Los niños son sagrados

Los niños son sagrados
Los niños son sagrados

El pasado 30 de octubre me di de bruces con una noticia que me dejó totalmente impactado, porque me confirmaba, una vez más, que no todo el mundo tiene claro que los niños son sagrados:

Millie Bobby Brown es la joven actriz protagonista de la serie Stranger Things, producción de Neftlix que cuenta una historia entre fantástica y de ciencia ficción en la que un grupo de niños viven toda una serie de aventuras. La serie ha sido aclamada, entre otras cosas, por sus guiños al cine de los ochenta, recordando mucho a ciertas producciones de Spielberg.

Pero la serie y su éxito no es la cuestión aquí.

Me pareció abominable, repito, abominable, que una publicación, del tipo que sea, señalara a una niña de 13 años como una de las mujeres más sexys de la televisión.

Unas horas después, alguien desmintió la noticia al hacerse eco de un error en la traducción del artículo original, ya que la palabra ‘hot’ se había interpretado como ‘sexy’ o ‘caliente’, cuando quería decir ‘que son tendencia’.

Sin embargo, quiero compartir lo que llevaba escrito hasta que se publicitó el bulo:

Tan solo es una niña

Seguro que saltan muchas voces que aprovecharán para denunciar la penosa situación en las que se encuentran otras muchas niñas del sudeste asiático, de África o incluso del avanzado Occidente como consecuencia de la trata de niñas y para la que parece que somos inmunes, y tienen razón, pero me gustaría quedarme en el avanzado y moderno Occidente, en el de McDonalds en cada manzana, urbanismos cuidadosamente planificados y vidas que se viven, pero cada vez son menos sentidas.

¿Hasta dónde hemos llegado como sociedad si ver algo así en un medio no nos provoca ningún tipo de rechazo y, al contrario, lo asumimos ya como algo normal?

Una noticia de este tipo puede ser abordado desde muy diversos puntos de vista: machismo, cosificación de la mujer –en este caso de la niña–, incluso pederastia, pero creo sinceramente que es una mezcla de todos estos.

Llevamos ya varias semanas inundados con noticias sobre el escándalo sexual del productor Harvey Weinstein, indignándonos con el creciente número de denuncias de acoso, pero visto lo visto parece que da igual.

Aún coleando la indignación por lo de Weinstein resulta que hay una serie de editores que ven como normal que una niña de trece años –por muy famosa que sea y por mucho que se dedique al mundo del celuloide– es un icono sexual. ¿No están de algún modo quitándole hierro a toda la polémica? Con semejante actitud, normalizan una serie de actitudes que no son ni éticas, ni morales ni justas.

Pero es que además, yo pregunto: un icono sexual, ¿para quién? ¿Son conscientes los editores de la revista de lo que promueven? Pretenden hacer ver como normal el que un adulto pueda tener a una cría de trece años como un objeto de deseo sexual. Repito, abominable.

A modo de reflexión

Desconozco cómo terminará esta polémica, pero me gustaría aprovechar la noticia para hacer una serie de reflexiones:

  • Los niños son sagrados. Representan la única inocencia que queda en este mundo, tan adulterado –curioso que aún sin relación etimológica, comparta raíz con ‘adulto’– por inmoralidades cada vez más aceptadas.
  • Exposición peligrosa. Los editores de la publicación, ¿son conscientes del favor que le hacen a Millie Bobby Brown asignándole la etiqueta de sexy? Me parece una manera tan gratuita de poner a una menor en el punto de mira de personas sin escrúpulos…
  • Exposición excesiva. Aquí volveríamos a un tema que se ha tratado en multitud de ocasiones a lo largo del tiempo: la gestión del éxito de las jóvenes estrellas. Son muchos los casos que hemos podido ver de niños que son lanzados al estrellato y parecen vivir en una nube de popularidad para después ser olvidados por el público y sufrir un ostracismo que en muchas ocasiones ha tenido consecuencias nefastas.
  • Miradas insanas. ¿Qué puede pasar por la cabeza de un editor, que se supone que se dirige a un público amplio, para decidir meter a una niña de 13 años en semejante saco junto a actrices y artistas ya reconocidas? Es más, ¿con qué ojos está mirando a esa niña dicho editor?
  • Mensajes ¿implícitos? Que se encumbre a una niña como icono sexual es como gritar a los cuatro vientos ‘Miren, contemplen, deseen, y si no les satisface, les buscamos a otra’. Es banalizar un asunto muy serio. Se trata de jugar con los límites, incluso de la legalidad, poniendo ya un pie en terreno escabroso.
  • Sociedad pasiva. ¿Cuál es nuestra reacción ante todo esto? Por supuesto, ya hay voces que claman contra la monstruosidad de una caso como este –se agradecen posts como este de eCartelera– pero, ¿es suficiente? Si los mismos (y las mismas) que se sienten atacados por un caso como el de Weinstein, luego van corriendo al kiosco a curiosear la dichosa lista de sex symbols, ¿dónde queda nuestra coherencia? ¿dónde nuestra capacidad de raciocinio?

Creo que era necesario seguir compartiendo lo que pensé en aquel momento, independientemente de la resolución del caso.

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Nuestra sociedad sufre un gran mal que no es otro que la utilización o manipulación de los menores. Estos son expuestos indiscriminadamente ante los focos y, lo que es peor, ante mentes que no están precisamente bien.

Dicen que si una niña de 13 años vestida de cierta manera parece sexy, el problema no es de la niña, sino de quien mira. Sí y no.

Esta sobreexposición que comentamos de algunos menores lleva a forzarlos a adoptar una serie de actitudes que no se corresponden con su edad. Los estamos lanzando prematuramente hacia una adultez que ellos no nos han solicitado.

Nosotros los adultos tenemos la responsabilidad de conseguir que los niños vivan su niñez como lo que son, niños, favoreciendo que tengan la posibilidad de jugar como tales, y no de que imiten prematuramente comportamientos que para nada le son beneficiosos.

El papel de las redes

Afortunadamente, las redes sirven para denunciar este tipo de actitudes y Twitter no ha sido ajeno a ellas. Un gran número de usuarios han mostrado rápidamente su indignación por semejante trato hacia una niña de 13 años, tanto por la noticia falsa inicial, como por el fondo de la cuestión.

No creo que este tipo de reportajes y de listas vayan a desaparecer de un día para otro, pero sí que espero que el buen uso de las redes sociales, que también existe, sirvan para desterrar poco a poco una serie de comportamientos que no son más que una amenaza, especialmente para esos niños que sueñan con ser estrellas pero que pueden acabar tristemente estrellados.

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