Machista en rehabilitación

Aunque han pasado dos días desde que recordamos el día internacional de la mujer trabajadora, quería escribir este post sobre la mujer. Ese día, 8 de marzo, colgué en mi muro de facebook la siguiente frase: “Gracias por aguantarnos, porque somos machistas pero estamos rehabilitándonos y por vuestro amor que solo busca justicia”.

Lo hice porque me parece importante reconocer en primer lugar que tenemos (tengo) un problema para poder abordarlo e intentar superarlo. Yo soy machista por educación, por tradición y porque lo alimenté de manera más o menos consciente durante muchos años, también en la propia Iglesia. Y he ido abriendo los ojos, a veces con reparos, incluso con desgana, porque ser machista para quienes somos hombres es mejor que no serlo. Privilegios que nadie nos otorgó, comodidades que nos regalan por ser hombres y un largo etcétera de derechos no escritos en ninguna declaración, pero que todavía hoy constatan una brecha muy patente. Y es que la mujer cada día se encuentra más atrapada entre las exigencias de un sistema productivo que ignora la realidad de la familia y las exigencias de una familia que sigue descansando en ella. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo y la lucha de muchas mujeres por la igualdad han sacado a la luz esta realidad de postración y alienación que permanecía velada o semioculta. Hoy podemos reconocer los avances conseguidos y todo lo que todavía nos queda por conseguir. Porque la desigualdad de la mujer se sigue dando: en el trabajo con menores salarios, dificultades de acceso al empleo, peores condiciones, menores pensiones, dificultades de desarrollar la maternidad; la familia con doble jornada laboral, la asunción del cuidado de hijos y familiares mayores, el mantenimiento del hogar, en muchos casos sufriendo violencia… en la educación y en la cultura perpetuando diferenciación de roles… y con una profunda feminización de la pobreza. Sobre todo entre las empleadas de hogar, las trabajadoras de empresas de servicios, o aquellas que trabajan en la economía sumergida, etc. Por eso es importante seguir manteniendo el adjetivo trabajadora porque lo que recordamos ese día es la lucha de las mujeres que fallecieron en aquella fábrica textil hace ya más de cien años para reivindicar unos derechos laborales.

Por eso me sumo a la petición que han hecho desde la HOAC y la JOC en su comunicado para el 8 de marzo, donde proponen un cambio desde la raíz y a todos los niveles:

  • Un cambio de paradigma cultural, educativo, social, político y económico que ponga en el centro el cuidado de la vida de las personas, especialmente de los que más sufren las consecuencias de este sistema.
  • Un cambio en la aplicación de las políticas de igualdad que permita el justo reconocimiento social de la mujer y produzca un cambio de valores y parámetros que supere la visión del trabajo como mero factor productivo, favoreciendo su empoderamiento y protagonismo en la sociedad.
  • Una orientación del trabajo humano que respete la inalienable dignidad del ser humano y el derecho a realizar la propia vocación, y un trabajo decente que posibilite la conciliación de la vida laboral y familiar de las personas.
  • El cumplimiento, por las empresas, de las normas legales sobre duración de la jornada laboral y horas extraordinarias, los períodos mínimos de descanso entre dos jornadas de trabajo.
  • Una mayor implicación en el cambio de paradigma político, económico, social y cultural que haga posible el cuidado de la vida, y un acompañamiento de las mujeres trabajadoras que sufren.

Y todo esto que piden necesita de un compromiso decidido por seguir trabajando para superar las diferencias vergonzosas que hoy siguen persistiendo. Y lo hemos de hacer denunciando cualquier tipo de discriminación contra las mujeres y promoviendo y aportando “criterios y modalidades nuevas a fin de que las mujeres se sientan no huéspedes, sino plenamente protagonistas de los diversos ámbitos de la vida social y de la Iglesia” (Audiencia del Papa a los participantes de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura. 7 de febrero 2015). Hay que seguir empeñados en hacer realidad que no haya esclavos ni libres, judíos ni griegos, hombres ni mujeres, porque somos uno en Cristo Jesús y tenemos que hacerlo palpable.

Y por la parte que me toca, hago propósito de la enmienda, propongo firmemente seguir trabajando por la igualdad en todos los ámbitos de mi vida, y seguir con mi rehabilitación diaria para que el machismo cotidiano vaya dejando paso a un amor que pide justicia, que también ha de ser cotidiana. Como acaba de recordar el Papa: “Un mundo donde las mujeres son excluidas es un mundo estéril.” Y nos hace falta vida, mucha vida. También en la Iglesia.

Os dejo con una canción de mi hermana cantautora Inés Saavedra: “Mujeres”

https://www.youtube.com/watch?v=NsznkPOqwj0

 

(Imagen de cabecera tomada de la web de la HOAC)

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