En la lucha del pueblo, ¡resurrección!

El Papa Francisco ha convocado para 2019 un Sïnodo especial de la Amazonía, una zona que abarca 107 diócesis y prelaturas de ocho países ((Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela). La región tiene más de treinta millones de habitantes, de los cuales más de dos millones son indígenas en sus culturas tradicionales. El Sínodo tendrá lugar en Roma, para remarcar el carácter universal de las luchas amazónicas, pero los trabajos presinodales fueron inaugurados por el Papa en enero en su visita a Puerto Maldonado, Ecuador.

La Comisión Pastoral de la Tierra de la Conferencia de los Obispos de Brasil CNBB), es una organización de iglesia con cuatro décadas de práctica en la defensa de los indígenas y los campesinos pobres de la Amazonía brasileña. Para situarnos en este importante Sínodo, transcribimos a continuación la carta que hicieron pública al final de su última asamblea, en abril de 2018:

Carta de la 30 Asamblea Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra (Brasil)

La Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) se reunión en su Asamblea Nacional, los días 4 y  5 de abril de 2018, en la ciudad de Goiânia, Goiás, y delante de la perturbadora y desafiante coyuntura actual, aprobó los tres últimos años de su trabajo, redefinió las prioridades y líneas estratégicas para los próximos años, y eligió una nueva directiva y una nueva coordinación. Acogiendo la buena noticia que trajeron las mujeres de la piedra removida y la tumba vacía, con el anuncio de Jesús resucitado (Lc 24, 2), renovamos nuestras esperanzas y compromisos con la lucha por la vida y el Buen Vivir que prenuncia el Reino de Dios.

Los agentes de pastoral de las 21 regionales de la CPT, obispos, representantes de las comunidades tradicionales, campesinos y campesinas, compartimos la realidad cuya marca principal ha sido la espiral de las violencias vividas cotidianamente. De todas las formas, incluso las más perversas como las masacres, el capital agrario-financierto avanza sobre las tierras públicas, los territorios seculares de las comunidades tradicionales, los asentamientos de la reforma agraria e incluso las unidades de conservación. 65 personas han sido asesinadas en el campo en 2017, 28 en 4 masacres impunes hasta ahora.

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Y si no matan físicamente, asesinan reputaciones, como están intentando hacer en este momento con el p. Amaro, de la CPT de Anapu, en el Pará, compañero y sucesor de la hna. Dorothy. Una trama diabólica de hacendados y autoridades pretende desmoralizarlo personalmente y eliminar su trabajo en defensa de las comunidades campesinas que viven de las selvas y las protegen. Con solidaridad irrestricta al p. Amaro, repudiamos vehementemente esta tentativa! No pasarán!

Constatamos también lo que dice Rosa Luxemburgo: “quien no se mueve, no siente las cadenas que le atan”. Las resistencias populares en el campo revelan la lucha de clases actual en la sociedad nacional e internacional, y también los caminos posibles para hacerle frente desde los territorios locales, en redes y articulaciones más amplias.

El grito de los pueblos del campo, de la tierra, del agua y de las selvas denuncia el agravamiento de los conflictos, impulsado por las políticas neoliberales y de carácter neocolonial al servicio de la acumulación especulativa ilimitada del capital. Para consolidar la explotación predatoria de los bienes naturales y sociales, fundamentales a la garantía del modo de vida de esas comunidades y de toda la humanidad, se dieron el golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016 y la escalada de cortes en los derechos sociales de las clases trabajadoras y de irrespeto a los derechos humanos, en el campo y en la ciudad. Estos afectan directamente la vida de hombres y mujeres, sobre todo los más pobres y vulnerables. Recortan derechos sociales básicos conquistados, por la reducción en los gastos públicos, la retirada de los derechos laborales, el desmonte de las normas protectivas del Código Forestal, la flexibilización de la legislación ambiental, la privatización de las normas de aguas, las legislaciones estatales de regularización agraria y la ley 13.465 / 17, que legaliza el acaparamiento de tierras y la especulación inmobiliaria.

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Estas acciones orquestadas en el golpe continuado a la democracia brasileña, reducida a las formalidades de los Tres Poderes y vaciada de sentido, se enmascaran como falsa lucha contra la corrupción que produce condenas judiciales selectivas, infundadas y políticas. Al mismo tiempo, se institucionaliza la violencia histórica con el aumento de las masacres también en las ciudades, a merced del crimen organizado y de la connivencia policial, de la intervención militar en Río de Janeiro, del exterminio de la juventud negra y pobre, de las diversas formas de violencia contra las mujeres y la población LGBT, de la persecución y muerte de líderes populares, como Marielle Franco.

Como resultado y al servicio de este fenómeno mundial de mercadeo de las relaciones sociales estructurales, suben gobiernos ultra conservadores con mucho más poder. Las manifestaciones fascistas se multiplican, esparciendo el odio y el miedo, el prejuicio, la discriminación, los racismos, las homofobias, profundizando la desagregación social y la incertidumbre en cuanto al futuro o al día siguiente.

Pero, como decía el obispo poeta, uno de nuestros fundadores, D. Pedro Casaldáliga, sólo viviendo la noche oscura de los pobres, es posible vivir el Día de Dios. Las estrellas sólo se ven por la noche. La Cruz en el día a día y en la historia de los pueblos de la tierra, del territorio, de las aguas, de los bosques, va siendo sustituida por la Resurrección, esperanza y realidad en las luchas y resistencias cotidianas de los pobres, preferidos de Jesús, ante los cuales reavivamos la posibilidad de la Buena Noticia.

A ejemplo de las mujeres que vieron al Resucitado nos fortalecemos y nos comprometemos, como rezamos en una de las oraciones de la asamblea: Id y anunciad proféticamente que Él resucitará cada día en la lucha y en la organización del pueblo contra todas las formas de corrupción y de superexplotación; en la lucha contra el acapamiento; en la lucha por la justicia contra aquellos que matan y violan los derechos humanos de hombres y mujeres; en la lucha contra los grandes proyectos que matan la vida humana y nuestra casa común; en la resistencia de los pueblos y comunidades tradicionales; en los procesos de construcción colectiva; en el protagonismo liberador de las comunidades, en las experiencias de agroecología y recuperación de manantiales y bosques; en la organización de jóvenes y de mujeres. Después de la cruz y de la tumba, las mujeres fueron a anunciar a todas y todos la alegría del Evangelio, que Cristo vive y resucita en la lucha del pueblo. De esto somos todos y todas testigos. Aleluya!

Dejemos el desánimo para horas menos difíciles.” Ahora, tenemos y tendremos delante mucha lucha y trabajo para recuperarnos de las pérdidas, revocar legislaciones injustas, reconstruir en plebiscitos y asambleas la democracia degradada, y hacerla real y sustantiva como nunca antes. Tal tarea no la cumpliremos sin el apoyo más decidido de las Iglesias Cristianas, que no pueden tardar más! Contamos con la fuerza y ​​la luz de Jesús Resucitado, presente también y mucho en las comunidades campesinas que resisten para continuar existiendo. En el horizonte siempre, el Reino del pleno Bien Vivir.

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Goiânia, 5 de abril de 2018.

 

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