Los robots que recogen la basura

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En los últimos meses hemos comenzado a ver en Madrid unos nuevos camiones de recogida de basura que realizan el vaciado de contenedores mediante la carga lateral a pie de calle. Estos vehículos, dotados de nuevos componentes tecnológicos: sensores ópticos, cámaras de vídeo, brazos mecánicos, un joystick y el software que los controla, son capaces de recoger los residuos vertidos en un recipiente mediante la intervención de un solo operario, quien a su vez es el conductor del camión. Dicho de otra forma, dos o tres empleos menos por camión.

El despliegue comunicacional ha sido muy bueno, se ha informado que los contenedores tienen mayor capacidad, que los operarios no tienen contacto con los residuos ni recipientes, que la recogida genera menos ruido y que los camiones funcionan con gas natural; sin mencionar apenas el impacto en el empleo; como cuando leemos una etiqueta de una bebida en la que debajo de la graduación alcohólica o de las calorías que contiene nos indica que la botella es reciclable.

Además, en todas las notas de prensa se ha evitado la palabra robot, como si estuviese reservada para aparatos con mayor repercusión. Al fin y al cabo, son unos brazos mecánicos que levantan un objeto con una precisión pasmosa, y la palabra robot puede generar más fobias que filias.

La robótica y nuestro espacio.

La utilización de estos camiones no es nueva, desde hace varios años se han puesto en circulación en ciudades como San Sebastián, Santander, Móstoles, Vigo o Gijón. Sin embargo, nos permite traer a colación unas cuantas reflexiones en torno a la robótica y nuestro espacio.

  • El empleo. Se nos ha informado que el número de trabajadores se mantendrá, destinando los operarios a otras tareas del servicio de limpieza, pero sería ingenuo pensar que dicha medida se mantendrá a largo plazo. Por un lado, el bloqueo de plazas que se ha realizado seguramente corresponde a personas que un día se jubilarán o serán promocionadas. Pero por otro, ¿qué hay de los nuevos empleos que tendrían que generarse cuando la ciudad crezca y se incorporen más camiones a la flota?
  • La robótica como un efecto de sinergia. Tecnológicamente, la puesta en escena de estos vehículos no suponen mayor novedad, sus componentes llevan más de 40 años en el mercado. Entonces, ¿por qué ahora? Ocurre porque ahora tenemos los elementos que nos permiten integrarlos obteniendo algo más que la suma de sus partes. Conviene tener esto muy presente porque es de esperar que cada vez lo veamos con mayor frecuencia, por ejemplo, la masificación del uso de los drones no obedece a que los hayamos inventado recientemente sino a que hasta ahora no habíamos podido tener baterías con mayor capacidad, menor peso y mucho más baratas.
  • Esto no va a ser una invasión, pero sí una lenta ocupación. Muchas veces cuando pensamos en robótica, nos imaginamos que su aparición en nuestras vidas ocurrirá de manera espectacular; que un día estaremos en casa y aparecerá una máquina con rasgos humanoides para entregarnos una carta certificada. Esto también ocurrirá, pero antes, los robots se irán ocupando de tareas mucho más sencillas y cohabitarán con nosotros sin que apenas nos demos cuenta.
  • También ocuparán los servicios públicos. Los robots vendrán también a ocuparse de gestiones que se administran desde lo público: ayuntamientos, comunidades autónomas o ministerios. Esto puede ser una buena noticia porque como ciudadanos nos interesa que lo público sea manejado de manera eficiente y obtenga mejores resultados; pero también tendrá su efecto en el funcionariado.
  • ¿Gravamos o no gravamos a los robots? Desde hace tiempo se viene planteando la posibilidad de gravar a los robots con uno o varios impuestos para compensar los empleos que se pierden, las cotizaciones de la seguridad social que se dejan de generar e incluso, la sana competencia con otras empresas que no puedan usar robots. Pero en este caso, al tratarse de un impuesto que indirectamente pagaríamos los contribuyentes, obviamente cabe la pregunta ¿qué nos conviene más? ¿poner impuestos a la empresa contratada por el ayuntamiento por el uso de los robots o pedimos su exención a cambio de que nuestros impuestos municipales se vean reducidos?
  • No nos salvará la ideología. Debemos tener presente que la medida ha sido tomada y anunciada por un ayuntamiento que, está gobernado por la coalición de Ahora Madrid (Podemos y Ganemos Madrid) y el apoyo del PSOE; acompañado de un discreto silencio de los principales sindicatos. Al menos en este caso, no serán las ideologías que clásicamente conocemos como progresistas, protectoras de los asalariados quienes se opongan a la utilización de robots que destruyen puestos de trabajo.

Ya están aquí los robots, vienen todos los días a casa y se llevan nuestros desperdicios. No sabemos cuándo, pero en cualquier momento el vehículo vendrá sin conductor. No tendría que asustarnos, pero tampoco debería sorprendernos.

2 Comentarios

  1. Gracias Raúl. Totalmente de acuerdo.
    Al menos tres cosas en las que podemos avanzar en entradas posteriores: la distribución de la riqueza que generan los robots (modelo impositivo incluido), ¿qué haremos si nos pagan para que no trabajemos? y, en qué y como formaremos a las nuevas generaciones.

  2. Gracias, Jorge. El problema del empleo va a ser serio, pienso. No solo porque las máquinas desplacen trabajadores, sino también porque se podrán hacer trabajos complicados por trabajadores poco cualificados (y menos pagados) con asistencia de una máquina. En conjunto no es una mala noticia, porque la riqueza total aumentará. Pero sí es un problema en lo referente a la distribución de esa riqueza. Si se conserva sin más la distribución de partida de la propiedad, la mayor parte de la nueva riqueza (o incluso más que ella) será apropiada por quien esté en capacidad de invertir. Sobre eso escribí un post hace un tiempo: http://entreparentesis.org/trabajo-lo-dios-castigo/

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