Los paraísos fiscales, enemigos del bien común

La revista Razón y Fe se ha pronunciado en un reciente editorial sobre los paraísos fiscales. Extractamos aquí parte de ese editorial, que puede leerse completo en este link.


Muchos son los efectos nocivos que provocan los paraísos fiscales. Es obvio que los flujos financieros hacia paraísos fiscales atentan contra el bien común por muchos motivos.

  • En primer lugar, reducen la base imponible de los impuestos que gravan el capital y, por tanto, la recaudación fiscal obtenida. Ello compromete la suficiencia recaudatoria necesaria para que las administraciones públicas puedan realizar su triple tarea. Particularmente, la merma de ingresos fiscales restringe las prestaciones públicas con las que se atienden necesidades básicas (pensiones, educación, sanidad, etc.) y la cohesión social.
  • En segundo lugar, los flujos hacia paraísos fiscales desplazan la carga fiscal desde los impuestos sobre el capital hacia los impuestos que gravan el trabajo y el consumo. Ello implica una redistribución de la carga tributaria de manera regresiva (a favor del factor capital y en contra del factor trabajo), en perjuicio del objetivo de redistribución de la renta y la riqueza. Los flujos hacia paraísos fiscales, por tanto, socavan la justicia fiscal y la moral de los contribuyentes que sí cumplen con sus obligaciones tributarias, al mismo tiempo que incrementan la desigualdad económica.
  • En tercer lugar, la fuga de capitales hacia paraísos fiscales merma el binomio ahorro-inversión productiva que cumple una función básica en la producción y la creación de empleo. Particularmente grave resulta esta merma cuando tiene lugar en países en desarrollo, muy necesitados de impulsos de inversión productiva y de creación de empleo.
  • Finalmente, la opacidad de los paraísos fiscales facilita la ocultación de dinero y patrimonio derivada de actividades ilegales (el fraude fiscal, el narcotráfico, el terrorismo o el tráfico de seres humanos y de armas).
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Por todo ello, resulta prioritaria una actuación política concertada contra los paraísos fiscales.

La lucha contra los paraísos fiscales

“Poderoso caballero es don Dinero”, dice el refrán. En la existencia de paraísos fiscales están implicados muchos intereses políticos y económicos con nombres y apellidos. Ello explica que, tras décadas de esfuerzos, hayan sido escasos los progresos realizados para erradicarlos. No cabe ignorar que sus beneficiarios participan activamente en el establecimiento de las reglas y en las prácticas del juego financiero internacional.

Sin embargo, también es cierto que las cosas están empezando a cambiar. La actuación de algunos medios y la toma de conciencia, por parte de los ciudadanos, de la creciente desigualdad derivada de la liberalización sin reglas de los movimientos de capital y de la crisis financiera global han creado un clima político favorable al cambio. La presión social contra la injusticia y la ineficiencia de los paraísos fiscales es cada vez mayor. En este contexto se mueven la OCDE, con sus medidas para establecer pautas de buena gobernanza fiscal y la UE, con su incipiente lista.

Sin embargo, las hasta ahora tímidas medidas políticas emprendidas internacionalmente deben dejar paso a actuaciones más decididas y eficaces que desmonten el inmoral entramado de los paraísos fiscales que tan nefastos efectos provoca en una fiscalidad justa al servicio del bien común. Porque, dada la movilidad del capital en un contexto financiero globalizado, las actuaciones a nivel nacional, aunque necesarias, resultan muy insuficientes.

En esta línea se mueven los Informes de Oxfam-Intermón exigiendo que de forma urgente las instituciones internacionales (por ejemplo, el G20, la OCDE y la UE) y, por supuesto, los Estados nacionales establezcan una nueva arquitectura fiscal, que afronte la evasión y la elusión fiscal, erradique el uso abusivo de los paraísos fiscales y logre que las grandes empresas y los grandes patrimonios paguen la parte justa de impuestos allí donde les corresponde. Como nos recuerda el Evangelio: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

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