, si no asumimos antes su realidad, su historia de vida; el relato de sus abandonos, de las soledades, de las violencias o las incapacidades. Y para ello, necesitaremos tiempo, …todo el que cada una necesite, para ir paso a paso, retirando una a una las capas de barniz con la que han cubierto su historia, hasta llegar a la piel. Desde ahí, y solo desde ahí se abren las posibilidades de que nuestro trabajo, desde el vínculo y la confianza pueda ir paso a paso, dando el color y el calor que permitan a esas hijas e hijos ver a su madre. Algunas lo conseguirán, otras no, pero les debemos la oportunidad de intentarlo.

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