Los obispos también lloran

Al terminar su 105ª Asamblea Plenaria, la Conferencia Episcopal Española ha aprobado la instrucción pastoral La Iglesia, servidora de los pobres. Hay que felicitar a sus autores por el documento, por varios motivos. Es un documento del más alto nivel episcopal. Y era largamente esperado.  Es cierto que durante estos años de crisis ha habido obispos y entidades de Iglesia que han alzado la voz en solidaridad con las víctimas de la crisis, pero muchas personas echaban de menos una declaración de este tipo. Además, hay que decir que el contenido es bueno. Por eso lo iremos desgranando en sucesivos posts, aunque desde ahora invitamos a leerlo completo, pues no es demasiado largo y tiene un lenguaje asequible.

En este post nos centraremos sólo en la primera parte del documento, titulada “La situación social que nos interpela”, y más concretamente en la sección sobre los nuevos pobres y las nuevas pobrezas. Es una manera de mirar la realidad que se deja afectar por ella. O de escucharla dejándose interpelar, llamar, movilizar. Dicen los obispos que intentan “mirar a los pobres con la mirada de Dios, que se nos ha manifestado en Jesús”. No es un acercamiento neutro sino empático y, en el mejor y más auténtico sentido del término, com-pasivo. Por eso decimos que los obispos también lloran. Se acercan a la realidad de la vida de las personas empobrecidas… y sufren con ellos. Lo dicen hasta siete veces, que es a la vez un número real y simbólico.

[1] Hablan de las familias afectadas por la crisis y mencionan en primer lugar el envejecimiento progresivo de nuestra sociedad. No sólo como una cuestión demográfica, sino por el valor y el sufrimiento (las dos cosas) de las personas ancianas. Y hablando de la falta de protección social, dicen: “Situación ésta que aflige de un modo especial a los hogares que han de cuidar de alguna persona discapacitada o sufren la pérdida de empleo de alguno de sus miembros e incluso de todos”.

[2] Indican a continuación que “nos resulta especialmente dolorosa la situación de paro que afecta a los jóvenes” y “el paro que afecta a las personas mayores de 50 años, que apenas tienen esperanza de reincorporarse a la vida laboral”.

[3] Junto a jóvenes y personas maduras, continúan centrándose en los menores: “también nos duele la situación de la infancia que vive en pobreza, que sufre privaciones básicas, que carece de un ambiente familiar y social apto para crecer, educarse y desarrollarse adecuadamente”.

[4] En cuarto lugar, afirman los pastores de la Iglesia católica, “nos preocupa la situación de los ancianos”.

[5] Al mismo tiempo, confiesan, “nos aflige el incremento del número de mujeres afectadas por la penuria económica pues, no sin razón, se habla de feminización de la pobreza”.

[6] No se olvidan de “la pobreza del mundo rural” y de las gentes del mar.

[7] Y, last but not least, señalan que “los inmigrantes son los pobres entre los pobres. Los inmigrantes sufren más que nadie la crisis que ellos no han provocado”.

Quiero invitar, simplemente, a fijarse en los verbos que aparecen: nos aflige, resulta doloroso, no podemos olvidar, nos preocupa, nos duele,…  Pues es verdad. Y es un buen comienzo. A veces, cuando los ojos se llenan de lágrimas, la realidad se ve más claramente. El resto del documento dará otras claves, que iremos también presentando en sucesivas entradas.

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